New York Times Syndicate

El país donde 5 coliflores cuestan más que un barril de petróleo

Normalmente la coliflor es un alimento que está presente en la comida de muchos, pero en Canadá, el bajo precio del petróleo y otras materias primas, la han encarecido, y se tiene que pagar aproximadamente 8 dólares canadienses por una cabeza de coliflor.
New York Times
05 febrero 2016 20:39 Última actualización 06 febrero 2016 5:0
coliflor

En la temporada invernal de hace un año, en Canadá una cabeza de coliflor se vendía en 2.50 dólares canadienses. (NYT)

Al vapor, sofrita o salteada, la coliflor es un alimento estándar en muchas mesas. En Canadá, es un lujo.

Una cabeza de coliflor ahí ahora se vende en alrededor de ocho dólares canadienses, un aumento de tres veces su precio, como una extraña consecuencia del bajo precio del petróleo y de otras materias primas.

La receta para la coliflor cara empieza con la moneda.

A medida que han caído los precios de las materias primas, el valor del dólar canadiense ha descendido, un vínculo directo en una economía que depende del petróleo y otros recursos. Hace que las importaciones, como las de verduras estadounidenses frescas durante el oscuro invierno canadiense, parezcan especialmente costosas.


Hace dos años, un dólar canadiense valía 93 centavos de dólar estadounidense. El 20 de enero, llegó a 69 centavos de dólar estadounidense.

La sequía en California, de donde los canadienses reciben la mayor parte de sus verduras fuera de temporada, agrava la carestía. Con menos abundancia en los campos, los precios de los agricultores, en dólares estadounidenses, son más altos de lo normal.

Como resultado, los consumidores canadienses sienten que las verduras frescas son un derroche.

La lechuga romana se vende en tres dólares canadienses, muy por encima de los típicos 90 centavos canadienses. Una cabeza de brócoli alcanza los cuatro dólares, comparado con 1.50 dólares por dos en el pasado. El invierno pasado, una cabeza de coliflor se vendía en 2.50 dólares canadienses.

“Hemos pasado por este ciclo antes con el dólar”, dijo Jim McKeen, dueño de McKeen Metro Glebe, una tienda de abarrotes en el centro de Ottawa. “Pero había problemas con los precios de cualquier manera debido a la oferta además de todo este fiasco del dólar canadiense. Es una tormenta perfecta”.

En parte, el dólar canadiense refleja los problemas en la economía del país.

Durante años, Canadá aprovechó el auge mundial de las materias primas. La economía china en rápido crecimiento _ y su apetito al parecer insaciable de materias primas _ ayudó a incrementar el precio del petróleo, la potasa, el níquel y otros recursos canadienses.

Como la demanda de China ahora está cayendo, los precios de las materias primas han cambiado de dirección. La oferta excesiva de petróleo ha devastado su precio de manera similar. Ambos factores están cobrando un precio en la economía canadiense. El producto interno bruto aumentó solo 0.6 por ciento en el tercer trimestre de 2015, después de seis meses de crecimiento negativo.

Desde octubre, la declinación en el dólar canadiense, que ya parecía vacilante frente a una moneda estadounidense al alza, se ha acelerado.

En muchas formas, una moneda más débil es útil para la economía. Estados Unidos es abrumadoramente el mercado más grande para las exportaciones canadienses, que ahora son menos costosas al otro lado de la frontera debido a la caída de la moneda.

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Coliflor


Y casi todas las exportaciones de materias primas tienen precios en dólares estadounidenses. Así que las ganancias cambiarias han ayudado a amortiguar parte del golpe para los productores petroleros y las compañías mineras canadienses, que en gran medida venden sus recursos en otras partes.

“Desde un punto de vista interno, lo que los canadienses ven es que su dólar no alcanza para mucho”, dijo Craig Alexander, vicepresidente de investigación económica en el Instituto C.D. Howe, un grupo de análisis y política económica. “Pero es bueno para los canadienses, es bueno para los empleos. El motor primario para que el crecimiento económico continúe tiene que provenir de los sectores de exportación no vinculados a los recursos”.

La industria turística de Canadá y otros sectores de servicios, que han estado sufriendo, ya están experimentando ganancias por el descenso de la moneda. Luke Azevedo, un comisionado cinematográfico para el Desarrollo Económico de Calgary, dijo que había habido un notable aumento en la producción en Alberta, donde se filmaron grandes partes de la película “The Revenant” y la serie televisiva “Fargo” en 2015.

Sin embargo, lo que es bueno para la economía más amplia a largo plazo no necesariamente es bueno para los bolsillos de los consumidores a corto plazo.

Los costos del consumo están aumentando en varias áreas.

Las ventas en el pasillo de abarrotes, comparadas con, digamos, una tienda de ropa, son más rápidas, lo que significa que los cambios en la moneda se reflejan más rápidamente. Y los márgenes de utilidad son escasos, así que las tiendas de abarrotes están menos dispuestas a absorber las pérdidas.

El colapso actual del dólar del país pudiera tener un impacto más significativo en los supermercados que a principios de la década del 2000, según Sylvain Charlebois, profesor de la Universidad de Guelph en Ontario y uno de los autores de un estudio anual de los precios canadienses de los alimentos.

Charlebois estimó que unas 140 plantas de procesamiento de alimentos canadienses han cerrado en los últimos años. Muchas eran propiedad de multinacionales que han reemplazado la producción canadiense con importaciones de sus plantas estadounidenses más grandes. Kellogg’s puso fin a un siglo de producción en London, Ontario, hace poco más de un año.

El resultado, dijo Charlebois, es que los aumentos de precios serán vistos en todas las tiendas de abarrotes y no solo en sus pasillos de productos agrícolas frescos. Dijo que algunos cereales para el desayuno ya han alcanzado los 10 dólares canadienses.

Los pescadores en la Isla Príncipe Eduardo ahora envían la mayor parte de sus capturas de ostiones a Estados Unidos para capitalizar la diferencia monetaria. Eso ha conducido a una escasez en las pescaderías canadienses, obligando a algunos restauranteros a reimportar desde Estados Unidos.

“Es alucinante que tenga que comprar ostiones de Malpeque a mi importador estadounidense en Boston”, dijo David McMillan, el copropietario de Joe Beef y otros dos restaurantes en Montreal, y añadió que el costo de los ostiones de la Isla Príncipe Eduardo habían aumentado a 120 dólares canadienses por caja respecto de 90 dólares canadienses. “Eso es mucho dinero por un ostión nada especial”.

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