New York Times Syndicate

El misterio de las tortugas varadas

Las tortugas loras de Kemp están en peligro de extinción. Y cuando las temperaturas descienden, son arrastradas por la marea hacia la Bahía de Cabo Cod, donde son rescatadas por voluntarios. Expertos tratan de descubrir las causas por las que llegan ahí, pues de no ser atendidas, pueden morir. 
James Gorman
26 diciembre 2014 15:47 Última actualización 27 diciembre 2014 5:0
Tortugas

Las tortugas lora de Kemp varan en las cosas de la bahía de Cabo Cod y científicos desconocen las causas de este fenómeno. (NYT)

WELLFLEET, Massachusetts – Desde que se tiene conocimiento, las tortugas marinas jóvenes se han aventurado a la Costa Este de Estados Unidos, dejando las aguas cálidas para alimentarse de cangrejos y otras presas. Y algunas de ellas han permanecido demasiado tiempo en las aguas del norte y han quedado aturdidas cuando la temporada se vuelve fría.

En esta época del año, voluntarios patrullan regularmente las playas de la Bahía del Cabo Cod para rescatar a las tortugas que arrastra la marea alta – seis de siete especies de tortugas marinas están en peligro de extinción – para que puedan ser rehabilitadas y reubicadas en costas más cálidas en el sur.

Pero este año, el pequeño número de tortugas varadas aumentó significativamente, y nadie parece saber por qué. Desde mediados de noviembre, los voluntarios que patrullan en busca de tortugas han encontrado a casi mil 200 casi todas jóvenes tortugas loras de Kemp, la especie más en peligro. Eso es casi tres veces más que en el año récord anterior, y muchas veces el número en un año promedio.

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Cada día se encuentran más tortugas. La mayoría de ellas han sobrevivido, pero cientos no. Las tortugas varadas, típicamente de dos o tres años de edad y cada una de ellas entre el tamaño de un plato extendido y un platón de servicio, han puesto a prueba las habilidades de los veterinarios y los voluntarios que las rescataron, y las capacidades de acuarios en sitios tan distantes como Texas para atender a las sobrevivientes hasta que puedan ser liberadas.

Bob Prescott, el director del Santuario de Vida Silvestre de la Bahía de Wellfleet de la Sociedad Mass Audubon, que ha estado salvando tortugas durante 32 años, dijo que nunca había visto algo así. Cuando empezó a caminar por las playas, dijo, encontraba una o dos tortugas por temporada, las calentaba y las llevaba al aeropuerto él mismo.

“Podía ir a Logan y entregar las tortugas al piloto de un avión de Eastern Airlines”, dijo. El piloto mantenía a la tortuga en la cabina de mando y la entregaba a un experto en tortugas en Florida. No este año. “Un día, llegaron 157”, dijo.

El santuario ahora tiene unos 150 voluntarios que recorren a pie las playas, mantienen calientes a las tortugas y las llevan al hospital del Acuario de Nueva Inglaterra en Quincy para que reciban más atención. Los voluntarios, que usan sus propios autos y camionetas, ponen las tortugas en cajas de cartón vacías recubiertas de toallas de baño donadas de todos los colores. Los voluntarios “acuden a todos los supermercados en el Cabo” para conseguir las cajas", dijo Prescott.

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“No encuentro palabras”, dijo Connie Merigo, directora de rescate y rehabilitación de animales marinos en el acuario, quien está en el extremo de recepción del trabajo de Mass Audubon. En cierto momento, las tortugas estaban llegando tan rápidamente que el acuario estableció una operación de recuperación satélite aquí en Wellfleet. “En un año normal, habría entre 70 y 90”, dijo en diciembre. “Nos estamos acercando a las 700”. Esas son las tortugas vivas.

El santuario de Wellfleet tiene cientos que no lo han logrado. Los cuerpos son almacenados para estudio durante el invierno. En el hospital del acuario, los veterinarios y voluntarios han estado trabajando entre 12 y 16 horas diarias desde mediados de noviembre. Someten a pruebas a las tortugas para detectar si están deshidratadas, les toman rayos X para ver si tienen neumonía, las atienden con medicamentos si es necesario, y las cuidan mientras empiezan a nadar en albercas para bebés y luego pasan a otras más grandes.

Cada día la temperatura corporal de las tortugas aumenta en cinco grados. Cuando las tortugas están listas para el traslado – para ser liberadas en Florida o mantenidas en otros acuarios hasta que se eleven las temperaturas del mar – un piloto amistoso ya no es suficiente. La Guardia Costera llevó por aire 193 tortugas a Florida en noviembre. Aviones privados han llevado a otras.

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Miembros del personal del Acuario Nacional en Baltimore llevaron por tierra a algunas tortugas desde Boston. Todos los acuarios en la Costa Este han recibido a algunas de ellas hasta que puedan ser liberadas posteriormente. “Hemos pedido todos los favores que hemos podido”, dijo recientemente el doctor Charles J. Innis, director de salud animal del Acuario de Nueva Inglaterra.

En ese momento, había unas 200 tortugas en diversas etapas de recuperación en el hospital de animales que el acuario construyó y al cual dotó de personal. El número de tortugas varadas en las playas de la Bahía del Cabo Cod ha estado aumentado durante décadas, quizá porque los esfuerzos de conservación han sido exitosos para la tortuga lora, quizá porque el océano se ha calentado. Pero nada sugirió que ocurriría un año como este.

Los años récord anteriores fueron 1989, con unas 100 tortugas varadas; 1999, cuando se encontraron 163; y 2012, con 413. A lo largo de los años, dijo Prescott, conforme el número de tortugas rescatadas en el Cabo aumentaba, las encontradas en la costa norte de Long Island disminuyeron. Este año, solo se habían encontrado 23 en Nueva York hasta principios de diciembre.

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Es tentador especular que un océano en calentamiento podría tener algo que ver con el cambio, dijo Prescott, pero no hay prueba de eso. “Los hechos en que el frío causa un aturdimiento son cosas realmente difíciles de explicar”, dijo Selina Heppell, una bióloga de la Universidad Estatal de Oregón que ha estado estudiando los cambios en la población de la tortuga lora de Kemp durante 20 años. “Son causados por las condiciones locales, como cambios significativos en la temperatura, pero el papel de las corrientes y el comportamiento y estado anterior de la tortuga antes de los hechos no se comprenden bien”.

Y añadió: “Los efectos a largo plazo de grandes hechos como éste son difíciles de predecir porque no sabemos cuántas tortugas realmente murieron pero no fueron vistas”. El número de nidos de tortugas lora de Kemp bajó a la cifra récord de 702 en 1985, en comparación con 40 mil o más a fines de los años 40, pero ha estado aumentando durante años, dijo Heppell, debido a los esfuerzos para conservar el área de anidación primaria de las especies en México y una más pequeña en Texas.

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La anidación descendió en 2010, después del derrame petrolero de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México. Se recuperó en los dos años siguientes, pero cayó de nuevo en 2013 y 2014. Antes del descenso en la anidación, dijo Heppell, parecía que la población de tortugas lora de Kemp crecería lo suficiente para que saliera de la lista de especies en peligro. Se contaron unos 11 mil 500 nidos este año, comparado con 20 mil en 2011.

Los estudios científicos de las tortugas lora de Kemp sean concentrado en la anidación, así que las vidas de las tortugas jóvenes que encallan en la Costa Este son menos comprendidas. Lo que se sabe, dijo Prescott, es que a menudo quedan atrapadas en la Bahía del Cabo Cod, como los delfines y las ballenas en ocasiones, debido a la forma de la tierra, o las corrientes y las mareas.

“La Bahía del Cabo Cod es una trampa”, dijo, y cuando la temperatura del agua desciende por debajo de los 18 grados centígrados, regularmente a mediados de noviembre, las tortugas empiezan a aparecer en la playa. El programa de rescate, en la playa y en el acuario, depende casi totalmente de los voluntarios, quienes trabajan largas horas, recorren a pie la playa en medio del intenso frío y se toman su compromiso muy en serio.

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Bill Allan, quien patrulla una playa en Eastham y supervisa a otros voluntarios, programó un reemplazo de cadera en octubre para que no interfiriera con su trabajo con las crías de la tortuga acuática espalda de diamante, que termina en septiembre, o los patrullajes de rescate de tortugas marinas posteriormente en el otoño. Para mediados de noviembre, cuando hubo cuatro días de vientos costeros que ayudaron a empujar a las tortugas a la orilla, él estaba de regreso en la playa.

“El primer día perdí la cuenta después de dos docenas de tortugas”. Está comprometido con el esfuerzo, dijo, porque “uno marca la diferencia entre la vida y la muerte” para las tortugas. Las tortugas continuarán quedando varadas en las playas de la bahía hasta finales de diciembre, aunque conforme el clima se vuelva más frío, menos de ellas sobrevivirán.

Sin embargo, las tortugas aturdidas por el frío que parecen estar muertas a menudo se recuperan, así que todas las tortugas pasan por un periodo de 24 horas durante el cual se supone que están vivas, aun cuando no lo parezca, dijo Prescott. Después de pesar y medir a una tortuga sin movimiento antes de colocarla en una caja de cartón, insistió en que aún era posible que reviviera. “No sabemos que una está muerta hasta el día siguiente”, dijo.

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