New York Times Syndicate

Él lucha contra el régimen norcoreano
con globos

Lee Min Bok lanza desde la frontera con Corea del Norte globos con cargamentos especiales, como radios, memorias de computadora y decenas de miles de panfletos, con los que espera desacreditar el régimen de Kim Jong Un, el joven líder de aquel país.
New York Times Syndicate
28 octubre 2016 20:54 Última actualización 29 octubre 2016 5:5
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Él lucha contra el régimen norcoreano  con globos. (NYT)

Él lucha contra el régimen norcoreano con globos. (NYT)

COREA DEL SUR.- La casa de Lee Min Bok, formada por dos contenedores de embarque, es monitoreada por 12 cámaras de vigilancia de la policía. Los perros ladran a cualquier extraño que pase caminando por el sendero de tierra. Detectives vestidos de civil verifican su buzón y lo siguen dondequiera que va para protegerlo de posibles asesinos enviados por Corea del Norte, que abiertamente amenaza con matarlo.

Pero eso no lo ha detenido.

En los días en que el viento sopla hacia el norte, Lee, de 59 años de edad, se aventura en su camión de segunda mano de 4.5 toneladas, transportando un gran tanque de hidrógeno hasta la frontera con Corea del Norte, a una hora de camino. Ahí, llena con gas docenas de globos en forma de barril de siete por 12 metros y los suelta.

Los globos llevan cargamentos especiales: aparatos de radio, billetes de un dólar, memorias de computadora y, sobre todo, decenas de miles de panfletos con mensajes que Lee dice desacreditarán el culto a la personalidad que rodea a Kim Jong Un, el joven líder de Corea del Norte.

“Mis panfletos son un veneno para el régimen de Kim Jong Un, porque ayudan a los norcoreanos a darse cuenta de sus mentiras”, dijo Lee durante una entrevista en su casa.

Volando entre 3 mil y 5 mil metros por encima del nivel del mar, los globos de Lee cruzan la frontera más fuertemente vigilada del mundo, a suficiente altura para que los soldados norcoreanos tengan poca posibilidad de derribarlos con disparos. Luego, sus cronómetros patentados hacen clic, soltando fardos de vinil. Los panfletos caen como copos de nieve sobre el Norte, donde Kim pasa apuros para mantener a su pueblo bajo una desinformación total, bloqueando el internet y prefijando los canales de todos los radiotransmisores y televisores para que solo reciban las transmisiones llenas de propaganda de su gobierno.

En Corea del Sur, hay 50 “guerreros de globos”, muchos de ellos desertores del Norte como Lee, quien busca derribar el muro con panfletos.

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Lee es su padrino. Cuando empezó a lanzar grandes globos en 2005, con otros que siguieron su ejemplo, recibió el mérito _ y la culpa _ por reiniciar la batalla de panfletos que los dos ejércitos coreanos habían librado hasta que terminó con el fin de la Guerra Fría. Él ahora lanza entre 700 y mil 500 globos al año, cada uno con entre 30 mil y 60 mil panfletos.

Él lucha contra el régimen norcoreano  con globos. (NYT)

A cualquiera dispuesto a escuchar, Lee les dice que la mejor manera de reformar a Corea del Norte y poner fin a su programa de armas nucleares es subvertir al gobierno de Kim desde dentro del país. Y la forma más segura de hacerlo, dice, es infiltrarlo con información externa a través de panfletos, transmisiones radiales y DVD llenos de programas televisivos sudcoreanos y pasados de contrabando a través de la frontera de Corea del Norte con China.

“Los panfletos son lo más barato y lo más seguro”, dijo Lee. “Ningún guardia fronterizo, ningún radar, ninguna señal de interferencia radial puede frenarlos”.

Como años de negociaciones y sanciones han fallado en detener el programa de armas nucleares de Corea del Norte, Washington y sus aliados han empezado a poner más atención a librar una guerra de la información. Después de la cuarta prueba nuclear de Corea del Norte en enero, Corea del Sur encendió de nuevo los altoparlantes en la línea del frente para emitir estruendosas transmisiones de propaganda a través de la frontera. En septiembre, Washington anunció un presupuesto de 1.6 millones de dólares para proyectos que “fomenten el libre flujo de información hacia, desde y dentro” de Corea del Norte.

Aunque algunos desertores afirman que han huido después de leer los panfletos o escuchar la radio extranjera, sus críticos dicen que los panfletos hacen poco más que provocar a Pyongyang.

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Les llama un acto de guerra y amenaza con dirigir un ataque de artillería contra sus sitios de lanzamiento cerca de la frontera. Los lanzadores de los globos se han enfrentado con aldeanos sudcoreanos preocupados de que puedan convertirse en blanco de las represalias del Norte.

Él lucha contra el régimen norcoreano  con globos. (NYT)

En 2011, un hombre fue arrestado bajo cargos de conspirar para asesinar a un activista lanzador de globos por orden de Corea del Norte. Tres años después, el Norte dirigió fuego antiaéreo al cielo sudcoreano, tratando de derribar uno de los globos de Lee. Este año, empezó a tomar represalias de cierto modo, lanzando hacia el Sur panfletos que llamaban a la presidenta Park Geun-hye serpiente y prostituta.

Andrei Lankov, profesor de la Universidad Kookmin en Seúl que creció en la ex Unión Soviética y estudió en una universidad norcoreana, se mostró escéptico sobre el impacto de los panfletos en el Norte.

“Un panfleto no va a cambiar la opinión de una persona que está expuesta diariamente a la propaganda oficial”, dijo. “Sin embargo, sería un error cesar la campaña ahora. Eso es lo que demandan las autoridades norcoreanas, y no es un buen momento para mostrar debilidad”.

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Lee evita los choques con aldeanos liberando sus globos lejos de sus localidades. A diferencia de activistas más llamativos, rara vez invita a periodistas a sus lanzamientos. Los panfletos de otros activistas a menudo incluyen ataques altamente personales a Kim, ridiculizándolo como “un lunático nuclear” y exhortando a los norcoreanos a derrocar al “cerdo sediento de sangre”. Lee cree que un enfoque menos provocador producirá mejores resultados.

Él lucha contra el régimen norcoreano  con globos. (NYT)

Sus panfletos, por ejemplo, enlistan el número de autos y otras cifras de la economía enormemente superior de Corea del Sur. Luego pide a los norcoreanos que pregunten a los coreanos étnicos procedentes de China, quienes a menudo visitan su país, si esas cifras son correctas. También los exhorta a pedir a los soldados de la línea del frente que confirmen que las cercas sudcoreanas en la frontera son bañadas con cegadoras luces en la noche mientras el Norte escaso de energía está hundido en la oscuridad.

No ha habido un estudio confiable sobre cuántos norcoreanos leen los panfletos o cómo reaccionan a ellos.

En un artículo publicado en el sitio web 38 North, Ruediger Frank, profesor de la Universidad de Viena y frecuente visitante en Corea del Norte, advirtió contra dar demasiado peso a los relatos de desertores y grupos de derechos humanos sobre el descontento ahí, “creando por tanto la impresión de un levantamiento inminente que solo necesita un empujoncito desde fuera para producirse”.

Pero Lee dijo que su propia historia era prueba de que un panfleto pudiera cambiar la vida de un norcoreano.

Él era biólogo en el instituto de investigación agrícola del Estado en 1990 cuando recogió un panfleto llegado del Sur mientras estaba de viaje cerca de la frontera. Hacía lo que para él fue una afirmación impactante: que la Guerra de Corea empezó en 1950 con una invasión norcoreana.

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En el Norte, dijo, el gobierno había enseñado a la gente a odiar a los estadounidenses reiterando incesantemente que Estados Unidos y sus títeres sudcoreanos iniciaron la guerra. Lee hizo su propia investigación, preguntando a viejos veteranos y a gente que había vivido cerca de la frontera cuando empezó la guerra, y se convenció de que el panfleto era correcto.

Él lucha contra el régimen norcoreano  con globos. (NYT)

Para entonces, su fe ya había sido sacudida, después de que las autoridades lo reprendieron por sugerir reformas agrícolas.

Lee huyó del Norte en 1991 y, después de viajar a través de China y Rusia, llegó a Corea del Sur en 1995. En su camino, fue auxiliado y bautizado por misioneros sudcoreanos.

Hoy, lanzar globos es el trabajo de tiempo completo de Lee. Financia su operación con el dinero que gana por las conferencias que ofrece en escuelas y otras partes. Los cristianos también donan, pidiéndole que lance pequeñas Biblias y comida hacia el Norte. Un grupo japonés contribuye bajo el entendido de que enviará panfletos que insten a los norcoreanos a ayudar a descubrir el paradero de docenas de japoneses que se cree han sido secuestrados y llevados a Corea del Norte.

Lee dijo que su obsesión con los panfletos lo hizo descuidar a su familia. La esposa sudcoreana con la que se casó en 1996 se divorció de él. Ahora está casado con una mujer china que lo apoya mucho más.

“Se necesita una pareja en este trabajo”, dijo Lee. “No sabes cuándo soplará el viento correcto, y tu esposa es la única ayuda a la que puedes acudir cuando tienes que apresurarte a partir con los globos”.

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