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El improbable lugar para hallar una sofisticada revista literaria

Una revista sobre literatura puede gestarse en un periódico, una cafetería, un club, un apartamento... ¿pero en una aerolínea? Conoce la historia sobre "Rhapsody", una publicación en la que ya han escrito autores reconocidos como Amy Bloom.
The New York Times
15 mayo 2015 20:11 Última actualización 16 mayo 2015 5:0
Literatura

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En verano, en un taller para escritores en Oregón, los novelistas Anthony Doerr, Karen Russell y Elissa Schappell platicaban bebiendo cocteles, cuando se percataron de que todos habían publicado trabajos en la misma revista. No era una de las publicaciones literarias habituales, como Tin House, The Paris Review o The New Yorker. Era Rhapsody, una revista interna de United Airlines.

Parecía una extraña coincidencia. No obstante, si se considera la creciente lista que tiene Rhapsody de escritores de ficción, de primer nivel, podría no serlo. Desde que su primer número llegó a los aviones hace año y medio, Rhapsody ha publicado trabajos originales de estrellas literarias, como Joyce Carol Oates, Rick Moody, Amy Bloom, Emma Straub y Doerr, quien ganó hace poco el Premio Pulitzer de ficción.

Conforme las aerolíneas tratan de diferenciar su servicio de alta calidad con lujos como cubículos privados para dormir, regaderas, servicio de mayordomo y comidas de chefs de cinco estrellas, United Airlines ofrece un servicio más elevado, más cerebral, a sus pasajeros de primera clase y clase de negocios: prosa elegante de novelistas prominentes. En Rhapsody no hay mapas de aeropuertos ni listas descorazonadoras de las opciones de comidas y entretenimiento durante el vuelo. Más bien, la revista ha publicado relatos de viajes, meditabundos, en primera persona; reportajes culturales, y ensayos exploratorios sobre los vuelos, escritos por más de 30 autores de ficción literaria.

Podría parecer que una aerolínea fuera un extraño mecenas literario. Sin embargo, a medida que editores y autores buscan formas nuevas de llegar a los lectores en un clima inestable en las ventas al menudeo, muchos han formado alianzas corporativas con empresas de transporte, incluidas American Airlines, JetBlue y Amtrak, que les brindan un público cautivo.

Mark Krolick, el director administrativo de márquetin y desarrollo de productos de United Airlines, dijo que la calidad de la narrativa en Rhapsody aporta una pátina de sofisticación a su servicio de primera clase, junto con otros toques opulentos, como iluminación ambiental, música suave y aroma característico.

“El viajero de clase empresarial con esparcimiento de lujo, tiene expectativas más altas hasta en el entretenimiento que proporcionamos”, señaló.

Algunos de los colaboradores de Rhapsody dicen que los atrajo la promesa de pasajes gratis y alojamiento de lujo que les proporcionaría United, así como exposición a un público de elite, de cerca de dos millones de viajeros de primera clase y de clase empresarial.

“Quienes leen Rhapsody no son el tipo común de la librería comunitaria en Park Slope”, sostuvo Moody, el autor de la novela de 1994, “The Ice Storm” (La tormenta de hielo), en un correo electrónico. “Yo mismo no estoy seguro de estar en ese grupo demográfico de Rhapsody, pero me gustaría que comprara mis libros, algún día”. Escribió para Rhapsody un artículo introspectivo y filosófico sobre viajar a las islas Aran en Irlanda.

Además de ofrecer beneficios para viajar, la revista paga bien y les da a los escritores la libertad, dentro de lo razonable, para elegir sus temas y escribir con estilo. Ciertos géneros de historias sobre vuelos están vedados, naturalmente: nada de accidentes aéreos, ni cuentos tristes de pérdidas de equipaje, ni sobrecargos groseros, y nada demasiado subido de tono.

“No hay nadie que nos haya despreciado por ser una revista para el vuelo”, dijo Sean Manning, el editor ejecutivo de la revista. “Por grandes que sean esta personas en el mundo literario, todavía está este público sin explotar de los viajeros de lujo”.

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Literatura

United Airlines es una de un puñado de compañías que exhiben el trabajo de escritores literarios como una forma de elevar sus marcas y hacer participar a sus clientes. Chipotle ha publicado trabajos originales de autores, como Tony Morrison, Jeffrey Eugenides y Barbara Kingsolver, en sus tazas desechables y bolsas de papel. La compañía de anteojos Warby Parker ofrece fiestas para escritores y vende libros de 14 editoriales independientes en sus tiendas.

JetBlue ofrece alrededor de 40 libros electrónicos de HarperCollins y Penguin Random House en su red inalámbrica gratuita, lo que permite al pasajero leer muestras gratis, y comprar y descargar libros. Pronto, JetBlue empezará a ofrecer 11 títulos digitales de Simon & Schuster. Amtrak estableció hace poco una alianza con Penguin Random House para proporcionar muestras digitales gratis de 28 títulos populares, los que los pasajeros pueden comprar y descargar con el servicio inalámbrico de Amtrak, aunque se reconoce que es irregular.

La oficina de Rhapsody, un espacio abierto con las tuberías expuestas y techo abovedado de ladrillo, se localiza en el barrio Dumbo, en el epicentro del Brooklyn literario, en el mismo almacén de té ya convertido donde están N+1 y Atavist, el editor digital. Dos de los siete empleados de la revista tienen títulos universitarios en creación literaria. Manning, el editor ejecutivo, publicó unas memorias y editó cinco antologías literarias.

Manning dijo que Rhapsody se concibió, desde un inicio, como un sitio para novelistas que escriben con voz y estilo, y nadie se desalentó porque su trabajo fuera a vivir en las cabinas de los aviones y los salones en los aeropuertos.

No obstante, algunos colaboradores dicen que les gustaría que la revista tuviera una circulación más amplia.

“Me encantaría poder leerla”, comentó Schappell, una novelista que vive en Brooklyn y escribió el artículo de portada para el número inaugural de Rhapsody. “Pero nunca vuelo en primera clase”.

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