New York Times Syndicate

El imperio del hombre más rico de Asia

Wang Jianlin, de 60 años de edad, ha surgido como el magnate del sector privado, con influencia en industrias y comunidades en todo el mundo.
New York Times Syndicate
15 mayo 2015 16:49 Última actualización 16 mayo 2015 5:0
Wang Jianlin (New York Times Syndicate)

Wang Jianlin ha invertido miles de millones de dólares en proyectos inmobiliarios en cuatro continentes (New York Times Syndicate)

HONG KONG – Controla miles de pantallas de cine en todo el mundo, atendiendo a más espectadores cinematográficos que cualquier otra cadena de salas de cine. Ha invertido miles de millones de dólares en proyectos inmobiliarios en cuatro continentes. Está construyendo rascacielos que cambiarán el horizonte de Londres y Chicago. Está intentando comprar un estudio de Hollywood.

Hay 430 multimillonarios en China, más que en cualquier otro país además de Estados Unidos. Pero Wang Jianlin destaca, y no solo porque es la persona más rica en Asia, con una fortuna estimada en más de 35 mil millones de dólares.

Conforme su imperio inmobiliario y de entretenimiento se amplía en el extranjero, Wang, de 60 años de edad, ha surgido como el rato magnate del sector privado en una posición para hacer avanzar los intereses de Pekín en el exterior, con influencia en industrias y comunidades en todo el mundo.

Primeros ministros le mandan notas de agradecimiento, y las grandes estrellas de Hollywood viajan a China cuando él las llama.

Como hijo de un soldado raso en la Revolución Comunista de Mao Zedong catapultado al nivel máximo de la élite mundial, Wang es una historia arquetípica de la transición de China hacia el capitalismo y las enormes oportunidades que presenta a aquellos con talento o conexiones; o, en el caso de Wang, ambos. Su historia, sin embargo, también es excepcional: Creó una de las carteras inmobiliarias más valiosas del mundo en una nación donde el Estado retiene la propiedad de toda la tierra.

Un examen de un año sobre su éxito realizado por The New York Times proyecta una luz sobre la intersección nebulosa de negocios y poder en la cúspide de la economía china, donde la competencia de mercado a menudo es deformada por los caprichos de los líderes del Partido Comunista.

Los emprendedores han impulsado el rápido crecimiento en China durante más de tres décadas. Pero incluso los hombres de negocios más exitosos aquí deben seguir buscando cierto acuerdo con el partido, el cual solo hace una generación operaba una economía planeada socialista.

Wang dice que ha prosperado ofreciendo lo que los ambiciosos funcionarios partidistas anhelan: desarrollos inmobiliarios vistosos que estimulen el crecimiento económico e impulsen sus carreras. A cambio, dice, los funcionarios le venden los derechos para desarrollar terrenos selectos a precios mucho menores de lo que pagan sus competidores.

Su conglomerado, Wanda Group, es mejor conocido en China por sus características Wanda Plazas, enormes complejos de compras con salas de cine, torres de oficinas, hoteles y departamentos. Desde que construyó el primero en la ciudad nororiental de Changchun en 2002, ha abierto más de 100 de ellas en al menos otras 70 ciudades chinas, generando los ingresos que ahora financian sus ambiciones en el extranjero.

Pero hay un aspecto de su relación con las autoridades que Wang nunca plantea en entrevistas y del que no se ha reportado en muchos relatos de su éxito publicados en China y el extranjero: Familiares de algunos de los políticos más poderosos de la nación y sus socios de negocios poseen participaciones accionarias significativas en su compañía.

Una extensa revisión de registros corporativos presentados ante el gobierno identificó varias de esas inversiones hechas dese 2007 hasta 2011, cuando Wanda era de propiedad privada y rara vez vendía acciones a personas ajenas.

Entre quienes recibieron una primera oportunidad de comprar una participación accionaria en su compañía estuvo Qi Qiaoqiao, una activa inversionista que es la hermana mayor del actual presidente de China, Xi Jinping. (Ella vendió o transfirió sus acciones en la compañía en octubre de 2013 a un antiguo socio de negocios.)

Otros primeros inversionistas incluyeron a un socio de negocios de la hija del ex Primer Ministro Wen Jiabao, y familiares de otros dos miembros del gobernante Politburó en ese entonces, Jia Qinglin y Wang Zhaoguo, según los registros y entrevistas con familiares y socios de negocios.

Juntas, sus participaciones accionarias en la división inmobiliaria de Wang Jianlin, Dalian Wanda Commercial Properties, fueron valuadas en mil 100 millones de dólares cuando celebró una oferta pública inicial en Hong Kong en diciembre. Sus participaciones accionarias en la subsidiaria de salas de cine de Wang fueron valuadas en 17.2 millones de dólares cuando se empezó a cotizar públicamente por separado en enero. Sus tenencias en ambas compañías tienen un valor de más de mil 500 millones de dólares ahora.

No hay indicio de que alguno de los políticos cuyos familiares y socios de negocios poseían participaciones accionarias en Wanda intervinieran en nombre de la compañía en alguna de sus negociaciones con el gobierno. Ni hay evidencia de que alguno de los políticos se beneficiara personal de la bonanza que estos inversionistas cosecharon. Los inversionistas y funcionarios no respondieron a preguntas por escrito ni pudieron ser contactados para que hicieran comentarios.

Wang declinó una solicitud de entrevista y no respondió a preguntas por escrito presentadas a Wanda. Pero en declaraciones públicas, a menudo usa la misma frase para describir cómo maneja su relación con las autoridades: “Permanecer cerca del gobierno y lejos de la política”.

“Es un hecho que la economía de China es dirigida por el gobierno, y que la industria inmobiliaria depende de sus autorizaciones, así que si me dice que se puede ignorar al gobierno en este negocio, yo diría que eso es imposible”, dijo Wang a la televisión estatal en una entrevista en febrero. “Yo diría que es hipócrita y falso decir eso. Pero, al mismo tiempo, por ejemplo, no pagamos sobornos”.

En 2012, Wang compró AMC Entertainment Holdings, la segunda cadena de salas de cine más grande de Estados Unidos. Para final de año, su imperio en China incluía 66 Wanda Plazas, 38 hoteles de cinco estrellas, 980 salas de cine y 57 tiendas departamentales, por no mencionar 63 bares de karaoke. Dentro de un año, pudiera iniciar las obras de un estudio cinematográfico y parque temático de ocho mil millones de dólares en la ciudad costera de Qingdao.

Wang ha surgio como un franco defensor de su patria. En entrevistas y discursos, tiende a presentarse como el rostro pragmático de los grandes negocios.

“Wang Jianlin es un instrumento perfecto para eso desde el punto de vista del partido”, dijo Joseph Nye, el profesor de Harvard que acuñó el término “poder blando” y fue el panelista reprendido por Wang en Davos.

Wang es efectivo en parte porque ya no es simplemente un desarrollador inmobiliario chino. Mientras Pekín buscaba enfriar a su sector inmobiliario en los últimos años, él se diversificó trasladando inversiones al extranjero y entrando en el sector cultural y de entretenimiento, incluyendo su red de salas de cine, que se convirtió en la más grande del mundo en 2012 con la compra de las 4,000 salas de AMC en Estados Unidos.

La estrategia coincidió con una campaña política por parte del liderazgo chino para ampliar la influencia cultural de la nación en el extranjero e internamente en el país, donde generaciones más jóvenes se han volcado cada vez más en la música, la televisión y las películas occidentales.

Un comunicado emitido por el Comité Central del partido en octubre de 2011 citó la “urgencia de que China fortalezca su poder blando cultural y su influencia cultural mundial”.

“Después de este documento, Wanda empezó a dedicar mucho esfuerzo a desarrollar la industria cultural”, dijo Zhang Lihua, un experto en el Centro Tsinghua-Carnegie para la Política Mundial en Pekín.

Además de invertir en la industria cinematográfica, Wanda ha abierto una serie de parques de diversiones que promueven la cultura china, incluido no que tiene un edificio en forma de una tetera china y que Wang dice competirá con un Disneylandia en construcción en Shanghái.

“No importa cuán bueno sea Disney, sigue siendo cultura estadounidense”, dijo después de la ceremonia de la primera piedra el año pasado. “Esperamos aprovechar la cultura china”.

Cuando Wang compró AMC, conservó al equipo de administración estadounidense y enfatizó que su compañía no dictaría cuáles películas se exhibirían en las salas estadounidenses.

Pero como se prevé que China superará a Norteamérica en ingresos de taquilla para 2018, Hollywood ya se está enfocando en servir a los espectadores cinematográficos chinos y satisfacer a los censores que determinan cuáles películas extranjeras pueden exhibirse en las salas de cine chinas.

Wang a menudo señala que el mercado chino será del doble el tamaño del mercado norteamericano para 2023.

Los extranjeros necesitan poner atención a esta nueva realidad, advirtió cuando fue anfitrión en 2013 del inicio de las obras de su estudio de Qingdao.

“Aquellos en la industria cinematográfica mundial que se den cuenta de esto primero y estén entre los primeros en cooperar con China”, dijo, “serán los primeros en cosechar los beneficios”.

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