New York Times Syndicate

El fin de Google Glass

Desde 2012, los Google Glass se convirtieron en el tema central de conversaciones y en el objeto más codiciado por todos. Lo que casi nadie sabe es la historia que hay detrás de uno de los inventos más novedosos de la década. 
Nick Bilton
20 febrero 2015 15:29 Última actualización 21 febrero 2015 5:0
Google Glass

[Corrtesía/Google] La compañía elegirá a las personas con las mejores ideas para que sean las primeras en probar las gafas.

Hay una historia que involucra mucha intriga pública, una tecnología para vestir futurista, un laboratorio secreto, modelos de moda, paracaidistas en caída libre y un triángulo amoroso dentro de una oficina que puso fin al matrimonio de un multimillonario. Esta es la historia de Google Glass.

Antes de que empecemos, esta es la parte del relato donde yo probablemente debería explicar lo que son los Google Glass. Excepto que no tengo que hacerlo. Los Google Glass simplemente no se filtraron al mundo. Más bien, estallaron con el tipo de escándalo y boato habitualmente reservados para un iAlgo de Apple.

Desde que se dieron a conocer en 2012, se les consideró un Gadget, anhelados por todos desde nerds y directores ejecutivos hasta chefs y adictos a la moda. Eran el juguete obligado que iba a establecer el estándar básico de una nueva clase de computadoras para vestir.
La revista Time les designó uno de los “Mejores Inventos del Año”.

Consiguieron su propio desplegado de 12 páginas en la revista Vogue. “The Simpsons” dedicó un programa a los Google Glass, aunque Homero les llamó “Oogle Goggles”. Los Google Glass hicieron el recorrido por los programas matutinos y vespertinos, y fueron el tema de numerosos actos de comedia e incontables videos de YouTube.

Presidentes de todo el mundo los probaron. El Príncipe Carlos usó un par. Al igual que Oprah, Beyoncé, Jennifer Lawrence y Bill Murray.

También tuvieron su momento en la Semana de la Moda de Nueva York en 2012, cuando Diane von Furstenberg usó un par rojo, y envió a sus modelos por la pasarela con lentes de diferentes colores.

Posteriormente, en un video impecablemente producido, Von Furstenberg (usando un nuevo par producido por DVF | Made for Glass) dijo a Isabelle Olsson, una diseñadora de Google: “Revelamos los Google Glass al mundo”.

Pero quizá la mayor sensación ocurrió en la última semana de enero cuando, inesperadamente, Google anunció que los Glass, como los conocemos, desaparecerían.

Para comprender lo que salió mal, necesitamos remontarnos uno año a Mountain View, California, en lo profundo de las elegantes oficinas de Google. Ahí, en medio de los coloridos logotipos del campus y oscilantes sicomoros, los fundadores de la compañía y un puñado de ejecutivos de confianza presentaron una lista de 100 ideas futuristas.

Estas incluían un GPS de interiores y un proyecto llamado Google Brain (cerebro Google). Pero el entusiasmo se reservó para un nuevo género de computadoras de vestir que pudieran ser adheridas a la piel o, posiblemente, usarse como anteojos.

Para fines de 2009, Eric Schmidt, entonces director ejecutivo de Google, se acercó a Sebastian Thrun, un investigador todólogo genio en la Universidad de Stanford, y lo reclutó para hacer realidad estas ideas. Thrun, a quien se sugirió que le pusiera un nombre fresco, le llamó temporalmente el laboratorio “Google X”, con la esperanza de elegir algo mejor después.

Según varios miembros del personal de Google que trabajaron en las primeras etapas del proyecto X (todos lo cuales discutirían el proyecto solo con la promesa del anonimato, ya sea porque seguían trabajando en la compañía o porque aún tenían relaciones de negocios con ella), el laboratorio pronto encontró una casa secreta en el Campus Google, apropiándose del segundo piso de un edificio soso en el número 1489 de la Avenida Charleston. Ahí, nació el primer proyecto del laboratorio: una especie de cosa tipo realidad virtual que posteriormente se llegaría a conocer como los Google Glass.

Thrun reclutó a un montón de científicos e investigadores estrella para trabajar en Glass, incluidos Astro Teller y Babak Parviz, ambos a la vanguardia de la computación de vestir, y Olsson, la diseñadora. Antes de que pasara mucho tiempo, Sergey Brin, el co-fundador e Google, se unió para ayudar a dirigir X.

Para reforzar que Glass era una obra en proceso, Google decidió no vender la primera versión en las tiendas minoristas, sino más bien limitarla a los Glass Explorers, un selecto grupo de genios informáticos y periodistas que pagaron 1,500 dólares por el privilegio de ser los primero en adoptarla.

La estrategia fracasó. La exclusividad se sumó al intenso interés, y los medios reclamaron su propia parte en la historia. Conforme detonaba el entusiasmo público, Google no solo avivó las llamas, sino que las roció de combustible.

“El equipo dentro de Google X sabía que el producto no estaba cerca de estar listo para su debut”, dijo un ex empleado de Google. El equipo de mercadotecnia de Google y Brin tenían otros planes.

En una conferencia de desarrolladores de Google en junio de 2012, por ejemplo, paracaidistas de caída libre que usaban los Glass aterrizaron encima del auditorio, se apresuraron en bicicletas por la azotea y hacia el salón de conferencias en medio de atronadores aplausos. (Yo estaba ahí y fue diferente a cualquier demostración que hubiera visto jamás.) Brin parecía deleitarse con la atención y fue llamado el Tony Stark de la vida real, en referencia al cómico de Iron Man. Posteriormente ese año, Brin estaría sentado en primera fila en la exhibición de Von Furstenberg, usando orgullosamente un par de Glass.

No era así como los Glass debían ser lanzados. Este no era el experimento discreto que los ingenieros de Google X esperaban mientras trabajaban. Fue como ver a alguien susurrar un secreto con un megáfono.

Pero los paracaidistas y las modelos no pueden hacer mucho, y el brillo empezó a empañarse. Los críticos de tecnología que finalmente tuvieron en sus manos los Glass los describieron como “el peor producto de todos los tiempos”, señalando adecuadamente que tenía una pésima vida de batería, y que era “un producto plagado de fallas”. Se plantearon inquietudes de privacidad, pues la gente temía ser grabada durante momentos privados, como en el mingitorio, como yo experimenté en otra conferencia de Google donde me vi rodeado por personas que usaban los Glass. También fueron prohibidos en los bares, las salas de cine, los casinos de Las Vegas y otros lugares que no querían a los clientes grabando subrepticiamente.

Los Glass pasaron de ser codiciados a volverse un remate de chistes. Había un sitio de Tumblr llamado Hombres Blancos Usando Google Glass.

Luego, a principios de 2014, un escándalo digno de un tabloide alcanzó a los laboratorios Google X. En medio de las impresoras de 3-D y los microchips, un romance se había desarrollado entre Brin y Amanda Rosenberg, una gerente de mercadotecnia en Google Glass que había ayudado a organizar la exhibición de moda de Diane von Furstenberg.

Brin dejaba a su esposa por Rosenberg, quien a su vez estaba dejando a su novio, quien también trabajaba en Google. En un giro incluso más extraño reportado en Vanity Fair, resultó que la esposa de Brin había sido amiga de Rosenberg.

A partir de ahí, los Google Glass parecieron marchitarse. Los primeros empleados del X se fueron, incluido Parviz, quien se pasó a Amazon. Brin, quien hacía frente a las consecuencias de su romance en Google, dejó también de usar los Glass en público.

Y así es como llegamos a enero, cuando Google abruptamente anunció que estaba cancelando su programa Glass Explorer. Se le ha reportado en gran medida como la sentencia de muerte de los Glass. Pero quizá no lo sea.

En su nueva vida, los Glass están siendo supervisados por Ivy Ross, una diseñadora de joyería que dirige la división de anteojos inteligentes de Google, y Tony Fadell, un ex ejecutivo de producto de Apple y creador de Nest. Varias personas con conocimiento de los planes de Fadell para los Glass dijeron que estaba rediseñando el producto desde cero y no lo daría a conocer hasta que estuviera completo.

“No habría experimentación pública”, dijo un asesor de Fadell. “Tony es un tipo entregado al producto y no va a dar a conocer algo hasta que no sea perfecto”.

En cuanto a Von Furstenberg, no tiene remordimientos. En una entrevista el 3 de febrero, dijo que los Google Glass eran totalmente revolucionarios. “Era la primera vez que la gente hablaba de tecnología para vestir”, dijo. “La tecnología se mueve más rápidamente cada vez, y los Google Glass siempre serán parte de la historia”.

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