New York Times Syndicate

El esfuerzo para salvar a un precursor de las bicicletas compartidas

Bruno Rodi escuchó que la compañía de bicicletas compartidas conocida como PBSC Urban Solutions, estaba disponible para venta. Desde un teléfono, hizo una oferta de 4 mdd en efectivo por la firma para salvarla de la bancarrota.
Ian Austen
25 enero 2015 14:27 Última actualización 25 enero 2015 19:51
Especial NYT

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NUEVA YORK.-  La historia típica del origen de una compañía de tecnología incluye una servilleta de papel y una cochera. Pero la compañía que opera los programas de bicicletas compartidas en Nueva York, Londres, Chicago y una docena de otras ciudades empezó de manera muy diferente: Comenzó con una autoridad municipal de estacionamientos, pasó por un tribunal de bancarrotas y recibió una dosis de viabilidad frente a la costa de Madagascar durante la eclosión anual de las tortugas marinas verdes.

Observando ese ritual el año pasado con un grupo de científicos, Bruno Rodi, un desarrollador canadiense de bienes raíces, vio de primera mano cómo estos reptiles en peligro de extinción son amenazados por el cambio climático, la contaminación y los cazadores. Las tortugas desencadenaron una ola de emprendedurismo ambiental en Rodi.

A bordo de un barco en el Océano Índico, escuchó que la compañía de bicicletas compartidas, que es conocida ahora como PBSC Urban Solutions, estaba disponible para venta. Desde un teléfono, hizo una oferta de 4 millones de dólares en efectivo por la firma para salvarla de la bancarrota.


Lo hizo sin contratar a abogados y contadores para analizar los libros. “No soy muy rico, pero no soy una mala persona”, dijo Rodi, un multimillonario que también es dueño e una compañía de muebles canadiense y cuyo nombre es sinónimo de sofás en Quebec.

Rápidamente aprendió que el análisis previo importa. El elemento básico de la empresa internacional era sólido, incluso rentable según la afirmación de Rodi. Como le gusta decir, es el “Rolls-royce de los sistemas de bicicletas compartidas”, con un equipo resistente y estaciones de conexión a Wi-Fi alimentadas por energía solar.

Pero la compañía, que fue iniciada por la ciudad de Montreal, estaba hambrienta de capital y debilitada por la desastrosa decisión de cambiar los sistemas de software.

La bancarrota solo se sumó a sus males, ya que la compañía enfrentaba escasez de refacciones y productos y sus rivales le estaban arrebatando clientes importantes. La industria, mientras tanto, ha evolucionado.

Algún vez una curiosidad favorecida por los políticos para mejorar sus credenciales ambientales, las bicicletas compartidas se han convertido cada vez más en una pieza aceptada de la infraestructura de transporte.

Las ciudades importantes con sistemas establecidos están ampliándolos, mientras que comunidades fuera de Europa y Norteamérica están recurriendo a las bicicletas compartidas como una respuesta parcial a los embotellamientos urbanos.

En sus primeros días, PBSC era una de las pocas compañías que se enfocaban en las bicicletas compartidas, lo que le hizo una opción de cajón para muchas ciudades. Ahora, PBSC, que suministra sistemas a 15 ciudades y dos campus universitarios, debe competir contra un creciente número de proveedores de equipo y tecnología sofisticados.

En una de sus primeras acciones, Rodi contrató a casi dos docenas de desarrolladores para arreglar los problemas de software de PBSC y luego para llevar al sistema a la era del Internet móvil. También ha recorrido el mundo para encontrar nuevos clientes y conservar los existentes.

Rodi está dispuestos a gastar decenas de millones de dólares si es necesario para revivir la fortuna de la compañía. “¿Tendremos éxito en ello?”, dijo. “Sí, señor, tendremos éxito en ello”.

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Bixi (NYT)


Cuando Montreal introdujo su sistema de bicicletas compartidas en 2009, los funcionarios municipales simplemente querían hacer más fáciles los traslados. La ciudad sería cubierta con casi 10 mil estaciones de bicicletas para llenar los espacios no cubiertos por lo trenes, el tren subterráneo y los autobuses. Pero el Concejo Municipal de Montreal no quería pagar por el sistema, la Société de Vélo en Libre-Service, conocida más comúnmente como Bixi. Así que, como otras ciudades, fundó el servicio en parte a través de las cuotas de los usuarios y anuncios pegados en las bicicletas.

Para pagar el resto, los funcionarios contaban con la creación de una empresa internacional que vendiera su tecnología de bicicletas compartidas a ciudades de todo el mundo. El sistema de Montreal no fue el primer programa de bicicletas compartidas municipal a gran escala, una distinción regularmente atribuida a Copenhague, que inició el suyo en 1995.

Pero Bixi fue considerado uno de los más innovadores, con tecnologías específicamente diseñadas para compartir bicicletas. Uno de los mayores atractivos era la propia bicicleta. En vez de usar equipo poco costoso que resultara vulnerable al vandalismo y las descomposturas, el diseñador industrial propuso una bicicleta de aluminio duradera, aunque costosa.

Las modificaciones frustraron a los ladrones de robar partes fácilmente desmontables. “Esa bicicleta, nadie puede ponerle peros a su bicicleta”, dijo Josh Squire, el director ejecutivo de CycleHop, un operador de bicicletas compartidas que no usa la tecnología de Bixi.

La compañía de Montreal también desarrollo estaciones base independientes con paneles solares para suministrar energía y Wi-Fi para transferir los pagos y los datos de operaciones.

Las estaciones, que pueden ser transportadas en la parte posterior de un camión, pueden ser fácilmente removidas para reparaciones de avenidas, proyectos de construcción o los poco amistosos inviernos de Montreal.

Pero el sueño de autofinanciamiento de la ciudad resultó elusivo. Aunque el dinero estaba fluyendo gracias a compradores extranjeros, inmediatamente se destinada de nuevo para mantener rodando a las bicicletas de Montreal.

Los usuarios podían comprar pases de varias duraciones a tarifas que habían sido situadas en un nivel poco realísticamente bajo, mientras que los costos de operación eran más altos que lo anticipado. Eso dejó a la compañía pasando apuros para pagar a sus proveedores. “Todo este dinero, todas estas utilidades iban a la operación de Montreal”, dijo Rodi.

“Estaban transfiriendo ese dinero para satisfacer a los políticos porque ese era el mandato de la compañía: 'Dennos participación de las bicicletas’”. Aunque el problema de efectivo fue resuelto temporalmente con préstamos de la ciudad, la atención de la administración pronto se distrajo en una discusión de precios con 8D Technologies, el proveedor que creó el software para Bixi.

La compañía de propiedad municipal canceló su contrato con 8D y desarrolló un nuevo software por su cuenta para sistemas futuros, incluyendo Citi Bike en Nueva York. Ese software apresurado fue un desastre, no solo porque estaba lleno de problemas sino debido al efecto que tuvo en las relaciones con los clientes.

Jon Orcutt, quien defendió a Citi Bike durante su periodo como director de políticas en el Departamento de Transporte de la Ciudad de Nueva York, dijo que seleccionó la tecnología de PBSC basándose en el software anterior.

“Ese no fue el sistema que recibimos”, dijo. Orcutt quien dejó el departamento el año pasado, culpa al software, en parte, por la introducción de retrasos y otros problemas con Citi Bike.

La crisis de PBSC alcanzó su clímax en 2013. En medio de disputas con los proveedores en torno a pagos, se desarrolló una escasez de bicicletas y refacciones. La autoridad de Montreal repetidamente excedió las fechas límite para presentar declaraciones financieras.

No mucho después de que se convirtió en alcalde de Montreal, Denis Coderre emprendió acciones, colocando a Bixi en bancarrota el año pasado. Un tribunal permitió que la ciudad mantuviera su sistema de bicicletas compartidas mientras vendía la unidad de ventas internacionales.

Lo que se suponía habría sido un proyecto gratis costó a Montreal unos 25 millones de dólares. Después de comprar PBSC, Rodi hizo un importante cambio estratégico, apartando a la compañía de la actividad políticamente cargada de realmente operar sistemas de bicicletas compartidas.

En vez de ello, se enfocaría únicamente en vender hardware y software para que otros los operaran. “Vamos a regresar a nuestra actividad principal, que fue crear esta maquinaria”, dijo Rodi.

El plan de recuperación tiene dos vías. Para el crecimiento, PBSC está promoviendo el uso de bicicletas compartidas como la respuesta para las ciudades con congestionamiento de tráfico. El mensaje, dijo Rodi, resuena particularmente en Latinoamérica. Quizá más crucialmente, PBSC debe convencer a sus clientes actuales de que el caos ha pasado.

Rodi está dirigiendo la búsqueda del perdón, trabajando jornadas de 16 horas y haciendo visitas en todo el mundo a los dueños del sistema. Sosteniendo las manos en alto como un mendigo que sostuviera un tazón,

Rodi dijo: “Cuando llegas así con la gente y le dices 'somos humanos’; la gente dice: 'Está bien, dígame lo que tiene que decirme’”.

Squire de CycleHop, que opera sistemas de bicicletas compartidas en siete ciudades, dijo que admiraba a las bicicletas de PBSC y podría hacer negocios con Rodi. Pero recientemente rechazó a su tecnología después de ganar el contrato para operar el sistema de Ottawa. Dijo que las estaciones y bicicletas de PBSC usadas previamente ahí, que han sido vendidas, no pudieron compensar las fallas del software.

Este año, CycleHop trabajará con Social Bicycles, una compañía de Manhattan que produce bicicletas, estaciones y software para el sistema. Squire dijo que estaba impresionado por la forma en que el sistema de Social permite a los usuarios rentar y liberar sus bicicletas usando una aplicación para smartphones. “Está adelante, pero está rezagado”, dijo Squire de Rodi y PBSC. “Tiene grandes ciudades, pero la tecnología ha avanzado”.

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Bixi (NYT)
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