New York Times Syndicate

El embajador papal que 'conquistó' a niños con dinero

El Arzobispo Jozef Wesolowski, embajador del Vaticano en la República Dominicana, está acusado de abuso sexual de menores, aunque la Iglesia ya lo expulsó del sacerdocio reduciéndolo al estatus de un laico.
Laurie Goodstein
© 2014 New York Times News Service
03 septiembre 2014 0:48 Última actualización 03 septiembre 2014 5:0
Wesolowski, de 66 años de edad, fue ordenado sacerdote a los 23 años en Cracovia por el Arzobispo Karol Józef Wojtyla. (Fotos: NYT)

Wesolowski, de 66 años de edad, fue ordenado sacerdote a los 23 años en Cracovia por el Arzobispo Karol Józef Wojtyla. (Fotos: NYT)

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Era un personaje conocido para los delgados lustradores de calzado que trabajaban a lo largo del malecón frente al océano aquí. Vestido con ropa deportiva negra y una gorra de beisbol echada sobre el rostro que cubría su cabeza calva, dicen, paseaba a última hora de la tarde y llevaba a uno de ellos a la costa rocosa o a un monumento desierto en honor de un héroe católico local.

Los muchachos dicen que les daba dinero para realizar actos sexuales. Lo llamaban “el italiano” porque hablaba español con acento italiano.
Fue solo después de que salió repentinamente del país, dicen los muchachos, y su foto apareció en los medios noticiosos locales, que se enteraron de su verdadera identidad: era el Arzobispo Jozef Wesolowski, el embajador del Vaticano en la República Dominicana.

“Definitivamente me sedujo con dinero”, dijo Francis Aquino Aneury, quien dice que tenía 14 años de edad cuando el hombre al que conoció lustrando calzado empezó a ofrecerle cantidades de dinero cada vez mayores por actos sexuales. “Me sentía muy mal. Sabía que no era lo correcto, pero necesitaba el dinero”.

El caso es la primera vez que un destacado embajador del Vaticano, o nuncio –quien funge como enviado personal del papa-, ha sido acusado de abuso sexual de menores. Ha provocado ondas de choque a través del Vaticano y dos países predominantemente católicos que apenas empiezan a hacer frente al abuso sexual practicado por clérigos: la República Dominicana y Polonia, donde Wesolowski fue ordenado por el prelado polaco que se convirtió en el Papa Juan Pablo II.

También ha creado una prueba para el Papa Francisco, quien ha llamado al abuso sexual infantil “un crimen tan feo” y ha prometido hacer avanzar a la Iglesia Católica Romana a una era de “cero tolerancia”. Para los sacerdotes y obispos que han violado a niños, dijo a la prensa en mayo, “no hay privilegios”.

Wesolowski ya ha enfrentado la sanción más dura posible bajo la ley canónica de la Iglesia, salvo la excomunión: El 27 de junio, fue expulsado del sacerdocio por el Vaticano, reduciéndolo al estatus de un laico. El Vaticano, que como ciudad Estado tiene su propio sistema judicial, también ha dicho que pretende enjuiciar a Wesolowski bajo cargos criminales; la primera vez que el Vaticano vaya a celebrar un juicio criminal por abuso sexual.

Pero lejos de solucionar las cosas, el Vaticano ha provocado alboroto porque ayudó a Wesolowski a evitar el encausamiento criminal y una posible sentencia de cárcel en la República Dominicana. Actuando contra sus propios lineamientos para el manejo de casos de abuso, la Iglesia no informó a las autoridades locales de la evidencia en su contra, lo convocó secretamente a Roma el año pasado antes de que pudiera ser investigado, y luego invocó la inmunidad diplomática para Wesolowski para que no pudiera enfrentar juicio en la República Dominicana.

El manejo que hizo el Vaticano del caso subraya los cambios que la Iglesia ha hecho en el manejo del abuso sexual, y lo que muchos críticos llaman sus fracasos. Cuando se trata de retirar a pedófilos del sacerdocio, el Vaticano está actuando más asertiva y rápidamente que antes. Pero como sugiere el caso de Wesolowski, la Iglesia continúa mostrándose renuente a reportar a personas sospechosas de abuso ante las autoridades locales y permitirles enfrentar a la justicia en tribunales laicos.

Wesolowski, de 66 años de edad, fue ordenado sacerdote a los 23 años en Cracovia por el Arzobispo Karol Józef Wojtyla, quien posteriormente se convirtió en el Papa Juan Pablo II. En 1999, fue designado nuncio papal en Bolivia, y en 2002, fue reasignado a Kazajstán, Tayikistán, Kirguistán y Uzbekistán.

En 2008, fue enviado a la República Dominicana. Wesolowski fungió como decano ceremonial de los cuerpos diplomáticos internacionales aquí. Al puesto le acompañó una majestuosa residencia y acceso a una casa de playa.

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En el malecón, Wesolowski intentaba disfrazar su rango, dicen los muchachos. Conducía una SUV pequeña, recordaron, y la estacionaba cerca del monumento en la zona colonial, donde varias calles llevan nombres de arzobispos.

Un día del año pasado, Nuria Piera, una prominente periodista de televisión, recibió un informe de que el nuncio papal bebía cerveza muchas tardes en un restaurante del malecón, luego se iba con jovencitos.

El Vaticano abuso sexual

Piera envió a un equipo de video a filmar subrepticiamente al nuncio, dijo en una entrevista en CDN, donde es directora general. El equipo tomó algunas imágenes de video de Wesolowski bebiendo solo y caminando por el malecón, dijo Piera, pero él notó su presencia (aunque no la cámara), se acercó, golpeó su auto con la mano y preguntó por qué lo estaban siguiendo.

Después de eso, dijo Piera, desapareció del malecón. Quien le pasó la información nunca lo vio ahí de nuevo.

Wesolowski empezó a enviar a un joven diácono de la Iglesia dominicana a buscarle niños, dicen autoridades judiciales en la República Dominicana.
El diácono, Francisco Javier Occi Reyes, fue arrestado por la policía el 24 de junio de 2013, acusado de prostitución de menores y llevado a la cárcel. Pero nadie acudió a pagar la fianza, y el diácono envió una angustiada carta fechada el 2 de julio a Wesolowski.

“Hemos ofendido a Dios” y la Iglesia, decía la carta, al abusar sexualmente de niños y adolescentes “por migajas de dinero”.
“Espero que considere pedir a Dios que le ayude a alejarse de esta nefasta enfermedad de continuar abusando sexualmente de niños inocentes”, decía la carta.

El diácono envió copias de la carta al Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, el jefe de la Iglesia en la República Dominicana, y a un obispo dominicano, Gregorio Nicanor Peña Rodríguez. El cardenal luego llevó la evidencia al Vaticano, donde se reunió directamente con el papa, según entrevistas con las autoridades dominicanas. El 21 de agosto del año pasado, Wesolowski fue llamado en secreto a Roma.

Seis días después, el cardenal llamo al nuncio papal “un gran amigo y promotor de la paz”.

Ni el cardenal, ni otros funcionarios eclesiásticos, reportaron las denuncias a las autoridades locales, dicen funcionarios dominicanos. Los lineamientos del Vaticano dicen que las acusaciones de abuso sexual criminal deberían ser reportadas en los países donde se requiere reportarlas.

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El procurador general del país, Francisco Domínguez Brito, y la fiscal de distrito de Santo Domingo, Yeni Berenice Reynoso Gómez, dijeron en entrevistas que se enteraron de las denuncias contra Wesolowski por los reportes televisivos de Piera, que fueron transmitidos a principios de septiembre e incluían a un niño que afirmaba que había sido sometido a abusos.

Reynoso dijo que sus investigadores habían identificado a cuatro niños de entre 12 y 17 años de edad con quienes el nuncio tuvo contacto sexual pero que probablemente habría otros.

El Vaticano abuso sexual

El muchacho de 17 años tenía epilepsia, y el nuncio le daba medicinas para su padecimiento a cambio de actos sexuales, que empezaron cuando el niño tenía 13 años, dijo la fiscal de distrito. Afirmó que no tenía “ninguna duda” sobre la credibilidad del testimonio de los jovencitos porque fue corroborado por otra evidencia.

“Este es el caso más terrible que haya visto jamás”, dijo Reynoso. “Estaba abusando de niños que vivían en extrema pobreza, a cambio de pastillas para la enfermedad de un niño. Es muy perverso”.

Hay indicios procedentes de Roma de que el papa mismo está preocupado por el caso de Wesolowski. Un obispo dominicano, Fausto Ramón Mejía, dijo en una entrevista que cuando era parte de una delegación que visitó el Vaticano a fines del año pasado, la sonrisa de Francisco se desvaneció al escuchar de qué país procedía.

“Se puso muy serio”, dijo Mejía. “Se detuvo y me dijo, muy sinceramente: 'Siento como si tuviera el corazón atravesado por una daga por lo que ocurrió en la República Domincana”.

El caso ha sacudido a esta nación fielmente católica. “La gente decía: 'Quiero que mi hijo vaya a la iglesia católica’”, dijo el padre Rogelio Cruz, un sacerdote aquí. “Ahora dice: 'Ningún hijo mío va a ir nunca a una iglesia católica’”.

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