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El chico malo de los escritores soviéticos

El escritor ruso Eduard Limonov fue fundador y líder del entonces ilegal Partido Nacional Bolchevique. Su vida siempre estuvo
inmersa en la polémica. Ahora, el ex soviético es retratado por Emmanuel Carrere en un nuevo libro. 
The New York Times
07 noviembre 2014 16:33 Última actualización 08 noviembre 2014 5:54
Eduard Limonov, el ex soviético rebelde. (Tomada de Twitter)

Eduard Limonov, el ex soviético rebelde. (Tomada de Twitter)

PARIS, FRANCIA.– El escritor francés Emmanuel Carrere encontró un tema perfecto en Eduard Limonov, el autodenominado Johnny Rotten (ex integrante de Sex Pistols) de los escritores soviéticos disidentes.


El resultado es la biografía picaresca, en un estilo exagerado y muy subjetivo, Limonov: The Outrageous Adventures of the Radical Soviet Poet Who Became a Bum en New York, a Sensation in France, and a Political Antihero en Russia.

En Limonov, publicada en octubre en Estados Unidos, Carrere centra su distintiva mezcla de reportaje, memorias y ficción, y su afinidad con las grandes interrogantes, en este ruso indefinible: rebelde y totalitario a la vez, un escritor procaz de memorias semificcionadas quien, tras años en Occidente, estuvo con los serbios en la guerra bosnia y luego regresó a Rusia para convertirse en un agitador político ultranacionalista.

Carrere, cuya familia materna es rusa, aseguró que vio en Limonov algo emblemático sobre el mundo postsoviético. Ambos se conocieron en París, a principios de los 1980, y Carrere reanudó la amistad en el 2008 y pasó dos semanas con Limonov en Moscú, cuando trataba, infructuosamente, de que su Partido Nacional Bolchevique, integrado por personas que iban de cabezas rapadas ultranacionalistas hasta inadaptados de la contracultura, llegara al Parlamento.

ANHELOS DE LA URSS

El libro empieza con una cita del presidente ruso Vladimir Putin: “Cualquiera que quiera de regreso a la Unión Soviética no tiene cerebro. Quienquiera que no la extrañe, no tiene corazón”.

Esa compleja nostalgia es un tema central en Limonov, como lo son la interacción entre el radicalismo y el revanchismo. Otro aspecto fundamental es el atractivo, aun entre la clase creativa, del fascismo, y la ingenuidad de la intelectualidad occidental al pensar que la historia, o al menos el nacionalismo, terminaría después de la Guerra Fría.

Conocido por sus descripciones matizadas de hombres problemáticos, Carrere tiene un currículum vitae que incluye novelas, memorias, una historia sobre un crimen real y una biografía del escritor de ciencia ficción, Philip K. Dick. En Francia, “es bastante famoso, universalmente, y sus libros siempre reciben trato de primera plana”, comentó Jean Birnbaum, el editor en jefe del suplemento literario de Le Monde.

“Pero, por otra parte, realmente no pertenece a la élite literaria”, quizá porque sus libros se consideran demasiado periodísticos, agregó Birnbaum.

Publicado en Estados Unidos por Farrar, Straus and Giroux, en una chispeante traducción de John Lambert, Limonov está escrito en una incontrolable tercera persona, y se basa, en gran parte, en las memorias semificcionadas de Limonov. Después de todo, ¿cómo sabría Carrere lo que pasaba por la mente de Limonov cuando le hacía el amor a una de sus afligidas esposas o sus muchas novias? ¿O que tuvo una especie de experiencia de nirvana cuando estaba en la cárcel?
“No revisé los hechos”, contó Carrere. “Si me equivoqué, no me importa. Sé que no es muy estadounidense”.

Limonov, hoy con 71 años, nació como Edward Savenko en Ucrania, fue hijo de un funcionario de bajo nivel en el servicio secreto. Se cambió el nombre a Limonov como “un tributo a su humor ácido y beligerante, porque 'limon’ significa limón y 'limonka’ es jerga para un tipo de granada de mano”, escribe Carrere.

Después de temporadas como trabajador no calificado y rufián de poca monta, decidió escribir poesía. En 1974, desertó de Moscú a Nueva York, donde vivió en hoteluchos y, finalmente, trabajó como mayordomo de un multimillonario, el sujeto de His Butler’s Story, unas memorias ficcionadas, publicadas por Grove Press en 1987.

A diferencia de Joseph Brodsky y Yevgeny Yevtushenko, respetables poetas disidentes, a quienes Limonov envidiaba y despreciaba, él vivió una vida neoyorquina llena de drogas, violencia, sexo con mujeres y, en una fase, con negros, a los que conoció en los parques de la ciudad. (Décadas después, trataría de ocultarles este capítulo a los ultranacionalistas).

Limonov llegó a Francia en 1980, montado en el éxito de “It’s Me, Eddie”, unas memorias de ficción sobre su vida en Nueva York, traducidas al francés como “El poeta ruso prefiere a los negros grandes”. Carrere encontró una copia en la casa parisina de su madre, Helene Carrere d’Encausse, una estimada historiadora de Rusia, cuyo libro de 1978, “The Decline of Empire”, pronostica el fin del Unión Soviética. 

A Carrere le atrajeron las paradojas y la prosa de Limonov. “Lo que tiene en la cabeza es abominable, pero tienes que admirar la honestidad con la que lo descarga: resentimiento, envidia, odio clasista, fantasías sádicas, pero nada de hipocresía, ni vergüenza, ni excusas”, escribe.

Carrere entrevistó a Limonov para una revista. Perdieron el contacto. Luego, ocurrió la guerra en Bosnia. Limonov, atraído, como siempre, por la aventura y la idea de que la neutralidad es semejante a la cobardía, fue a Croacia y apoyó al lado serbio, “que era la cosa más terrible que podíamos imaginar”, dijo Carrere.

Dejó a un lado el libro durante un año y casi lo abandona tras ver “Serbian Epics”, un documental de la BBC de 1992 en el que se muestra a Limonov disparando rondas de ametralladora hacia Sarajevo con Radovan Karadzic, el dirigente bosnio serbio, a quien se está juzgando ahora por crímenes de guerra.

“No es solo que yo lo desapruebe”, dijo Carrere, “es que él es moral y políticamente ridículo”.

Limonov regresó a Rusia durante el mandato de Boris Yeltsin. “Estaba convencido de que la perestroika era un desastre”, comentó Carrere. Limonov empezó su Partido Nacional Bolchevique, cuya plataforma era confusa, violenta y nostálgica, y el gobierno lo prohibió.

De 2001 al 2003, estuvo encarcelado bajo cargos de terrorismo y participación en una organización armada ilegal, un capítulo esencial, escribe Carrere, para un hombre que se considera un antihéroe romántico, y un periodo en el que escribió libros místicos.

Actualmente, Limonov vive modestamente en Moscú. A veces escribe para las ediciones rusas de Playboy y GQ. Si bien su partido está proscrito, todavía sigue realizando reuniones mensuales. Defiende la anexión rusa de Crimea y critica a Putin por no haber ido más lejos.
Aun si muchos intelectuales rusos están en desacuerdo con su posición política, admiran tanto a Limonov como a Limonov.

“Creo que ser es un agitador es algo muy importante para un escritor ruso”, señaló el escritor ruso Víctor Erofeyev. “No es necesariamente para luchar contra el Estado, pero es necesario luchar contra la naturaleza humana. Esto es un muy buen comienzo”.

   

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Emmanuel Carrere

      

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