New York Times Syndicate

El buen gusto de una heredera es una bendición para Sotheby's

Rachel Lambert Mellon era a una apasionada coleccionista de una era pasada. Tenía un gusto sencillo y original, comprando lo que le encantaba y Sotheby’s subastará sus piezas de arte en las galerías de los 10 pisos de sus oficinas centrales en Nueva York.
Carol Vogel
28 septiembre 2014 11:22 Última actualización 28 septiembre 2014 11:33
Sotheby’s

Sotheby’s

UPPERVILLE, Virginia – Pocas personas han visitado Oak Spring Farms, la grandiosa residencia aquí de Rachel Lambert Mellon, mejor conocida como Bunny. Si lo hubieran hecho, habrían visto un Pissarro, sin marco como un hallazgo del mercado de pulgas, encima de la chimenea de la sala de estar. En el piso superior, una naturaleza muerta de Van Gogh cuelga sobre su tina de baño. Porcelanas antiguas – coles, espárragos, alcachofas – estaban artísticamente acomodadas sobre prácticamente toda superficie.

Mellon era la matriarca de una dinastía estadounidense cuya fortuna y posesiones de arte rivalizaban con las de los Frick, los Carnegie y los Morgan. Pero quizá más notablemente, era una apasionada coleccionista de una era pasada. No ponía atención a lo que estaba de moda; no pensaba en los futuros rendimientos financieros. Más bien, tenía un gusto sencillo y original, comprando lo que le encantaba, libre de la influencia de decoradores y consultores de inversión.

“Bunny era pate de una generación que ya no existe hoy: una coleccionista aficionada con ojo certero, un gusto grandioso y un refinamiento de clase superior, que compraba en todas partes, desde joyería y pinturas costosas hasta baratijas”, dijo John Wilmerding, un experto en arte estadounidense y fideicomisario de la Galería Nacional de Arte en Washington.

También era fieramente reservada y rara vez abría su casa a visitantes. Así que cuando Mellon murió en marzo a los 103 años de edad, nadie conocía la extensión total de lo que había dejado. Resulta que hay miles de objetos – pinturas, dibujos, joyería, bolsos de mano, canastas, incluso un camión de bomberos _, la mayoría de los cuales pronto serán subastados por Sotheby’s. La casa de remates estima que la colección de Mellon pudiera venderse en más de 100 millones de dólares.

Sotheby’s planea todo un espectáculo, a partir del 10 de noviembre, que eventualmente dedique las galerías de los 10 pisos de sus oficinas centrales en Nueva York a la exhibición de lo que estaba en las paredes y en los aparadores de las cinco casas que compartió con su segundo esposo, Paul, el hijo del financista Andrew W. Mellon.

Con precios estimados entre 200 dólares (un tapete tejido a gancho de los años 40) y 30 millones de dólares (una pintura de Mark Rothko), Sotheby’s espera atraer no solo a compradores ricos sino también a cualquier persona ansiosa por poseer una pequeña pieza del legado de Mellon.

La venta ocurre en un momento crítico para Sotheby’s, que se ha visto afectada por subastas de primavera que atrajeron poco interés y una batalla en su consejo. Seguramente está apostando a que sus precios estimados sean eclipsados por los compradores que hagan alocadamente ofertas por, digamos, un conejito de metal fundido (precio estimado: entre mil y mil 500 dólares).

En 1996, cuando Sotheby’s celebró una venta similar del legado de Jacqueline Kennedy Onassis, la gente esperó en fila durante horas para dar un vistazo a los palos de golf de John F. Kennedy y el anillo de diamante de 40 quilates que recibió de Aristóteles Onassis. Esas subastas, a lo largo de cuatro días, recaudaron 34.4 millones de dólares, más de seis veces lo estimado.

En una visita a la propiedad de Mellon aquí en julio, todo había sido reunido, etiquetado y organizado como una operación militar perfectamente planeada. Especialistas de Sotheby’s en áreas como muebles ingleses, porcelana china, pinturas estadounidenses y arte contemporáneo habían recorrido más de 20 edificios en la propiedad y documentado cada uno de los alrededor de 4 mil  objetos, etiquetando cada taza de té y cada tenedor.

“Nos sentimos como intrusos entrando en un mundo notoriamente privado y protegido”, dijo Elaine Whitmire, una vicepresidenta de Sotheby’s que supervisa las ventas de legados importantes.

Limpiar todo ha sido un esfuerzo hercúleo, que involucró mil metros de plástico de burbujas para envoltura y más de 500 cajas de empaque solo para los objetos decorativos y los libros. Incluso quienes conocieron bien a Mellon no previeron la enormidad del proyecto, dijo Jane MacLennan, una abogada del legado. “Nunca tiró nada. Toda su correspondencia existe”.

También, al parecer todos los pares de tijeras de jardín que compró en su vida. Horticultora autodidacta, Mellon diseñó el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca y, por supuesto, también los jardines que rodean a sus propias casas.

En su edificio, Sotheby’s planea exhibir una cúpula octagonal de la década de 1880 que Mellon nunca instaló. (Precio: entre 3 mil y 5 mil dólares.) Estarán sus bolsos de Christian Dior con broches de oro y lapislázuli, creados por su joyero francés Jean Schlumberger. Hay juegos de vajillas y cristalería antiguos que pudieran servir a cientos de personas. (Aunque no a la vista, se estima que un camión de bomberos de los años 50, Oak Spring I, se venderá en hasta 25 mil dólares.)
Y aparte está el arte: más de 400 pinturas y dibujos, incluidas obras de Picasso, Seurat, Hopper y Homer.

Antes de las subastas, prominentes coleccionistas trataron de comprar las mejores pinturas en privado. La herencia discretamente separó varios lienzos, incluidos dos de Rothko y uno de Diebenkorn, dijo Alexander D. Forger, su amigo, abogado y ejecutor.

“Pareció prudente aprovechar la oferta”, dijo. “Tenemos impuestos de herencia que pagar antes de diciembre”. Declinó dar el nombre de los compradores o los precios, los cuales comerciantes de arte dijeron que alcanzaron alrededor de los 300 millones de dólares.

Las casas de subasta también se disputaron la venta del patrimonio. Sotheby’s y Christie’s prepararon detalladas presentaciones con catálogos de muestra, simulaciones de instalaciones en las galerías y planes de comercialización mundial.

Desde el principio, Sotheby’s tuvo la ventaja. “Tanto Sotheby’s como Christie’s acudieron con el mismo acuerdo financiero”, dijo Forger. “Pero conocíamos mejor a Sotheby’s”.

Forger había sido ejecutor del gran confidente de Mellon, Onassis, y seleccionó a Sotheby’s para esa venta.

Pero su decisión no solo se basó en la familiaridad. Aunque ni él ni Franck Giraud, el asesor de arte de Mellon, discutieron los detalles, ambos dijeron que ella estaba enojada con el dueño de Christie’s, François Pinault. En 2002, aceptó venderle tres pinturas de Rothko por alrededor de 25 millones de dólares. Habían estado en préstamo en la Galería Nacional desde principios de los años 70, y Mellon los retiró después de que Pinault prometió contractualmente exhibirlas en lo que iba a ser su fundación para el arte contemporáneo en el Île Seguin, en París.

Pero cuando sus planes para el espacio en París se vinieron abajo, Pinault trasladó el proyecto al Palazzo Grassi en Venecia, donde las obras estuvieron a la vista solo una vez. Hace dos años, vendió una de las pinturas “Sin título (Azul, Verde y Café)”, de 1952, por más del doble de lo que Pinault había pagado por las tres pinturas, según comerciantes de arte familiarizados con la transacción. El año pasado, vendió la segunda, “Amarillo y Azul” de 1954.

Nazanine Ravaï, secretario de Pinault, dijo que los Rothko iban a ser exhibidas en París pero que no encajaron con la programación en Italia y no había lugar permanente para albergarlas. Pinault, dijo, planea conservar el tercer Rothko.

El espacio no fue un problema en Oak Spring, una granja lechera en funcionamiento. Estaba la cabaña de piedra donde vivían los Mellon, estables para caballos pura sangre ganadores de premios, una caseta de piscina diseñada por I.M. Pei y la Casa de Ladrillos, una mansión estilo georgiano. La propia Oak Spring fue puesta en venta en agosto por 70 millones de dólares.

¿Qué pudiera quedar?

“Todos los libros fueron sacudidos para asegurarnos de que no había un dibujo o una carta de amor metido entre sus páginas”, dijo Whitmire. En un esfuerzo por recaudar la mayor cantidad de dinero posible para la fundación Mellon, el ejecutor decidió que poner la propiedad en subasta sería el mejor enfoque. Decidir qué regresar a la familia – el hijo de Mellon, Stacy B. Lloyd III, y sus dos hijos, así como a los hijastros de Mellon, Catherine Conover y Timothy Mellon – fue un delicado acto de equilibrio.

“En ocasiones, las cosas simplemente son demasiado personales”, dijo Whitmire.

Entre otras cosas, los miembros de la familia seleccionaron una pintura de Pissarro de su recámara, uno de los sombreros de jardinería de Givenchy de Mellon, muebles que ella diseñó y un portarretratos de Schlumberger que contenía fotos familiares.

Mientras Whitmire y otros hacían sus selecciones en los edificios, hicieron algunos descubrimientos: Una de las famosas colecciones de cajas de Joseph Cornell fue desenterrada en el gabinete de un baño; una acuarela de Magritte fue encontrada en una habitación rara vez usada.

“Cuando camino por los edificios por última vez, me aterroriza pensar que hayamos olvidado algo”, dijo Whitmire. “Solo se tiene una oportunidad”.

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