New York Times Syndicate

El animal más común del planeta: un pez hermafrodita diminuto

Los gonostomátidos o bocas erizadas son unos peces de las profundidades medias que brillan en la oscuridad y pueden abrir de manera extraordinaria la boca, con dientes como agujas; según especialistas son los vertebrados más numerosos en el planeta.
William J. Broad
17 julio 2015 16:49 Última actualización 19 julio 2015 5:0
gonostomátidos

Los gonostomátidos empiezan su vida como macho y, en algunos casos, cambian para convertirse en hembra. (NYT)

NUEVA YORK – Los hábitats terrestres – selvas tropicales, estepas, bosques, desiertos, praderas alpinas, todos bien explorados a lo largo de siglos – conforman menos de un uno por ciento de la biosfera del planeta. ¿Por qué tan poco? La franja de vida es estrecha. El suelo fértil desciende solo unos metros, e incluso los árboles más altos se extienden solo unos cuantos cientos de metros. Las aves pueden volar más alto, pero deben regresar a la superficie en busca de alimento.

El agua, sin embargo, es una historia diferente. Cubre más de 70 por ciento de la superficie de la Tierra y desciende por kilómetros.

Científicos sitúan la participación del océano de la biosfera en más del 99 por ciento. Los pescadores conocen sus aguas superficiales y los exploradores sus profundidades. Pero, en general, comparado con la superficie terrestre, el océano mundial es poco conocido.

Lo cual ayuda a explicar por qué los científicos apenas recientemente han llegado a darse cuenta de que los gonostomátidos – unos peces de las profundidades medias que brillan en la oscuridad y pueden abrir de manera extraordinaria la boca, con dientes como agujas – son los vertebrados más numerosos en el planeta.

“Están en todas partes”, dijo Bruce H. Robison, biólogo marino en el Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey en California, sobre el pequeño pez vertebrado. “Todos coinciden. Es el más abundante en el planeta”.

PEZ HERMAFRODITA

Para los estándares humanos, el animal es diminuto, más pequeño que un dedo de la mano. Pero este extraño pececillo compensa su tamaño diminuto con cantidades asombrosas, así como uno o dos trucos conductuales.

Resulta que es transexual, empezando su vida como macho y, en algunos casos, cambiando para convertirse en hembra. Los científicos le llaman protandro – es decir, un hermafrodita que primero es macho _, un fenómeno también visto en ciertos gusano, lapas y mariposas.

Aunque el retrato de los gonostomátidos está incompleto, los científicos saben lo suficiente para afirmar con confianza que supera por mucho a todos los otros que se disputan el título del vertebrado más común.

Noah Strycker, el autor de “The Thing With Feathers”, un libro sobre aves, dijo recientemente a un entrevistador que la gallina doméstica “supera en número” a cualquier otro vertebrado.

Situó la cifra planetaria en 24 mil millones de dólares.

En comparación, los ictiólogos sitúan la cifra probable de los gonostomátidos en cientos de billones, y quizá trillones, o miles de billones.

“Ningún otro animal se le acerca”, dijo Peter C. Davison, un científico especializado en peces del Instituto Farallón para la Investigación Avanzada del Ecosistema, en Petaluma, California. “Hay tantos como una docena por metro cuadrado del océano”.

Los gonostomátidos, o bocas erizadas, son una familia rapaz de peces de aguas profundas que incluyen al muy exitoso género Cyclothone (“circular” en griego, en aparente referencia a la enorme boca de la criatura). También se les conoce como “bocas redondas”.

El género tiene 13 especies, como los gonostomátidos de las sombras.

Las principales características distintivas son diferencias sutiles en las aletas y los órganos luminosos. Todos los miembros tienen dientes como púas. En general, los peces tienen entre 2.5 y 7.6 centímetros de longitud, su color va del tostado al negro, y en ocasiones exhiben una especie de translucidez fantasmagórica.

POBLACIÓN ABUNDANTE, CONFIRMAN INVESTIGACIONES

Cada vez más, los gonostomátidos se ganan el título de la abundancia conforme más y más redes y buzos exploran la profundidad. En 1954, N.B. Marshall, un distinguido biólogo marino del Museo Británico y autor de “Aspects of Deep Sea Biology”, les llamó “los peces más comunes en el océano”.

Pero luego un misterio eclipsó la afirmación.

Durante la Guerra Fría, la Armada de Estados Unidos le dio vueltas a un fenómeno mundial conocido como Capa de Dispersión Profunda. Reflejaba las ondas sonoras hacia la superficie tan eficazmente que, en ocasiones, se le confundía con el lecho marino.

Los biólogos juzgaron que estaba compuesta de hordas de cosas vivientes, porque migraban hacia la superficie de noche y regresaban al fondo de día. La Armada quería comprender mejor la capa para mejorar su rastreo de submarinos enemigos, así como esconderse de ellos.

La investigación demostró que la región estaba compuesta de muchas criaturas: camarón antártico, calamares y largos animales gelatinosos conocidos como sifonóforos. También albergaba a muchos peces, pero aparentemente pocos gonostomátidos, que se las ingeniaban para evitar nadar de noche hacia la superficie.

Si el pez más común de hecho tenía poco que ver con la capa pululante, ¿su abundancia había sido exagerada? Los libros de texto sobre el océano de los años 70 a los 90 decían poco acerca del Cyclothone, el género principal de los gonostomátidos. Discretamente, el rey había sido destronado.

Luego llegó una nueva ola de investigación, que se centró en cuidadosos rastreos del océano profundo con una nueva generación de redes en las cuales el entretejido era mucho más fino. Sin importar cuán lejos se hicieran descender las redes, salían enormes cantidades de gonostomátidos.

Un equipo que pescó por el Atlántico a una profundidad de más de 4.8 kilómetros reportó en 2010 que el diminuto pez “dominaba las capturas”.

Durante décadas, Robison del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey ha usado robots para explorar el Cañón de Monterey, un profundo abismo en el lecho marino costero de California que desciende más de kilómetro y medio. A diferencia de la mayoría de los científicos oceánicos, ha observado de cerca los bancos de las pequeñas criaturas en su hábitat natural.

“Tienen un patrón de nado que es realmente diferente al de los peces”, dijo en una entrevista. “En los más pequeños, se involucra todo el cuerpo, contoneándose y retorciéndose a través del agua. No es un comportamiento de nado típico con la aleta”.

REYES DEL CAMUFLAJE

Robison añadió que los gonostomátidos tienen ojos muy pequeños que en el hábitat oscuro parecerían tener un papel mínimo o ninguno en encontrar a la presa. Más bien, como muchos vertebrados acuáticos, el pez aparentemente depende de su línea lateral; un sistema de órganos sensoriales que puede detectar el movimiento y la vibración en las aguas circundantes. Los órganos corren longitudinalmente a ambos lados del cuerpo de un pez desde la región de las agallas hasta la cola.

¿Y las hileras de puntos brillantes en el abdomen de los gonostomátidos? Robinson dijo que parecían ser camuflaje que ayudaba a las criaturas a ocultarse de los predadores.

En la zona oscura del océano, donde penetra poca luz solar, es difícil que los predadores vean hacia abajo, pero, de día, es posible que observen las cosas por encima, que aparecen como siluetas. Para evitar revelar su presencia, algunas especies de presas usan puntos bioluminiscentes para mezclarse con la luz circundante, una estrategia conocida como contra-iluminación.

Robinson dijo que los gonostomátidos parecen “contra-iluminar para que no se vea su sombra”. Señaló que los científicos habían demostrado experimentalmente que las criaturas oceánicas pudieran hacer desaparecer sus siluetas, y que la intensidad y longitud de onda de sus órganos brillantes pudieran cambiar para igualar exactamente la luz circundante.

“Pero nadie”, dijo Robinson, ha podido probar todavía que la treta de la contra-iluminación “puede engañar a un depredador”.

Ha tomado aproximadamente un siglo y medio, pero la ciencia finalmente ha llegado a conocer bastante bien a los gonostomátidos y sus filas de billones, aunque persisten preguntas. No así a otras criaturas de las profundidades. Si la tortuosa ruta hacia la identificación del pez dominante sirve de indicio alguno, tomará mucho tiempo aún para que la ciencia aprenda de las formas de vida poco comunes que vagan por las profundidades oscuras, la principal biosfera del planeta.

“Seguimos viendo muchos bichos diferentes a lo que hemos visto antes”, dijo Robinson de las travesías en el Cañón de Monterey y más allá.

“Entre más profundo vamos, más extrañas se ponen las cosas”, añadió.

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