New York Times Syndicate

El aire acondicionado discrimina: está regulado para los hombres

En las oficinas el aire acondicionado puede ser un problema, y más para las mujeres; de acuerdo a un estudio la mayoría de los edificios de oficina establecen su temperatura con base a una fórmula de hace décadas que usa los índices metabólicos de los hombres.
Pam Belluck
21 agosto 2015 19:53 Última actualización 23 agosto 2015 8:18
Aire acondicionado (New York Times)

Los investigadores encontraron que el índice metabólico promedio de las mujeres era entre 20 y 32 por ciento más bajo que los índices en la gráfica estándar. (New York Times)

Los veranos son cálidos en Omaha, Nebraska, donde los termómetros pueden alcanzar los 38 grados. Pero Molly Mahannah está preparada.

En la oficina, se envuelve en suéteres o una sudadera enorme que saca de su archivador. Además, dice, “tengo una enorme cobertor en mi escritorio con el que me envuelvo como un burrito”. Recientemente, “tenía tanto frío que dije ‘solo voy a sentarme en mi auto con el calor de 38 grados por cinco minutos, y a hornearme’”.

Mahannah, de 24 años de edad, quien escribió en Twitter que en el trabajo se sentía como un helado Caminante Blanco sacado de “Game of Thrones”, dijo que una compañera de trabajo en su agencia de mercadotecnia digital también se envolvía en suéteres. ¿Pero los hombres? “Ellos van de shorts”.

Bien. Sucede todos los veranos: Las oficinas encienden sus aires acondicionados, y las mujeres se congelan como paletas de hielo.

Finalmente, los científicos (dos hombres, cabe decir) están instando a poner fin a la Gran Conspiración de la Oficina Ártica. Su estudio, publicado el 3 de agosto en la revista especializada Nature Climate Change, dice que la mayoría de los edificios de oficinas establecen sus temperaturas con base en una fórmula de hace décadas que usa los índices metabólicos de los hombres. El estudio concluye que los edificios deberían “reducir el sesgo que discrimina por género en la comodidad termal” porque poner las temperaturas en niveles ligeramente más cálidos puede ayudar a combatir el calentamiento global.

“En muchos edificios, se ve que el consumo de energía es mucho más alto porque el estándar está calibrado para la producción de calor corporal de los hombres”, dijo Boris Kingma, coautor del estudio y biofísico del Centro Médico de la Universidad de Maastricht en Holanda.

“Si se tuviera una visión más precisa de la demanda termal de las personas en el interior, entonces se podría diseñar el edificio de manera que se desperdiciara mucha menos energía, y eso significa que la emisión de bióxido de carbono sería menor”, agregó.

El estudio dice que la mayoría de los termostatos de los edificios sigue un “modelo de comodidad termal que fue desarrollado en los años 60”, el cual considera factores como la temperatura del aire, la velocidad del aire, la presión del vapor y el aislamiento de la ropa.

Se convierte a una escala de siete puntos y se compara contra el Porcentaje Previsto de Insatisfechos, una medición de cuántas personas probablemente se sentirán incómodamente con frío o calor.

Pero Kingma y su colega, Wouter van Marken Lichtenbelt, escriben que una variable en la fórmula, el índice metabólico en reposo (cuán rápidamente generamos calor), se basa en un varón de 40 años de edad que pesa unos 70 kilos.

Las mujeres comúnmente tienen índices metabólicos más lentos que los hombres, principalmente porque son más pequeñas y tienen más grasa corporal, la cual tiene índices metabólicos más bajos que los músculos. En realidad, dice el estudio, el modelo actual “podría sobreestimar la producción de calor en reposo de las mujeres hasta en 35 por ciento”.

“Si las mujeres tienen una necesidad menor de enfriarse eso realmente significa que se puede ahorrar energía, porque en este momento estamos enfriando solamente a esta población masculina”, dijo Joost van Hoof, un físico especializado en edificios en la Universidad Fontys de Ciencias Aplicadas en Holanda, quien no estuvo involucrado en el estudio.

“Muchos hombres piensan que las mujeres solo están fastidiando”.. “pero se trata de su fisiología”, mencionó.

La fisiología y la ropa. Los autores también señalan que el modelo no siempre está calibrado con precisión al guardarropa de verano de las mujeres.

Van Hoof, quien escribió un comentario sobre el estudio, observó que muchos hombres aún usan trajes y corbatas en el verano pero muchas mujeres usan faldas, sandalias y otras prendas más ligeras y que muestran más piel.

“El escote se acerca más al centro del cuerpo, de manera que la diferencia de la temperatura entre la temperatura del aire y la temperatura del cuerpo ahí es más alta que cuando hace frío”, dijo.
Así que, por el bien del planeta, los hombres deberían “dejar de quejarse”, dijo Kingma. “Si hace demasiado calor, lo que conductualmente uno puede hacer es quitarse una prenda de ropa, pero solo hasta cierto punto. También se podría decir que se mantengan los edificios muy fríos y las mujeres usen más prendas”.

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Aire acondicionado discrimina


Pero el estudio de Kingma ofrece otra solución: Cambiar la fórmula.
Los investigadores pusieron a prueba a 16 mujeres, estudiantes veinteañeras que realizaban labores sentadas usando prendas ligeras en habitaciones llamadas cámaras de respiración, que dan seguimiento al oxígeno inhalado y al bióxido de carbono exhalado. La temperatura del cuerpo era medida en las manos, el abdomen y otras partes. Una píldora termómetro que tragaron las mujeres reportó la temperatura corporal interna.

Los investigadores encontraron que el índice metabólico promedio de las mujeres era entre 20 y 32 por ciento más bajo que los índices en la gráfica estándar usada para establecer la temperatura de los edificios. Así que proponen ajustar el modelo para incluir los índices metabólicos reales de las mujeres y los hombres, más factores como el aislamiento del tejido corporal, no solo la ropa. Por ejemplo, las personas que pesan más generan calor más rápidamente, y las personas de mayor edad tienen índices metabólicos más lentos, informó el estudio.

Cuánto más caliente debería estar una oficina variaría, por supuesto, pero el estudio cita investigación que encuentra diferencias de tres grados en las preferencias de mujeres y hombres. Kingma dijo que una mujer podría preferir una habitación en 24 grados centígrados, mientras que un hombre preferiría unos 21 grados, la cual, dijo Kingma es la temperatura común de las oficinas actualmente.

Algunos expertos dudan de que la fórmula propuesta sea fácilmente adoptada.

Khee Poh Lam, un profesor de arquitectura en la Universidad Carnegie Mellon, dijo que aun cuando la industria aceptara un cambio al antiguo modelo, los edificios a menudo albergan a diferentes empresas o “meten a más personas” que el número para el cual fueron diseñados y dividen oficinas de manera que los termostatos y ductos de ventilación están en diferentes habitaciones. Dadas estas improvisaciones, añadió, “si esto realmente afecta a la energía, pienso que es un gran salto”.

Sin embargo, dijo, “necesitamos seguir presionando” por mejoras porque “el fenómeno de que las mujeres pasan frío es muy obvio”, y los empleados con frío o calor son menos productivos.

Los controles de temperatura individualizados son la respuesta eventual, dijo Lam, quien ayudó a diseñar un “módulo ambiental personal” en los años 90 que fue considerado demasiado costoso para su desarrollo comercial. Ahora, otros están desarrollando sistemas que permiten a los empleados volver a sus cubículos más cálidos o más fríos.

Kimberly Mark, de 31 años de edad, lo apreciaría. Este verano, en una compañía de software en Natick, Massachusetts, ella y otras colegas están usando calentadores de espacio. El termostato está en la oficina del “tipo al lado mío”, dijo, “y soy la única mujer en las oficinas que él controla”.

Phoebe McPherson, de 21 años de edad, dijo que en ocasiones usa leggins gruesos, una blusa de manga larga, una sudadera y botas de motociclista para ir a trabajar en una empresa emergente de tecnología de salud en Reston, Virginia. A menudo añade un cobertor con el que “envuelvo mis piernas”, y usa un Snuggie (un cobertor con mangas) al revés para sellar cualquier apertura.

“Usé un vestido una vez y tuve que ir a cambiarme”, dijo McPherson, quien asistió a la universidad en Nueva Hampshire. Mientras sus colegas varones usan playeras, “yo llevo toda mi ropa de Nueva Hampshire al trabajo”. Y cuando eso y el café caliente fallan, restriega la nariz contra una pared de pelaje de imitación blanco en la oficina, solo para “sentir cómo se calienta mi piel contra el pelaje”.

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