New York Times Syndicate

Dos estrellas de YouTube desde la zona de guerra

En medio de la zona de guerra en Ucrania, dos científicos caseros se han vuelta celebridades de YouTube con sus experimentos con microondas, latas y televisores
Andrew Roth
© 2015 New York Times News Service
24 julio 2015 19:31 Última actualización 25 julio 2015 5:0
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Pavel Pavlov y Alexander Kryukov, originarios de Lugansk, graban videos que son vistos por millones den YouTube. ¿El giro? Viven en una zona de guerra. (NYT)

Pavel Pavlov y Alexander Kryukov, originarios de Lugansk, graban videos que son vistos por millones den YouTube. ¿El giro? Viven en una zona de guerra. (NYT)

LUGANSK, Ucrania. El microondas era prestado, lo llevó a reparar una familia que huyó por los bombazos del año pasado y nunca regresó. Con unas cuantas modificaciones y el acertado uso de una lata de sopa, lo convirtió en un arma que lanzaba rayos que podían explosionar un radio portátil.

O, por decir, freír dos huevos en un plato en un experimento en el jardín. Eso era lo que Kreosan, el dúo de la ciencia, planeaba hacer una fresca mañana esta primavera. Cuando llegó el momento de mover el interruptor para encender el magnetrón, Pavel Pavlov, de 21 años, le dijo a un reportero que se hiciera para atrás.

“Sea lo que sea que le haga a los huevos, se lo puede hacer a sus ojos”, dijo y colocó el disco del destripado microondas en máximo.


Pavlov y su socio Alexander Kryukov, de 32 años, son originarios de Lugansk, una ciudad industrial de bloques de departamentos de la época soviética y cabañas calentadas con carbón, de la cual se apoderaron los separatistas y bombardearon el verano pasado en la guerra entre el ejército ucraniano y la República Popular de Lugansk. Luego vinieron meses de apagones y bloqueo económico, y ahora un futuro desalentador como Estado paria, desconectado de Ucrania, sin ser parte de Rusia.

La situación era tan mala en julio del año pasado, cuando Kryukov y Pavlov publicaron su primer video del experimento magnetrón, el cual acumuló 2.5 millones de vistas en línea, la reacción inicial del público fue manejarlo como prueba de vida.

“¡Siguen vivos los tipos del canal Kreosan en YouTube!”, decía el anuncio en el sitio web sobre ciencia d3.ru, en ruso.

A medida que las perspectivas para Lugansk parecían más sombrías, Pavlov y Kryukov surgieron como guías extravagantes, pero francos en una zona de guerra desconocida, una voz en internet para los lugareños que dejaron las “g” rusas en acentos autóctonos y se sorprendieron por el repentino estallido de la violencia en su zona industrial, aletargada y retrasada.

Millones de ucranianos y rusos se conectaron para ver a los dos hombres filmar una variedad de experimentos científicos caseros, pirateos de la vida en tiempos de guerra y responder otras preguntas ardientes: ¿Ya se pagaron las pensiones? Cómo recargar el teléfono con las vías comunes del ferrocarril, y qué pasa cuando le cae un rayo a un televisor.

El conflicto les ha costado caro a Kryukov y Pavlov: sus amigos han huido y han tenido que buscar medicamentos para parientes enfermos. Sus archivos de videos del último año están llenos del zumbido de los jets de combate y el resplandor de los incendios en las casas durante los bombardeos nocturnos. Sin embargo, ha aumentado su perfil en internet, lo que les permitió renunciar a sus empleos tradicionales como técnico en electrodomésticos y trabajador de servicios públicos. Desde entonces, los han invitado a exposiciones de internet en Kiev y Moscú, destinos a los que la excéntrica pareja llegó casi exclusivamente de aventones por una zona de guerra todavía ardiente.

A Kryukov, la inspiración le llegó el verano anterior, durante el apagón, cuando el video del magnetrón tuvo un millón de vistas en un solo día. “Me di cuenta de que era tiempo de reducir las reparaciones de televisores y pasar más tiempo en YouTube”, dijo en una entrevista en su recámara de la infancia, en la casa de su abuela. Pavlov intervino: fueron 900 mil vistas y al principio pensaron que se trataba de un error.

Después de todo, es ciencia campirana, de baja tecnología. Su cámara digital está equipada con bolsas de aire de unicel, hechas en casa. Realizan muchos de los experimentos en el jardín de la abuela de Kryukov. Durante uno de ellos, su único público era un sordo en un lote adyacente, quien dejó de sembrar papas para asomarse por encima de la barda.

Una entrevista nocturna en la casa de la abuela de Kryukov tenía que ser discreta. “Silencio”, dijo Pavlov al recibir a su invitado. “Sasha tiene una abuela irascible”.

Los dos hombres, egresados de escuelas técnica en Lugansk, planean sus siguientes actividades en la recámara de Kryukov, un templo a su pasatiempo con la experimentación electromagnética, donde hay transistores y otras partes en una cajonera pequeña.

“Sólo quiero seguir haciendo nuestros experimentos”, dijo Pavlov en la entrevista. “Antes, sólo eran sueños. Ahora, si seguimos, serán planes”.

Como todos los buenos programas de amigos, hay truco: la edición del video es dispareja, Kryukov se viste con camisas abotonadas, de estampados fuertes, y ambos exhiben un enfoque despreocupado ante la seguridad. (En un video, que sabiamente no se hizo público, ambos inspeccionan un proyectil sin detonar.)

Quizá lo más insólito de la pareja es que, en una guerra que ha dividido profundamente a Ucrania, donde nadie es indiferente, los dos dicen ser neutrales. Más bien, el conflicto es parte de un paisaje que emerge en momentos extraños, como los informes distantes del fuego de artillería al finalizar un video.

Esa neutralidad no es una posición calculada para evitar ofender al espectador. Es una de fe.

“Nuestro señor Jesucristo no toma partido, y debemos esforzarnos por actuar a semejanza suya”, dijo Kryukov. "Nosotros estudiamos la Biblia, y nuestros miembros, los llamamos hermanos y hermanas, viven en Rusia y Ucrania. Si tomáramos partido, nos convertiríamos en enemigos de alguien. Y no queremos ser enemigos de nuestros hermanos y hermanas”.

Los dos hombres son Testigos de Jehová, una fe que creció rápidamente aquí, después de la caída de la Unión Soviética, pero que existió en secreto durante años antes de eso.

Se conocieron después de la iglesia hace cuatro años, y los unió el interés de Kryukov en la electricidad y el de Pavlov en las bicicletas. Juntos, decidieron hacer una bici eléctrica. Luego hicieron explosiones de ollas, esferas luminosas, antenas para wifi y generadores caseros.

“Tengo muchas ideas, pero no soy bueno para llevarlas a la práctica”, dijo Kryukov. “Vi que Sasha es más dinámico. Es apasionado. Toma la iniciativa”.

Por ahora, el par tiene objetivos modestos: transformar su fama en internet en un ingreso estable y, quizá en el camino, comprar una nueva cámara digital y juntar dinero suficiente para el siguiente experimento.

Sin embargo, hay más ideas para el futuro. Una expedición científica a Chernóbil, el sitio de la fusión nuclear en 1986, es un plan. Al igual que un viaje en globo de aire caliente, una quimera mientras armamento antiaéreo guarde celosamente los cielos del este de Ucrania.

“Tenemos tantas ideas”, dijo Pavlov. “Cuando te acuestas a dormir, algo interesante te brinca en la cabeza. Lo más importante es no olvidarla en la mañana”.

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