New York Times Syndicate

Doncellas de la Acrópolis vuelven a resplandecer

Cinco de las seis hermanas de mármol del templo sagrado de Erecteión han recobrado su luminoso blanco tras una restauración realizada por el Museo de la Acrópolis.
Liz Alderman
© 2014 New York Times News Service
18 julio 2014 0:34 Última actualización 18 julio 2014 5:0
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Restauración realizada por el Museo de Acrópolis con tecnología láser. (NYT)

Restauración realizada por el Museo de Acrópolis con tecnología láser. (NYT)

ATENAS, Grecia. Durante dos mil 500 años, inquebrantables, las seis hermanas estuvieron en lo alto de la Acrópolis, mientras el fuego de la guerra ardía a su alrededor, las balas mellaban sus túnicas y bombas marcaban sus cuerpos curvilíneos. Cuando secuestraron a una de ellas en el siglo XIX, por las noches era posible oír llorar a las otras cinco, según las leyendas.

Sin embargo, hasta hace poco es que las afamadas estatuas cariátides de la antigua Grecia tuvieron la oportunidad de revelar toda su gloria.

Durante los últimos dos años y medio, restauradores del Museo de la Acrópolis limpiaron a las doncellas, unas columnas iónicas en forma femenina, que se cree fueron esculpidas por Alcámenes, un estudiante de Fidias, el más grande artista de la antigua Grecia. Su función inicial fue la de servir de apoyo en una parte del Erecteión, el templo sagrado, cercano al Partenón, que rendía homenaje a los primeros reyes de Atenas y a los dioses griegos Atenea y Poseidón.

Hoy, son una atracción protagónica en el museo; en 1970, se remplazaron en el exterior a las doncellas originales con reproducciones para mantenerlas a buen resguardo.

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Al paso de los siglos, una capa de suciedad negra fue enmascarando su belleza. Ahora, los restauradores les han devuelto su resplandor original del marfil con la ayuda de tecnología láser especialmente desarrollada para ellas.

Restauración de estatuas cariátides de la antigua Grecia. (NYT)


Para coincidir con el quinto aniversario del museo, las mujeres –menos una– estuvieron en plena exhibición en junio, resplandecientes por su moderno cambio de imagen.

La cariátide faltante está instalada en el Museo Británico en Londres, el cual la adquirió hace casi dos siglos, después de que el embajador británico ante el Imperio otomano hizo que la serrucharan del pórtico del Erecteón, junto con cargamentos de adornos del Partenón, para decorar su mansión en Escocia, aunque, después, tuvo que vender las piezas para pagar deudas.

Autoridades griegas y británicas han peleado de tiempo atrás por el retorno de estos llamados mármoles del Partenón, una disputa que volvió a caldearse hace poco, cuando, durante una presentación de la película “The Monuments Men”, en Londres, los actores George Clooney, Matt Damon y Bill Murray salieron a apoyar que se regresen las estatuas a su lugar de origen. Eso encendió una tormenta de fuego en Gran Bretaña, la cual sostiene que lord Elgin salvó los mármoles de la destrucción y los adquirió limpiamente.

“Alguien debe apretarle los tornillos a George Clooney”, replicó Boris Johnson, el alcalde de Londres.

La controversia podría volver a estallar porque el Museo Británico planea una exposición para la próxima primavera sobre el cuerpo humano en las esculturas griegas, incluidos algunos de los mármoles del Partenón.

Los griegos no han sido recatados para usar la restauración de las cariátides para apoyar sus argumentos. La limpieza reciente muestra que el museo puede con su retorno, dijo Dimitris Pantermalis, el presidente del Museo de la Acrópolis.

“Insistimos en una solución a los mármoles de Elgin”, expresó Pantermalis. “Un país debe estar preparado cuando reclama algo, y el Museo de la Acrópolis ya hizo eso”.

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Un día entre semana, hace poco, Pantermalis caminó entre las multitudes de personas paradas, fascinadas, mirando alrededor de un estrado especial donde se exhibe a las cinco cariátides restantes. “Borrada la contaminación, podemos interpretar más de la historia de los últimos dos mil 500 años”, notó.

Restauración de estatuas cariátides de la antigua Grecia. (NYT)


Grupos compactos de personas veían videos sobre el proyecto de limpieza en pantallas de video que se colocaron en la sala del museo. Restauradores con gafas oscuras utilizaban un láser de doble longitud de onda, desarrollado por la Fundación para la Investigación y la Tecnología Hellas en Creta; un sistema que también se empleó para restaurar el friso occidental del Partenón y las metopas en altorrelieve que adornaban la entrada oriental.

Rayos infrarrojos y ultravioletas pulsaban por toda la bastilla de la túnica de una cariátide, quemando hollín, milímetro a milímetro, para revelar el teñido albaricoque d el mármol original.

Al comienzos de 2010, un equipo de seis restauradores griegos se centró en una cariátide a la vez, aislándolas para mapear la superficie antes de atacar la cubierta oscura de contaminación que se engrosó cuando Atenas se convirtió en una metrópolis moderna, llena de gases del escape de los coches, los humos de las fábricas y la lluvia ácida.

A lo largo del camino, los restauradores encontraron rastros de un incendio enorme, ocurrido en el siglo primero AC, iniciado por el general romano Sulla, así como pedazos de mármol de restauraciones mal hechas, realizadas hace siglos.

Se requirieron de seis a ocho meses para transformar cada estatua, lapso en el que los equipos se rotaban los turnos para evitar la fatiga. Los costos de la restauración fueron mínimos y se fondearon con el ingreso de las ventas de boletos y de la tienda del museo, explicó Costas Vassiliadis, un restaurador que coordinó al equipo.

“Casi parecía la remoción de tatuajes”, notó Shawn Hocker, un turista que viajó desde Wilmington, Carolina del Norte, a la Acrópolis con su esposa y amigos. “Pude imaginar cómo se veían en el mundo antiguo”.

El museo planea limpiar otras esculturas arquitectónicas de la Acrópolis con la tecnología láser, comentó Vassiliadis, aunque declinó dar detalles porque todavía no se anuncian los nuevos proyectos.

En su lugar original, las cariátides estaban en el pórtico del Erecteón, con una vista panorámica de la parte sur, hacia el mar Egeo. Descansaban en posición de contrapposto, tres de ellas paradas firmemente sobre la pierna derecha, doblando, recatadamente, la rodilla izquierda bajo túnicas diáfanas. Las otras estaban paradas en la pose contraria. Juntas sostenían una parte del enorme techo del templo.

Los orígenes de las cariátides son menos poéticos: según una leyenda, contó Pantermalis, el propósito no era glorificar a las damas esculturales, sino condenarlas a estar paradas, en penitencia, en el templo, por toda la eternidad, para expiar una antigua traición cometida por Caryae, su ciudad griega de origen, cercana a Esparta, que tomó partido por los persas en contra de los griegos durante las guerras greco-persas.

Otros historiadores dicen que la inspiración fueron las jóvenes de la ciudad que bailaban para la diosa Artemisa. Las estatuas carecen de nombre e, incluso hoy día, se las conoce simplemente con las letras A, B, C, D, E y F, señaló Vassiliadis.

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 Bajo el Imperio otomano, se convirtió al Erecteón en un harén, una humillación de la que sobrevivieron las cariátides. Poco después, en 1687, las mellaron las balas y los escombros cuando lanzaron proyectiles contra el Partenón en la batalla entre turcos y venecianos.

Sin embargo, funcionarios dicen que el equivalente moderno a esa destrucción es el enorme agujero que quedó cuando lord Elgin se escapó con la estatua.

Pantermalis miró a través de la ventana hacia el Partenón, inclinado hacia el cielo desde la enorme roca de la Acrópolis. “Han pasado 200 años”, notó, regresando la mirada hacia las cariátides. “Pensamos que, en el marco de nuestro museo nuevo, es posible reunir nuestros tesoros”.

Templo griego Erecteón. (NYT)
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