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Disfruta el lugar bajo el sol de Fitzgerald

Juan-les-Pins es un lugar situad al sur de Francia en el cual podrás aislarte del mundo, siempre con el placer de que ahí vivió el afamado escritor estadounidense Francis Scott Fitzgerald. 
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22 mayo 2015 15:46 Última actualización 23 mayo 2015 5:0
Playa

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A menos que usted esté en el yate de un multimillonario que requiera un puerto de aguas profundas o un paparazzo que aceche a Leonado DiCaprio a lo largo de la Riviera, quizá no tenga razón para encontrarse cerca de Antibes o su encantadora aldeíta hermana, Juan-les-Pins, en una noche de verano. Y eso sería desafortunado, porque entre las legendarias diversiones de Cap d’Antibes está explorar la rocosa península en la Riviera Francesa que inspiró a uno de los más grandiosos escritores de Estados Unidos.

Ha pasado casi un siglo desde que F. Scott Fitzgerald vivió aquí, en una casa rentada junto al mar llamada Villa San Luis, con su esposa casi loca, Zelda, y su rubia hija, Scottie. Unos años después de que los Fitzgerald se fueron en 1927, la casa en el rompeolas en Juan-les-Pins fue ampliada para convertirla en un hotel llamado Belles-Rives, ahora con 40 habitaciones y cinco estrellas.

Fitzgerald y el resto de su grupo de la Era del Jazz han sido llevados “en regresión incesante hacia el pasado”, como predijo en la más famosa de sus frases de The Great Gatsby, pero la naturaleza esencial de Cap d’Antibes sobrevivió a ellos. La “difusa magia del cálido y dulce Sur . la noche de suaves pisadas y el fantasmal oleaje del Mediterráneo más abajo” que Fitzgerald describió en “Tender Is the Night” es tan palpable ahora como entonces, aun cuando la demografía del grupo adinerado que tanto le intrigó ahora sea menos anglo-estadounidense y más rusa, china y árabe.

Desde todas las terrazas del hotel y desde el restaurante asomado hacia el rompeolas, uno puede ver aún el pequeño y parpadeante faro verde, a solo unos 100 metros de distancia, que advierte a los barcos sobre la costa rocosa poco profunda. El faro, el cual Fitzgerald había visto en visitas previas al área, quizá haya sido el modelo para la luz verde en el muelle que simbolizaba el deseo que sentía Jay Gatsby por la elusiva Daisy, y su efímero objetivo de pertenecer al grupo de los ricos.

Durante una reciente estadía en Antibes, pasé unas noches en el Fitzgerald Bar, una joya de habitación con un gran piano, mesas con espejos, pequeñas sillas art decó tapizadas en estampado de leopardo y puertas francesas que abren hacia el mar. Ordené un solo coctel “Terapia Verde” de ginebra, pepino y clara de huevo (me sentí tentado a pedir otro pero costaban 20 euros cada uno) y me acomodé para observar a la gente bien que se pavoneaba en el vestíbulo.

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El Cabo sigue siendo lo suficientemente democrático para que muchos tramos de las playas sean públicos. Aquí, entre paredes ruinosas y aguas superficiales color esmeralda pálido, hombres y mujeres de edad mediana bucean y toman baños de sol en topless, sin importarles sus rollitos de grasa.

Fitzgerald era famoso por su obsesión con los misterios de las riquezas grandiosas. En Antibes hoy, los visitantes aún pueden observar, especular y preguntarse sobre los semidioses detrás de las paredes de las villas y en los yates, al igual que lo hacía el autor de The Great Gatsby, quien supuestamente concluyó que los ricos “son diferentes a usted y a mí”.

Fitzgerald había pasado tiempo en la Riviera antes, y terminó el “Gatsby” ahí. Vivió en Antibes de tiempo completo por dos años y posteriormente los llamó los más felices de su vida.

Por las mañanas y en las tardes, los nativos se reúnen en las cafeterías o juegan petanque en la gran plaza polvorienta cerca del parque Le Pinede, con su zona de juegos y su extraño y antiguo edificio de piedra redondo encantadoramente llamado “Bibluothèque Pour Tous”. En la noche, cuando la brisa del mar no está soplando hacia tierra, Juan-les-Pins huele ligeramente a África del Norte, una combinación de diesel, polvo, aceite de cocina y flores empalagosas. El distrito del entretenimiento tiene una orilla sórdida, con sillas en las aceras en clubes nocturnos como el Pam Pam y tiendas de bocadillos con nombres estadounidenses: Monster Burger y Wall Street.

De día, al otro lado de la península desde Juan-les-Pins, en el Viejo Antibes, el centro medieval de la ciudad, el cubierto Marché Provençal ofrece otra diversión democrática. Largas filas de mesas muestran una abundancia de quesos, aceitunas, aceites y brillantes verduras y frutas, mieles y mermeladas y, por supuesto, jabones de Marsella.

Es probable que los visitantes modernos de Antibes sean atacados por un ansia por el lujo y, en la ex villa de Fitzgerald, lo encuentran. La dueña actual del Belles-Rives, Marianne Estène-Chauvin, renunció a una carrera como comerciante de arte en Casablanca para hacerse cargo del hotel. Había estado en su familia por tres generaciones, desde que su abuelo, un emigrante ruso, compró la villa original en los años 30 y se dispuso a ampliarla para convertirla en un hotel junto a la playa. El Belles-Rives ha albergado desde entonces a celebridades como Ella Fitzgerald, Jean Cocteau y Josephine Baker.

Estène-Chauvin está orgullosa de la conexión de Fitzgerald con la propiedad. “Él fue feliz aquí”. Ella ha trabajado para cimentar la conexión con él en parte porque los agentes inmobiliarios locales incorrectamente han identificado a una casa vecina en la playa, La Villa Picolette, como la ex vivienda de Fitzgerald.

Para asegurar el enlace de su hotel con el autor, Estène-Chauvin cuelga retratos en blanco y negro de Fitzgerald y Zelda en el vestíbulo, con su jaula de elevador art decó. Ha colocado una gran cita enmarcada de una carta de 1926 que él envió a Hemingway al lado de una palmera en maceta: “Con nuestro regreso a una agradable villa en mi amada Riviera (entre Niza y Cannes) estoy más contento de lo que he estado en años. Es uno de esos momentos extraños, preciosos y demasiado transitorios en que todo en la vida de uno parece ir bien”.

Fitzgerald quizá haya sido feliz en Juan-les-Pins, pero Zelda aparentemente no lo fue. Estaba teniendo una crisis y eventualmente fue internada en Estados Unidos. Además de ser un registro de la vida de los ex patriados estadounidenses de la Era del Jazz en Antibes y otras partes de Europa, “Tender Is the Night” también es una crónica inmisericorde del colapso de un matrimonio. Eventualmente, la locura de la esposa rica es transferida al esposo anteriormente sano.

Fitzgerald y su familia dejaron Antibes en 1927, para nunca regresar, dirigiéndose eventualmente a Hollywood y a la declinación alcohólica que le causó la muerte a los cuarenta y tantos años.

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Hace cinco años, Estène-Chauvin creó el Premio Literario Fitzgerald. Anualmente desde entonces, un jurado de escritores y críticos franceses ha seleccionado a un autor que trabaja en un estilo o aborda temas que interesaron a Fitzgerald. Los anteriores ganadores incluyen a Jonathan Dee, cuya novela “The Privileges” parodió a una familia del Nueva York moderno dedicada a los fondos compensatorios, y a Amor Towles, cuya novela de 2011 “Rules of Civility” retrataba a la clase superior de Manhattan a fines de los años 30. En 2014, el escritor y cineasta Whit Stillman ganó el premio por su cinta de 1998 y su libro de 2000 “The Last Days of Disco”, sobre un grupo de neoyorquinos de clase alta que cumplieron la mayoría de edad en los 80. Los nominados al Premio Fitzgerald de este año son John Niven, James Salter, Robert Goolrick, Adelle Waldman y Rachel Kushner. El ganador será anunciado en un evento el 5 de junio.

Estène-Chauvin hospedará al ganador por una noche en la antigua habitación de Fitzgerald.

Antibes y su hermanita, Juan-les-Pins, mejor conocidas como puerto y zonas de diversión para los súper ricos, también resultan ser grandiosas para observar gente, ir de compras, comer, nadar y apreciar arte.

Consiéntase

El Hôtel Belles-Rives ofrece lujo junto al mar. Una comida en La Passagère, su restaurante de cinco estrellas, es cara pero vale la pena. Vaya en busca de cocteles al íntimo Fitzgerald Bar. También hay un spa y acceso a la piscina. Las habitaciones empiezan en 150 euros por noche (o 160 dólares a 1.07 dólares por euro). El hotel cierra durante el invierno entre el 4 de enero y el 11 de marzo de 2016. 

Le Marché Provençal

es un mercado techado en el centro de la vieja ciudad amurallada. Las mesas se comban bajo el botín del sur de Francia: frutas y verduras, miel y productos derivados de la miel, productos de lavanda, vinos, aceitunas y aceites de oliva y tapenades, quesos, panes, ropa blanca, flores y cerámica.

Nutra el cuerpo y el alma

El Musée Picasso, en un castillo Grimaldi del siglo XIV, ofrece dibujos y pinturas de Picasso producidas durante sus estadías en o cerca de Antibes en los años 40, así como una importante colección de cerámica que él produjo en la cercana Vallauris. Entrada: 6 euros. 

La Playa Garoupe

es una diminuta media luna de arena en el lado oriental de la península a la que Fitzgerald comparó con una brillante alfombra para orar color canela“ cuando él y sus amigos retozaron ahí. Rente sillas de descanso y compre ”frites" en el puesto de comida bañado por el sol o, acuda en el crepúsculo y cene en los restaurantes más elegantes ubicados en sus orillas.

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