New York Times Syndicate

Dinamarca lanza rehabilitación para yihadistas

A través de este programa se les ofrece terapia para que entiendan que se puede “ser un buen musulmán, quizá hasta uno mejor” en cualquier lado; asimismo los apoya en la readmisión a la escuela, reuniones con padres y otros esfuerzos de acercamiento. Se desarrolló en el 2007 para lidiar con los extremistas de derecha.
Andrew Higgins
19 diciembre 2014 12:40 Última actualización 20 diciembre 2014 5:0
Siria

Tras combatir en Siria, los jóvenes que regresan a Aarhus tiene la oportunidad de tener una vida normal.

AARHUS. En muchas partes de Europa, ya estaría en la cárcel ahora. Sin embargo, aquí, en la segunda ciudad más grande de Dinamarca, el joven, de 21 años de edad y ascendencia turca, quien pasó 13 meses en Siria combatiendo en el nombre del islam, pasa los días jugando futbol, haciendo ejercicio en un gimnasio y esperando ansiosamente para ver si ya aseguró un sitio para estudiar ingeniería en una universidad local de gran prestigio.

“Me siento a gusto. No tengo problemas aquí”, dijo Osman, el exguerrero yihadista, quien habló a condición de que solo se le identificara por su nombre de pila. Desde su regreso de los campos de batalla en Siria a esta tranquila ciudad portuaria, ha sido parte de un programa pionero, con el cual se trata, a quienes fueron combatientes por una sola vez, no como criminales ni terroristas potenciales, sino como jóvenes obstinados que merecen una segunda oportunidad.

El programa, bajo estrecha observancia de las autoridades en toda Europa, implica terapia, ayuda con la readmisión a la escuela, reuniones con padres y otros esfuerzos de acercamiento. Se desarrolló en el 2007 para lidiar con los extremistas de derecha, vinculados al club de futbol Aarhus.

Ahora, que está disminuyendo el vandalismo neonazi y aumentando la alarma por los yihadistas europeos, se ha reestructurado para abordar uno de los problemas de Europa, debatidos con mayor vehemencia: cómo lidiar con cientos de jóvenes musulmanes que fueron a luchar a Siria y regresaron a sus lugares de origen.

AL REGRESAR DE SIRIA, EL ENCIERRO LOS ESPERA

En gran parte de Europa, la respuesta ha sido encerrarlos o, al menos, hacer que los investiguen fiscales. Bélgica, Gran Bretaña, Francia, Alemania y Noruega han detenido a los combatientes que retornan, bajo sospecha de que se integraron a una organización terrorista en el extranjero o por violar las restricciones para viajar a Siria.

Los Países Bajos prohibieron el retorno a algunos combatientes sirios, y ordenaron que quienes sí regresaron y enfrentan un juicio que utilicen un brazalete electrónico para el tobillo. Bélgica, el país con la cantidad más elevada de combatientes sirios per cápita, no solo se ha enfocado en quienes han regresado, sino también ha procesado a personas que se quedaron y alentaron a otros a que fueran a pelear.

El alcalde Boris Johnson de Londres resumió lo que se ha convertido en la respuesta más común de Europa en un artículo publicado en The Daily Telegraph. “Necesitamos dejar claro como el agua que se les aprehenderá si se van a Siria o a Irak sin una buena razón”, escribió. Dinamarca, con el segundo número más alto de combatientes extranjeros per cápita, tomó otra dirección, rehuyendo el castigo a favor de la rehabilitación.

AARHUS, PROGRAMA PIONERO EN EUROPA

“No podemos darnos el lujo de no volver a incluirlos en nuestra sociedad y de asegurarnos de que cambie su camino de radicalización, para que puedan ser parte activa de nuestra sociedad”, notó Jacob Bundsgard, el alcalde social demócrata de Aarhus, un pionero del enfoque más ligero.

Según la policía, 31 musulmanes de Aarhus, todos menores de 30 años, han viajado desde finales del 2012 a Siria para apoyar a las fuerzas que combaten al gobierno de Bashar Asad, pero sólo uno fue este año. Se cree que murieron cinco de ellos, incluidas dos mujeres, y 16 han retornado a su lugar de origen.

“Pareciera que está funcionando lo que estamos haciendo”, notó Jorgen Ilum, el jefe de policía en la región, al describir el programa como un ejercicio de “prevención del crimen” con el que se busca “proteger a la sociedad de los extremistas”, no consentir a los yihadistas. El jefe de la policía reconoció que la “rehabilitación” total de quienes retornan es extremadamente difícil, y que “ninguno de ellos es del todo normal”, pero agregó que ninguno se ha desviado hacia el extremismo desde que regresaron.

Los temores de que los excombatientes se desboquen en sus países de origen han sido intensos desde que Mehdi Nemuche, un musulmán francés, de 29 años, mató a cuatro personas en el Museo Judío de Bruselas en mayo, tras pasar un año en Siria.

Con un estudio del 2013, de Thomas Hegghammer, un investigador en la Fundación Noruega de Investigación sobre la Defensa, entre 945 combatientes yihadistas que retornaron de conflictos anteriores en Afganistán, Bosnia y otras partes, se encontró que un máximo de uno de cada nueve excombatientes regresaba a su lugar de origen a tramar o llevar a cabo ataques en Occidente.

Hegghammer, en entrevista telefónica, dijo que la proporción de personas que regresaban entre aproximadamente 3 mil europeos que se han ido a Siria a pelear era, hasta ahora, mucho más baja. En Aarhus, la policía investiga a quienes regresan, con la ayuda del servicio de seguridad interna, conocido como PET, pero no han detenido a ninguno de los 16 que están de vuelta.

"EXTREMISMO NO TIENE LUGAR EN EL ISLAM"

En su lugar, se les ofreció un “mentor”, cuya tarea es convencerlos de que el extremismo no tiene lugar en el islam de la corriente principal. Preben Bertselsen, un profesor de psicología en la Universidad de Aarhus, cuyas teorías ayudaron a apuntalar lo que se conoce como el “programa de salida para ciudadanos radicalizados”, dijo que quienes retornan habían “perdido su brújula moral”, pero “solo se convertirán en bombas de tiempo si no los integramos” de nuevo a la sociedad.

El enfoque en Aarhus, dijo, está orientado a prevenir actos criminales ejecutados por excombatientes, no para purgar sus creencias. “No soy la policía política o religiosa”, notó. Erhan Kilic, un abogado en Aarhus que nació en Turquía, es musulmán practicante y quien funge como mentor, dijo que el mayor obstáculo es ganarse la confianza.

Si se logra, dijo, “puedes cambiar sus ideas en forma moderada” al exponer las fallas en la interpretación que hacen de su fe. “El problema no es el mensaje del islam; es los individuos que causan todos los problemas”, explicó, además notó que es frecuente que los jóvenes reclutas para el islam extremistas sepan poco sobre la fe y adquieran sus puntos de vista al ver videos de predicadores incendiarios en YouTube o por las pláticas en el patio de recreo sobre la humillación de Occidente hacia el mundo musulmán.

Mohamed, un residente de 25 años de edad, de ascendencia somalí, quien solicitó ser identificado solo con el nombre de pila, ejemplifica cómo la terapia puede disuadir del extremismo a por lo menos algunos jóvenes musulmanes.

Contó que nunca planeó pelear en Siria, pero sí pretendía abandonar los estudios y mudarse a Pakistán, después de que se involucró con una organización de jóvenes radicales que le ofrecieron amistad y consuelo tras la muerte de su madre y una disputa con el director de su secundaria.

Juntos, dijo, veían videos de Anwar al Awlaki, el predicador yihadista que nació en Estados Unidos y murió en el 2011 en Yemen, en un ataque con drones, y se convencían unos a otros de que “nunca vas a poder ser un buen musulmán en Dinamarca, donde siempre vas a ser un extraño, y debes mudarte a un país musulmán para que te respeten”.

Después de que la policía estuvo en su casa porque le avisaron del creciente radicalismo de la organización, Mohamed aceptó recibir terapia y, lentamente, contó, llegó a ver que “puedo ser un buen musulmán, quizá hasta uno mejor, en esta sociedad”.

Aun cuando quienes han regresado rechacen la terapia, como sucedió con 10 de los 16, a menudo están dispuestos a aceptar asistencia para adaptarse a la sociedad. “No necesito un mentor. No necesito su ayuda”, dijo Osman el combatiente que regresó.

No obstante, le pidió ayuda para ingresar a la universidad a un policía involucrado en “el proyecto de desradicalización”. Dijo que no lamentaba haber ido a Siria y que había planeado regresar al campo de batalla después de visitar a su familia. En cambio, se casó y espera iniciar clases en febrero. Ir a Siria ahora, comentó, “es demasiado peligroso”.

El cambio de concentrarse en los neonazis a los extremistas musulmanes en Aarhus ha llevado a algunas revisiones polémicas del programa original, incluida una iniciativa de la policía para iniciar un diálogo con una mezquita local, que los críticos dicen es un espacio fértil para los puntos de vista radicales. La mezquita, a la que asisten 22 de los 31 de Aarhus que han ido a Siria, promueve una versión fundamentalista salafi del islam.

Políticos derechistas han demandado que se cierre, en particular después de que el predicador Abu Bilal Ismail dio un sermón en Berlín, en verano, en el que tronó contra los “judíos sionistas” y llamó a Dios a que “los contara y los matara hasta que no quedara ninguno”. El alcalde Bundsgard dijo que la mezquita Grimhoyvey “es un problema” que “no le está haciendo ningún bien a la comunidad local ni a la comunidad musulmana. Sus creencias, fundamentalmente, no son aceptables en cualquier persona”.

Sin embargo, cerrarla sin ninguna evidencia de alguna actividad ilegal, notó, no es una opción. “En una sociedad abierta”, preguntó, “¿cómo cuestionas, sin comprometer tus principios básicos, el hecho de que algunos no concuerdan con estos principios básicos?”.

Usama el Saadi, el presidente de la mezquita, dijo que estuvo de acuerdo en permitir que las autoridades en Aarhus introdujeran su programa de prevención en la mezquita tras obtener la garantía de que los funcionarios no querían meterse en asuntos religiosos y “mostrarían respecto” por la posición de la mezquita sobre el islam.

Negó que la mezquita alentara a los jóvenes musulmanes a ir a Siria. Explicó que algunos de los que fueron a luchar habían asistido a la mezquita, pero “son cientos de personas las que vienen, así es que es imposible para nosotros saber quiénes son todas ellas”.

Toke Agerschou, un funcionario en el departamento de la juventud del gobierno local, quien ayuda a dirigir el programa de desradicalización, dijo que el diálogo ofrece la mejor forma de “cuestionar una mentalidad completa, una concepción del mundo completa”. Meter a la cárcel a quienes regresan de Siria, añadió, “es fácil”, pero solo los va a exponer a mayor radicalización, mientras “que volverlos a integrar a la sociedad es muy difícil”, pero tiene mayor potencial de redituar en el largo plazo.

Si bien hay orgullo por los resultados hasta ahora, algunos llaman la atención a que la verdadera prueba será si empiezan a regresar combatientes más endurecidos, que se han quedado en Siria y se unieron a la organización extremista Estado Islámico. “Si ya regresaron a Dinamarca, no son verdaderos extremistas”, dijo el jefe de la policía Ilum.

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