New York Times Syndicate

Diagnóstico temprano de la enfermedad de Parkinson

Científicos británicos realizaron un estudio sobre síntomas previos a la enfermedad de párkinson. Los resultados indicaron que el daño causado por la enfermedad comienza antes de que se desarrollen síntomas. Si se identifican los agentes que modifican a la enfermedad, quizás se podría frenar el avance de la enfermedad.
Jane E. Brody
27 marzo 2015 21:22 Última actualización 29 marzo 2015 5:0
Parkinson

El estudio se realizó en 54 mil británicos, hombres y mujeres. (Cortesía)

El santo grial en cualquier enfermedad progresiva es encontrarla con suficiente anticipación para comenzar un tratamiento efectivo antes de que ocurra un daño irreversible. Para la enfermedad de Parkinson, que aqueja a 1.5 millones de estadounidenses y está aumentando, una nueva investigación ha acercado ese objetivo un poco más.

El estudio, realizado entre más de 54 mil británicos, hombres y mujeres, identificó síntomas que era más factible que estuvieran presentes en personas a las que, años después, se les diagnosticó el párkinson. Las conclusiones subrayan el punto de vista prevaleciente entre los neurólogos, en cuanto a que el daño causado por la enfermedad se inicia mucho antes de que se desarrollen los síntomas, como los temblores, la rigidez y la marcha insegura, y se puede hacer un diagnóstico definitivo.

El estudio, de la doctora Anette Schrag y sus compañeros neurólogos en la University College de Londres, se publicó en The Lancet, en enero. Era más factible que, unos cinco años antes del diagnóstico del párkinson, quienes lo desarrollaron experimentaran temblores, problemas de equilibrio, estreñimiento, presión sanguínea baja, mareos, disfunciones eréctil y urinaria, fatiga, depresión y ansiedad.

Además, la doctora Claire Henchcliffe, la directora del Instituto de la Enfermedad de Parkinson y de los Trastornos del Movimiento en el Centro Médico Weill Cornell, dijo que el trastorno de comportamiento del sueño REM, fue uno de los síntomas más fuertes en el prediagnóstico, junto con la pérdida del olfato y cambios sutiles en la cognición.

La doctora Melissa J. Nirenberg, una especialista en párkinson en el Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York (NYU), dijo: “Hasta 80 por ciento de las personas que padece trastornos del sueño desarrolla párkinson o alguna enfermedad neurodegenerativa similar”.

Si bien se requiere de mucha investigación más, será posible decir que la gente padece párkinson preclínico, la que presenta la combinación de los factores de riesgo identificados en el estudio podrían considerar consultar a un neurólogo especializado en trastornos del movimiento, dijeron los expertos.

Si un examen neurológico indica la posibilidad de la enfermedad de Parkinson, la persona podría ser elegible para participar en una prueba clínica de uno o más fármacos con los que se podría detener o frenar el avance, previniendo la destrucción de las neuronas cerebrales que producen la dopamina.

Para cuando los pacientes desarrollan los síntomas característicos, el cerebro ya perdió más de la mitad de las células que producen dopamina. El objetivo es identificar a quienes tienen el riesgo de padecer párkinson mientras su cerebro esté casi intacto, y mucho antes de que se haga un diagnóstico definitivo.

Luella Adan, por ejemplo, tenía 40 años, y era madre y ávida tenista en el 2009, cuando notó por primera vez lo que ahora cree que eran los primeros síntomas del párkinson.

“Sufrí un tirón en un músculo de la pantorrilla; luego, noté que cojeaba cuando me cansaba al correr tras una bola”, recordó Adan, originaria de Brooklyn, quien hoy vive en Chicago. “Mi equilibrio todavía estaba bien, pero, entonces sufrí un tirón en un músculo de la otra pierna. La cojera siguió empeorando y empecé a perder el equilibrio. Cuando cerraba los ojos, sentía que caía hacia atrás – me daba miedo ducharme y lavarme el cabello – y noté que no podía mover la pierna izquierda con facilidad”.
Adan dijo que se estaba deprimiendo, le daban ataques de ansiedad y se sentía tan temblorosa que le daba miedo usar el metro. Sin embargo, el primer neurólogo al que consultó no pudo explicar sus síntomas.

Por fin, en el 2012, un segundo neurólogo la observó caminar y sugirió que se hiciera un encefalograma para medir la densidad del neurotransmisor dopamina. Reveló un déficit considerable, consistente del párkinson.

Bill Reed de Brooklyn tenía 53 años cuando se enteró de que padecía la enfermedad de Parkinson en el 2007. Sin embargo, por tres o cuatro años antes, recordó, había notado síntomas como sacudidas prolongadas de los músculos de un brazo y una pierna, dificultades para tener erecciones, una pierna que parecía arrastrarse y la incapacidad para llevarle el paso a su esposa en sus caminatas matutinas.
Después de buscar el párkinson en internet, Reed pidió consultar a un neurólogo, quien confirmó sus sospechas.

Adan y Reed se están tratando, hacen ejercicios regulares para mantener los síntomas al mínimo y les va bien, en general. Sin embargo, ellos habrían preferido iniciar el tratamiento mucho antes, cuando el daño al cerebro era mínimo.

Al reconocer que los síntomas de un prediagnóstico asociados al párkinson son comunes y bastante poco específicos, los neurólogos están tratando de encontrar marcadores biológicos – sustancias en la sangre, la saliva o el fluido cerebroespinal, o características en la imagenología – que identifiquen a quienes tienen más posibilidades de desarrollar la enfermedad de Parkinson, dijo el doctor Michael S. Okun, un director médico de la Fundación Nacional de Parkinson de Estados Unidos.

Mano a mano con su búsqueda está un esfuerzo por identificar agentes que modifiquen a la enfermedad, que pudieran detener o, al menos, frenar el avance del párkinson en personas de alto riesgo. Todd Sherer, el director ejecutivo de la Fundación Michael J. Fox, notó que dos prospectos recientes – la creatina y la coenzima Q10 – no se sostuvieron en las pruebas clínicas. Sin embargo, unas cuantas sustancias más – una vacuna contra la proteína llamada alfa-sinucleína, un fármaco para la presión sanguínea llamado isradipina, y el inosina, un suplemento que hace que aumenten los niveles de ácido úrico – se ven prometedoras en las pruebas clínicas.

“En este momento, no tenemos un tratamiento para prevenir o frenar el párkinson”, dijo Nirenberg, del Centro Médico Langone de la NYU. “Pero al buscar simultáneamente los biomarcadores, en el momento en que encontremos algo que funcione, queremos poder identificar a todos los que podrían usarlo”.

Henchcliffe, del Centro Médico Weill Cornell, sugirió que las personas que presenten síntomas predictivos del párkinson, así como unos cuantos que tienen riesgo genético, pueden realizar ejercicios saludables y adquirir hábitos alimentarios con lo cual pueden adelantarse a la enfermedad.

“Al parecer, todas las formas de ejercicio son buenas – el baile, los aeróbicos, estiramientos, cualquier cosa que sea atractiva para usted”, dijo. “En cuanto a la dieta, una de estilo Mediterráneo” – rica en frutas frescas y vegetales, granos enteros, pescado y aceite de oliva – “se asocia más estrechamente con un riesgo reducido de desarrollar la enfermedad de Parkinson”.

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