New York Times Syndicate

Desertor norcoreano revela un secreto largo tiempo guardado

Jang Yeong Jin llegó a Corea del Sur en 1997 tras desertar del ejército norcoreano. En ese entonces sabía que su matrimonio no iría a ningún lado y desconocía la palabra homosexualidad y su significado. Y ahí fue cuando entendió lo que era: “qué tragedia es vivir una vida sin saber quién eres”.
Choe Sang-hun
19 junio 2015 16:20 Última actualización 21 junio 2015 5:0
Corea del Norte

Jang Yeong Jin fue parte del ejército norcoreano. (NYT)

SEÚL, Corea del Sur – Cuando el desertor norcoreano Jang Yeong Jin llegó a Corea del Sur en 1997, funcionarios lo interrogaron durante cinco meses pero aun así titubearon al liberarlo. Tenían una pregunta crucial sin respuesta: ¿Por qué Jang decidió correr el riesgo de cruzar la frontera fuertemente armada entre las dos Coreas?

“Estaba muy avergonzado para confesar que vine aquí porque no sentía ninguna atracción sexual por mi esposa”, dijo Jang. “No pude explicar qué era lo que me molestaba tanto, y lo que hizo tan miserable mi vida en Corea del Norte, porque no supe hasta que llegué aquí que yo era gay, ni siquiera sabía lo que era la homosexualidad”.

Jang, de 55 años de edad, es el único desertor de Corea del Norte abiertamente gay que vive en Corea del Sur. Su orientación sexual quedó brevemente expuesta en 2004, cuando perdió todos sus ahorros ante un estafador y contactó a activistas por los derechos de los homosexuales en busca de ayuda. Desde entonces había evitado la publicidad en Corea del Sur, donde la homosexualidad seguía siendo en gran medida un tema tabú.

Luego, a fines de abril, Jang publicó una novela autobiográfica, “A Mark of Red Honor” (Una marca de honor rojo). En el libro y durante una entrevista reciente, describió sus experiencias como un homosexual que creció en la Corea del Norte totalitaria, donde el gobierno sostiene que la homosexualidad no existe porque la gente ahí vive con una “mentalidad sólida y buenos valores morales”.

Su lucha continuó incluso en la Corea del Sur capitalista, donde dijo que se sintió como un “extraterrestre doble”: un refugiado norcoreano que también era gay.

“En Corea del Norte, ninguna persona común comprende conceptualmente lo que es la homosexualidad”, dijo Joo Sung-ha, quien asistió a la elitista Universidad Kim Il-sung en Pyongyang, la capital norcoreana, en los años 90 y que ahora trabaja como reportero para el diario sudcoreano de circulación masiva Dong-A Ilbo. “En mi universidad, solo la mitad de los estudiantes quizá hayan oído la palabra. Incluso entonces, siempre fue tratada como alguna extraña y vaga enfermedad mental que afligía a subhumanos, y solo se encontraba en el depravado Occidente”.

Aunque Corea del Norte no tiene leyes que prohíban explícitamente las relaciones entre personas del mismo sexo, no es tímida al expresar su homofobia. El año pasado, por ejemplo, dijo que Michael D. Kirby, un ex juez australiano que encabezó una investigación de la ONU sobre violaciones de los derechos humanos en el país, era un “desagradable viejo libertino con una carrera de más de 40 años de homosexualidad”.

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Corea del Norte

Jang dijo que nunca escuchó hablar de la homosexualidad mientras crecía en Chongjin en la costa oriental de Corea del Norte, aun cuando desarrolló un enamoramiento por otro muchacho llamado Seon Cheol. Continuaron su amistad después de que se mudaron a Pyongyang, donde asistieron a universidades diferentes.

“Cuando el tren subterráneo estaba lleno, me sentaba en el regazo de Seon Cheol, y él me abrazaba desde atrás”, dijo Jang. “A la gente no le importaba, pensando que éramos amigos de la niñez”.

Los dos se separaron en 1976, cuando se unieron a las fuerzas militares a los 17 años, donde las relaciones físicas cercanas se volvieron tema de supervivencia.

“En invierno, cuando los soldados recibían solo dos delgados cobertores cada uno y poca calefacción, era común que encontráramos un compañero y durmiéramos abrazados en la noche para mantenernos calientes”, dijo Jang. “Lo considerábamos parte de lo que el partido llamaba 'camaradería revolucionaria’”.

Otros desertores norcoreanos han reportado conductas homosexuales en las fuerzas militares norcoreanas, donde los soldados cumplen con servicios obligatorios de 10 años con pocas oportunidades de conocer al sexo opuesto. Cuando cuatro mujeres ex soldados y agentes policiales de Corea del Norte celebraron una conferencia de prensa en Seúl en abril para hablar del abuso sexual que habían atestiguado, una de ellas citó el caso de una oficial lesbiana que se aprovechaba de las recién llegadas.

“Había mucho abuso sexual, como manoseos en la noche”, dijo un ex oficial militar norcoreano, Choe Jong Hun, a Chosun TV, un canal de cable sudcoreano, en agosto. “Pero posteriormente nos encontrábamos haciendo que los nuevos reclutas se acostaran a nuestro lado”.

En la unidad de Jang en la línea del frente, dijo, los oficiales y soldados superiores lo sobornaban con manzanas y comida para atraerlo bajo sus cobertores. Después de cumplir con su deber de centinela nocturno en una tormenta de nieve, dijo, encontraba consuelo “en el pecho” de su líder de pelotón favorito. Desde el otro lado de la frontera, las transmisiones de propaganda desde Corea del Sur incitaban a los helados y solitarios soldados comunistas a desertar, prometiéndoles “carne, licencias mensuales y mujeres bonitas”.

Jang fue dado de baja de las fuerzas militares en 1982 después de contraer tuberculosis. De regreso en Chongjin, trabajó como funcionario de comunicaciones inalámbricas en el puerto. En 1987, se casó con una maestra de matemáticas en un matrimonio arreglado.

“La mayoría de los hombres gay en Corea del Norte terminan casándose les guste o no porque es lo único que conocen”, dijo Jang. “En la primera noche de mi matrimonio, pensé en Seon Cheol y no pude ponerle un dedo encima a mi esposa”.

En el invierno de 1996, Jang nadó a través de un río helado hacia China. Después de buscar en vano durante 13 meses un pasaje hacia Corea del Sur, regresó a Corea del Norte y cruzó a gatas la frontera hacia el Sur en 1997. Fue uno de un puñado de desertores en lograr cruzar la frontera sembrada de minas. Su deserción acaparó titulares.

En Corea del Sur, los funcionarios eventualmente lo liberaron después de que habló de los problemas en su matrimonio. Pero Jang no comprendió totalmente su orientación sexual hasta que leyó el artículo de una revista sobre los derechos de lo gay en 1998. Mostraba fotografías de una pareja del mismo sexo besándose y dos hombres desnudos en una cama, y reportaba que había bares gay en Seúl.

“Fue como si se encendieran las luces en mi mundo”, dijo.
Jang ahora se gana la vida limpiando un edificio en el centro de Seúl de 4 de la mañana a 4 de la tarde. No es una vida fácil, admite, pero es por mucho preferible a su vida en Corea del Norte.

“Hay muchos homosexuales en Corea del Norte que viven una vida miserable sin siquiera saber por qué”, dijo. “Qué tragedia es vivir una vida sin saber quién eres”.

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