New York Times Syndicate

Cuando la libertad es el derecho a permanecer bajo un velo

Todas las mujeres en Irán, incluidas dignatarias visitantes y turistas extranjeras, están obligadas a cubrirse el cabello y usar un abrigo, preferiblemente justo por encima de las rodillas, en público.
New York Times
27 mayo 2014 23:43 Última actualización 28 mayo 2014 5:0
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Mujeres iraníes (AP)

Los conservadores piden medidas más severas contra las mujeres que desobedezcan el código de vestimenta islámico obligatorio de Irán. (AP)

TEHERÁN. Los autos sonaban la bocina frenéticamente, sus conductores desesperados mientras columnas separadas de hombres y mujeres iraníes, ellas con chadores negros, se abrían camino levantando el puño a través del tráfico vespertino de la capital en un miércoles reciente, gritando a favor de que el gobierno arreste a todas las mujeres que están cubiertas inapropiadamente por un velo.

La corrupción y la inmoralidad han plagado a la nación”, dijo Shala Mousavi, una mujer conservadora de rostro redondo, a un ansioso reportero de la televisión estatal de Irán. “Nos obligan a actuar”.

El gobernador de Teherán había dicho en una declaración extremadamente cortés que no se emitiría permiso para la protesta. Pero aquí los manifestantes estaban, al llegar a la Plaza Fatemi, justo en el centro de esta ciudad de 12 millones de habitantes y a tiro de piedra del edificio del Ministerio del Interior, desafiando casualmente una prohibición gubernamental contra los mítines realizados sin permiso.

Los nerviosos agentes policiales se mantenían de pie mientras los manifestantes bloqueaban el tráfico en la plaza para expresar su demanda de medidas más severas contra las mujeres que desobedezcan el código de vestimenta islámico obligatorio de Irán, especialmente ahora que el cálido verano de Teherán se acerca.

En su número de participantes, la manifestación, organizada por el seminario chiita en Qom, fue poco impresionante. Pero que se permitiera que tuviera lugar hizo pensar a muchos aquí que hay poderosas fuerzas conspirando para socavar las frecuentes promesas del Presidente Hassan Rouhani de otorgar más libertades personales.

Justo después del mitin a favor de una manera de vestir más conservadora, los organizadores anunciaron una nueva protesta para expresar sus dudas sobre las negociaciones nucleares con Occidente.

El frente del miércoles en la larga guerra cultural entre los intransigentes de Irán y quienes buscan reformas dentro de su sistema político se enfocó en una de las piedras angulares de la revolución islámica de Irán: el velo obligatorio.

Todas las mujeres en Irán, incluidas dignatarias visitantes y turistas extranjeras, están obligadas a cubrirse el cabello y usar un abrigo, preferiblemente justo por encima de las rodillas, en público. El estado no prescribe formas, colores y tamaños exactos para las pañoletas y abrigos, así que, a lo largo de los años, muchas iraníes urbanas han lucido atuendos espectaculares, que combinan abrigos estrechos con pañoletas fluorescentes del tamaño de pañuelos de los cuales caen en cascada rizos de cabello. Aunque ninguna mujer en Irán se aventura a salir a las calles de la ciudad sin una pañoleta, los intransigentes, al hablar en televisión y durante las oraciones de los viernes, frecuentemente acusan a algunas mujeres de “vagar por las calles prácticamente desnudas”.

Las prendas occidentales también son incómodas, dijo un prominente ayatolá. “Al usar ropas muy ceñidas, algunas no pueden sentarse o pararse fácilmente. Esos atuendos son, de hecho, una prisión y no ropa”, dijo en una declaración Naser Marakem Shirazi. “Nuestra cultura del vestir debe cambiar”.

Primero, el estado probó el “trabajo cultural” (largos debates por parte de clérigos en la televisión estatal) para convencer a las mujeres de cubrirse completamente, señalando que mostrar demasiados mechones puede conducir a “depravaciones morales”.

Recientemente, han surgido en Teherán carteles que muestran la exquisitez nacional de Irán, el pistache, con texto que dice que todo lo que es bueno está envuelto en una cáscara, al igual que la pañoleta, el hijab.

“Pero esto no está funcionando”, dijo una enojada mujer durante la manifestación respecto del enfoque educativo hacia el hijab. “Cada verano surgen de nuevo 'malos hijabs’. Simplemente es horrible”. Dando como único nombre Masoumeh, dijo que ella y sus amigas habían rentado un autobús para viajar desde su barrio, Yaftabad, “para poner fin a esta situación”.

Mientras hablaba sobre Irán y el Islam y cómo todos deberían obedecer la ley, un hombre cavo evidentemente opuesto a la protesta se acercó a ella y dijo: “Déjenos en paz. Me avergüenza que usted sea iraní”, y se alejó.

“Quizá se quede calvo para siempre”, respondió ella, provocando que sus amigas estallaran en risas detrás de sus chadores.

La solución, “desafortunadamente”, dijo Masoumeh sacudiendo la cabeza, es dar rienda suelta a la policía de la moralidad. Todas sus amigas asintieron.

Enfrentados con una sociedad rápidamente cambiante, donde más personas se enfocan en los derechos individuales que las tradiciones, el sistema judicial y la policía de Irán establecieron en 2005 una policía especial llamada Gashte Ershad, o patrulla de orientación, para aplicar el código de vestimenta.

Durante años, hicieron guardia en centros comerciales, plazas principales y estaciones del tren subterráneo donde interceptaban a las mujeres a las que consideraban inadecuadamente vestidas, las ponían en autobuses y las llevaban a una estación policial. Sus padres, esposos o hermanos tenían que ir a la estación para que fueran liberadas.

Durante su campaña en junio, Rouhani prometió sacar a la muy odiada fuerza vigilante de las calles. Después de su elección, cambió a varios comandantes policiales y se aseguró de que la responsabilidad de la policía de la moralidad recayera en el Ministerio del Interior, al cual controla.

Pero incluso eso no fue suficiente para forzar el cambio. Durante una visita la semana pasada, cuando Rouhani dijo en una feria del libro que “las personas cultas no necesitan orientación”, Ismael Ahmadi Moghaddam, un comandante policial a la vieja escuela, respondió que “las personas incultas necesitan orientación”. Al día siguiente, camionetas y agentes de la policía de la moralidad aparecieron en la entrada de la feria del libro.

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