New York Times Syndicate

Cristianos de Mosul encuentran el cielo en Jordania

Ante el avance del Estado Islámico, miles de cristianos han tenido que dejar Irak; Jordania los ha acogido pero no es las mejores condiciones. Gracias a que el pago de visas fue perdonado, y Cáritas y las iglesias cubren sus necesidades básicas, les permitió no decidir entre ser asesinados o pagar impuestos.
Rana F. Sweis
14 noviembre 2014 11:21 Última actualización 15 noviembre 2014 5:0
Cristianos iraquíes

Jordania le ha brindado a los cristianos de Irak una nueva oportunidad, ante el avance de los islamistas. (NYT)

AMMÁN. Estuvieron entre los últimos reductos de resistencia. Aun cuando muchos de sus vecinos huyeron de la violencia que envolvió a Irak después de la invasión de Estados Unidos, los tres hombres permanecieron en su sitio, negándose a abandonar su país o su centenaria comunidad cristiana.

Maythim Najib, de 37 años de edad, se quedó pese a haber sido secuestrado y apuñalado 12 veces en lo que creyó fue un ataque al azar. Radwan Shamra, de 35 años, continuó esperando poder sobrevivir a la guerra sectaria entre sus conciudadanos sunitas y chiitas incluso después de perder a dos amigos acribillados por un pistolero desconocido que dejó sus cuerpos tendidos en una calle de Mosul.

Y un hombre de 74 años demasiado atemorizado para dar su nombre dijo que se quedó pese al trauma de pasar tres angustiosos días en 2007 esperando saber si su hijo de 17 años secuestrado estaba vivo o muerto. Ahora los tres hombres de Mosul, la segunda ciudad de Irak, y sus alrededores han huido con sus familias a Jordania, desplazados por los combatientes del Estado Islámico que les dejaron poca opción.

Después de capturar la ciudad en junio, el grupo militante sunita dio a los cristianos un día para tomar su decisión: convertirse, pagar un impuesto o ser asesinados. Fue “el último aliento”, dijo Shamra, uno de los 4 mil cristianos iraquíes de Mosul que han llegado a Jordania en los últimos tres meses y uno de más de 50 personas que se refugiaron en la Iglesia Ortodoxa Siria San Efraín en Ammán.

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ÉXODO QUE LLAMA LA ATENCIÓN DEL MUNDO

“Esperamos el mayor tiempo posible hasta que supimos que moriríamos si nos quedábamos”. Su huida es parte de un éxodo más grande de cristianos que abandonan aquellos territorios árabes donde la intolerancia está en aumento, una tendencia que ha causado preocupación entre los cristianos fuera de la región; incluido el papa.

También ha captado la atención del rey Abdulá II de Jordania, aliado cercano de Estados Unidos que ha hecho de la necesidad de una continua presencia de múltiples religiones en el Medio Oriente un importante tema de conversación en los últimos años. Así que cuando combatientes del Estado Islámico tomaron Mosul, el gobierno jordano abrió el país a los cristianos de Irak pese a las crecientes tensiones en Jordania por las olas de refugiados sirios cuya presencia ha abrumado cada vez más a comunidades mal preparadas.

Hassan Abu Hanieh, un analista político jordano, dijo que la decisión del gobierno era tanto humanitaria como estratégica, en una época en que Jordania está inquieta por los militantes islamitas en sus fronteras y ansiosa por mantener fuertes sus lazos con Occidente. “El gobierno puede demostrar al mundo que Jordania tiene una política que busca proteger a las minorías, a diferencia de sus vecinos”, dijo.

Los cristianos iraquíes también se beneficiaron del hecho de que la pequeña comunidad cristiana mantiene buenas relaciones con sus vecinos de mayoría sunita y se movilizaron rápidamente para ayudar a los refugiados, muchos de los cuales estaban hacinados en campamentos en la región del Kurdistán de Irak.

También fue crucial la intervención de Cáritas, una organización de caridad cristiana internacional que ha pasado años en Jordania atendiendo a los palestinos desplazados, jordanos pobres y otros. El grupo trabajó para hacer saber a los cristianos que Jordania estaba abriéndose para ellos. El pago de visas fue perdonado, y Cáritas y las iglesias de Jordania dijeron que cubrirían las necesidades básicas de los refugiados.

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NUEVO HOGAR

Sin embargo, los refugiados tuvieron que pagar sus propios vuelos en Royal Jordanian Airlines desde Irbil, Irak, hacia Ammán. Unos 500 de los nuevos y a menudo traumatizados refugiados cristianos viven ahora en salones comunitarios en siete iglesias en Ammán y la cercana Zarqa, tratando de arreglárselas en lugares con poca privacidad o incluso comodidades básicas suficientes como baños.

Muchos de los otros refugiados están viviendo de varias familias a la vez en un departamento o casa, pagando la renta con su propio dinero o con ayuda de Cáritas. Sin embargo, son relativamente afortunados, dicen trabajadores de ayuda. Uno de los atractivos de venir aquí fue la promesa de poner obtener más rápidamente el estatus de refugiados que les permitiría salir de la región.

En la iglesia María, Madre de la Iglesia en Ammán, donde residen docenas de los refugiados cristianos, las maletas se apilan unas sobre otras para ahorrar espacio. Delgados colchones con diseños florales están dispersos por el piso y ropa húmeda cuelga de las ventanas para secarse. Los niños, aun temerosos de su nuevo entorno, rara vez salen sin sus padres, ni siquiera para jugar.

“Les pido que me cuenten qué vieron, cómo se sienten ahora”, dijo Khalil Jaar, un sacerdote de la parroquia. “Trato de darles esperanza contándoles de la resiliencia de los refugiados en el pasado”. Además de ofrecer refugio, la iglesia alimenta a los refugiados, distribuyendo porciones saludables de arroz y vegetales pagadas por organizaciones de caridad o con las donaciones de jordanos.

Como con los aproximadamente 620 mil refugiados sirios en Jordania y los más de 30 mil refugiados iraquíes diferentes a los cristianos, a los recién llegados no se les permite trabajar, un intento para asegurarse de que no se queden para siempre en un país que previamente concedió la ciudadanía a una gran población de palestinos desplazados.

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Para pasar el tiempo, los hombres juegan backgammon, beben té juntos o ayudan con labores en la escuela de la iglesia. Las mujeres pasan su tiempo principalmente atendiendo a sus hijos y ayudando a preparar las comidas.

En su mayoría, los obsesiona el abrupto fin de sus vidas en Irak, y de una tradición cristiana que había sobrevivido en Mosul durante más de mil 700 años.

Saif Jebrita, un fotógrafo, dijo que supo que era hora de partir cuando abrió su tienda días después de que el Estado Islámico declaró la victoria y encontró un aviso de los militantes demandando que abandonara su profesión.

El grupo afirma que las imágenes están en contra del islamismo. “Es lo único que sé hacer, y querían destruirlo”, dijo recientemente mientras sus dos hijos pequeños estaban de pie junto a él, jugueteando con dinosaurios de juguete rotos.

En San Efraín, el hombre de 74 años que estaba demasiado ansioso para dar su nombre dijo que su mayor preocupación era la seguridad de su hijo mayor, quien permanece en Irbil, en la región iraquí de Kurdistán. Un hijo menor, el que había sido secuestrado, está con él, tras haber sobrevivido a esa odisea anterior.

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Para demostrar por lo que había pasado la familia, el anciano cuidadosamente extendió fotos de su antiguo hogar en una de las pocas superficies planas que tiene, al lado de la pasta de dientes y un pequeño espejo roto.

Un vecino le envió las fotos después de que la familia huyó. Una letra N por Nazrene, un término usado para los cristianos en el Corán, está pintada con aerosol dos veces en el muro de piedra que rodea la casa, la cual también está ahora marcada como Propiedad del Estado Islámico.

Najib, el hombre que sobrevivió al apuñalamiento, dijo que su hija de ocho años no comprendía que no quedaba nada a lo cual regresar, y había estado llorando mucho recientemente, pidiendo ir a casa. Él lamentó la pérdida de la comunidad cristiana de Mosul.

Bajo el Estado Islámico, “la diversidad está muerta o al menos está moribunda”, dijo. Jebrita, el fotógrafo, compartió su desesperación. “Somos parte importante de la cultura árabe, somos ciudadanos de Irak”, dijo. “¿A qué regresaríamos? Ya no tenemos un hogar y, si esto continúa, no habrá país”.

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