New York Times Syndicate

¿Cómo quitar el polvo de un Picasso? ¡Con saliva!

Lo que parece ser una actividad de limpieza, para la artista Nina Katchadourian es una pieza más en el recorrido del MoNA de Nueva York.
New York Times
11 noviembre 2016 20:12 Última actualización 13 noviembre 2016 5:0
Nina Katchadourian creo una audioguía del polvo en el MoNA (NYT)

Nina Katchadourian creo una audioguía del polvo en el MoNA (NYT)

Anny Aviram ha pasado más de 40 años como conservadora en el Museo de Arte Moderno (también conocido como MoMA), a menudo limpiando cuidadosamente el polvo y la suciedad de inapreciables Picassos y otras obras maestras.

Una de las herramientas más efectivas que usa es… su propia saliva. (No se preocupe: esta práctica, con siglos de antigüedad, tiene respaldo científico.)

Esa revelación es una de varias sorpresas en una nueva audioguía del museo producida por la artista Nina Katchadourian que se enfoca en un tema diminuto: el polvo.

Los textos en las paredes alientan a los visitantes a escuchar la guía en una docena de lugares en todo el museo, incluida una cornisa difícil de desempolvar que sobresale cuatro pisos del atrio del museo.

“Sí, mi primer proyecto importante en el MoMA gira en torno al polvo”, dijo Katchadourian, de 48 años de edad, mientras acompañaba a un visitante en el recorrido.

“Me gusta detenerme en las cosas grandes que son inmediatas y observables para mí”, dijo.

Ella creó el recorrido auditivo, “Dust Gathering” (traducido como ‘Retirando el polvo’), como parte del programa Experimentos de Artistas del museo, el cual invita a artistas contemporáneos a trabajar con educadores del MoMA en la programación para el público.

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LA ARTISTA NINA KATCHADOURIAN


La artista Nina Katchadourian examina el polvo de un Picasso (NYT)


A lo largo de dos años, Katchadourian entrevistó a miembros del personal de todos los departamentos, dándose cuenta finalmente que los unía su postura contra este elemento ubicuo que es invisible hasta que no lo es.

Se podría esperar que ese recorrido fuera tan seco como… bueno, ya saben.

Pero la artista con sede en Brooklyn, que en su niñez soñaba con ser periodista radiofónica, narra con una amabilidad deliberada e irónica, entretejiendo fragmentos de entrevistas y momentos documentales con miembros del personal del MoMA, dando la sensación de una búsqueda del tesoro.

La primera parada son las escaleras del jardín de las esculturas, justo detrás del mostrador donde los visitantes recogen las audioguías: un microclima ventoso que es un imán para más ácaros que cualquier otro lugar en el MoMA.

Katchadourian demostró cómo usar una linterna de teléfono celular para iluminar, a través de los listones de madera blancos de un armario eléctrico, racimos de polvo gris inflados como esas plantas rodadoras del desierto.

Posteriormente en el recorrido, entrevista a un alergólogo sobre los hábitos digestivos de los ácaros del polvo, los cuales horrorizarán a algunos de los oyentes pero podrían atraer fuertemente a ciertos niños de 10 años.

Pero el alma del recorrido en audio es Harvey Tulcensky, un manejador de arte en el MoMA durante 42 años y también artista. “No se trata de desempolvar en sí; se trata de desempolvar algo que significa tanto para mí que siento que estoy ayudando a ese objeto”, dice con un asombro audible. “Manejar el arte, sin querer o tratar de sonar ingenuo, es algo mágico”.

Aunque “Dust Gathering” y muchos de los otros proyectos de Katchadourian pudieran ser entretenidos, hay una intención seria en ellos.

“Odio las palabras ‘estrafalario’ y ‘extravagante’ aplicadas a mí y a mi obra”, dijo. “¿Alegre, maravilloso, juguetón, humorístico? Pero no solo estoy haciendo pequeñas bromas”.

Ese punto surge cuando discute la obra por la cual es mejor conocida, “Lavatory Self-Portraits in the Flemish Style”, una serie de autorretratos con teléfono celular tomados en baños de aviones en los cuales posa con cualquier material que tenga a la mano: cubiertas de asiento de papel, toallas sanitarias, etc. cuando la serie se hizo viral hace unos años, se molestó “al verlos reducidos a una broma”.

Pero ella no es una aguafiestas.

Un buen ejemplo es “Floater Theater”, una nueva exhibición que creó en el Exploratorium en San Francisco, cerca de donde creció. La pieza consiste de un recinto de terciopelo rojo con una pantalla que está óptimamente iluminada para provocar que la gente note las manchas oculares y las vea flotar.

“Como el polvo, las manchas en los ojos están ahí todo el tiempo y las encontramos molestas o aburridas”, dijo.

“Existe una falsa sensación de que el arte tiene que ser sobre grandes cosas, cuando realmente todas las obras de arte son en cierta forma un ejercicio del pensamiento: mental, estético, filosófico o cualquier tipo de gimnasia que el artista le ponga a uno para ejercer la imaginación”.

En cierta forma, su obra gira en torno de cuestionar lo que merece atención. “Uno habitualmente acude a un museo y se orienta hacia las obras de arte”, dijo, “y muchas cosas en su visión periférica literal y metafórica son descartadas como cosas que no vale la pena mirar”.

Pero la obra de Katchadourian estará en el centro de atención el año próximo, cuando el Museo Blanton de Arte en la Universidad de Texas en Austin analice su carrera.

Al hacer su recorrido por el MoMA, usted pudiera sentirse tonto metiéndose entre la multitud para examinar el polvo que se acumula en una cornisa, vitrina o marco.

Pero así como Katchadourian puede hacer a los visitantes en el Exploratorium considerar las manchas oculares como arte, puede hacerle tratar a las obras de arte del MoMA como meras motas de polvo.

Lo grandioso y lo diminuto se unen: yo soy el universo, y soy polvo.

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