New York Times Syndicate

Chinos acaudalados levantan la mano para ir al espacio

Una nueva generación de ricos en China y el programa especial del país han producido un mercado ideal para la naciente industria de los viajes comerciales al espacio.
Cao Li
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12 septiembre 2014 21:42 Última actualización 14 septiembre 2014 5:0
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Sheng Tianxing, quien pagó 100 mil dólares por un boleto par air al espacio.

Sheng Tianxing, quien pagó 100 mil dólares por un boleto para ir al espacio. (NYT)

PEKIN. Una noche de junio, Sheng Tianxing hizo honor a su nombre, el cual se traduce, literalmente, como “viaje en el cielo”. Con un solo clic en la red, pagó cien mil dólares, alrededor de una tercera parte de su ingreso anual, por un lugar en un cohete que lo llevará al espacio.

Al llegar el 2016, si todo sale como está planeado, Sheng, de 41 años, un comerciante de té de la provincia sudoriental china de Zhejiang, pasará hasta seis minutos flotando a 103 kilómetros por encima de la Tierra, como uno de los primeros civiles a bordo de un vuelo operado comercialmente para ir más allá de la atmósfera del planeta.

“Siempre he querido ir al espacio”, dijo. “Siempre me he preguntado si Armstrong realmente caminó en la Luna. Me gustaría verlo por mí mismo”.


Hace medio siglo, lamentando el retraso de su país, Mao Zedong dijo que China no podía lanzar ni una papa al espacio. Ahora, empresarios chinos adinerados hacen fila para hacer viajes de una hora al cosmos, y las agencias de viajes dicen que China se convertirá en el mercado más grande del mundo para el incipiente sector del turismo espacial.

Ya son más de 30 los chinos que adquieren boletos o pagan enganches de 50 por ciento para hacer los viajes que ofrece XCOR Aerospace, una compañía con sede en Mojave, California, que planea iniciar vuelos suborbitales a finales del próximo año. Los boletos para el viaje empezaron a venderse en diciembre, dos años después de que la compañía empezó a ofertarlos en otras partes, y una de cada 10 de todas las reservas la ha hecho un ciudadano chino, según Dexo Travel, la agencia basada en Pekín que vende los viajes en China.

Las ventas reflejan un interés tardío en los viajes espaciales en el país asiático, donde se celebró el exitoso aterrizaje de un “rover” lunar en diciembre, cuatro décadas después de que Estados Unidos lograra la misma hazaña. La noción de viajar en medio de las estrellas ha cautivado a un segmento, tal como fascinó alguna vez a los estadounidenses, enganchados por los primeros pasos de Neil Armstrong en la Luna. Sin embargo, a diferencia de esa generación anterior, los chinos tienen la opción de reservar lugares para hacer ellos el viaje, y muchos tienen el dinero para pagarlo.

“Hay gente acaudalada en todas partes del mundo, pero no hay tantas personas con dinero que también sueñen con ir al espacio”, comentó Alex Tang, el director ejecutivo de las operaciones de XCOR Aerospace en Asia; China, dijo, tiene a ambos. En una encuesta de opinión que Hurun, una firma de investigación con sede en Shanghái, levantó este año entre 200 chinos que viajan con lujo, alrededor de siete por ciento señaló que espera visitar el espacio en los próximos tres años.
Tang atribuyó esta pasión al éxito reciente del programa espacial del país.

“Muchos quieren ir al espacio como Yang Liwei”, dijo, refiriéndose al astronauta que circunvoló la Tierra en 2003 y regresó como un héroe nacional por colocar a China en las filas de las potencias espaciales.

Zhang Yong, el director ejecutivo de Dexo Travel, describió a las personas que hacen reservas de lugares como ejecutivos de negocios y emprendedores que ya tienen casas y coches lujosos, y voltean la mirada hacia objetos más allá de lo terrenal. Dos tercios son hombres, notó. Bajo la influencia de libros y películas, como “Gravity”, un éxito en China, anhelan vivir la experiencia trascendental de mirar a la Tierra desde el espacio, explicó.

Es alto el interés en los vuelos espaciales, aun entre quienes no cuentan con los medios para hacerlos. Algunos turistas espaciales potenciales se han convertido en celebridades menores mucho antes del primer despegue.

Después de que Tong Jingling, una banquera de 40 años, reservó un boleto en abril, empezó a recibir invitaciones de negocios para que fuera su portavoz, contó. Una compañía le pidió realizar experimentos médicos cuando esté en el espacio.

Tong, egresada de la Universidad Beihang, antes conocida como Instituto de Aeronáutica de Pekín, ha capitalizado la atención al tratar de lanzar varias empresas de fondeo colectivo. Una organizaría bodas en el espacio, otra, produciría un programa de realidad en televisión, en el cual los concursantes competirían por un boleto para viajar al espacio. Una inversión de 100 renminbis (16 dólares) produce una camiseta que dice en chino: “Quiero subir al espacio”.

Los chinos llegan un poco tarde al turismo espacial. El primer viaje civil ocurrió en 2001, cuando el multimillonario estadounidense Dennis Tito se integró a una misión espacial rusa y voló a la Estación Espacial Internacional. Gastó 20 millones de dólares y recibió entrenamiento durante meses. Desde entonces, otros seis civiles han hecho el mismo viaje.

Sin embargo, las compañías ahora venden viajes suborbitales, a alturas justo por debajo de la atmósfera terrestre, a precios que ponen el sueño al alcance de los chinos acaudalados. Después de prolongados retrasos causados por problemas técnicos y de seguridad, XCOR Aerospace y Virgin Galactic, fundada por el emprendedor británico Richard Branson, dicen que están planeando vuelos para el próximo año.

Virgin Galactic declaró que, debido a que a sus naves espaciales funcionan con motores para cohetes fabricados en Estados Unidos, en los que se emplea tecnología que se considera tiene potenciales aplicaciones militares, está prohibido que ciudadanos de 22 países, incluida China, viajen en ellas. La empresa dijo que espera que futuras normativas gubernamentales en Estados Unidos pudieran permitirle ofrecer vuelos espaciales a una lista más amplia de países. El transbordador Lynx de XCOR Aerospace utiliza motores distintos, que, al parecer, no plantea las mismas inquietudes.

Un boleto de 95 mil dólares en XCOR incluye un vuelo para finales del año entrante, a una altitud de unos 61 kilómetros –lo que la empresa denomina “el límite del espacio” –, mientras que uno de 100 mil dólares llevará al pasajero más allá de la atmósfera en el 2016. Cada vuelo es para un pasajero, el que deberá someterse a exámenes médicos y entrenamiento.

Zhang dijo que espera que el interés chino en el turismo espacial se incremente más una vez que se estén realizando los primeros viajes civiles.

“Muchos en los círculos empresariales y celebridades me han dicho que comprarán boletos una vez que hayan sido exitosos lo vuelos de prueba o que regresen sin incidentes los primeros turistas”, añadió.

Varios chinos que han reservado lugares dijeron que tienen confianza en la seguridad de la tecnología de los transbordadores, aunque algunos no habían hablado con su familia sobre sus planes.

Zhang Xiaoyu, de 29 años, un emprendedor en Pekín, dijo que les contó a sus padres, sólo que planeaba volar a “una altitud relativamente alta”; tampoco les confesó el costo del boleto. Sin embargo, Zhang dijo que viajar al espacio significa más para él que dar un enganche para un departamento o comprar un coche en la congestionada capital china.

“Podrás ver el planeta donde naciste y experimentar una soledad completa”, explicó. “No podrías experimentar eso en ninguna otra parte”.

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