New York Times Syndicate

China encierra a sus nómadas

En lo que representa uno de los intentos más ambiciosos de ingeniería social, el gobierno ha reubicado a millones de pastores nómadas; antropólogos, economistas y activistas critican el programa.
Andrew Jacobs
© 2015 New York Times News Service
26 julio 2015 13:59 Última actualización 26 julio 2015 13:59
Antiguos pastores han dejado su cultura milenaria para vivir en comunidades donde se registran altos índoces de desempleo. (NYT)

Antiguos pastores han dejado su cultura milenaria para vivir en comunidades donde se registran altos índices de desempleo. (NYT)

MADOI, China. Si las comodidades materiales modernas son la medida del éxito, entonces Gere, de 59 años de edad y un expastor de yaks y ovejas de en la provincia occidental china de Qinghai, debería ser un hombre feliz.

En los dos años desde que el gobierno chino lo obligó a vender su ganado y mudarse a una casa baja de concreto aquí en la llanura tibetana barrida por los vientos, Gere y su familia han adquirido una lavadora de ropa, un refrigerador y un televisor a color que proyecta dramas históricos en mandarían en su sala de estar de paredes blancas.

Pero Gere, quien como muchos tibetanos usa solo un nombre, está lleno de arrepentimiento.

 
 

Como cientos de miles de pastores nómadas en toda China que han sido reubicados en desolados distritos en la última década, no tiene empleo, está profundamente endeudado y depende de los cada vez más pequeños subsidios del gobierno para comprar la leche, carne y lana que alguna vez obtenía de sus rebaños.

“No pasamos hambre, pero hemos perdido la vida que practicaron nuestros ancestros durante miles de años”, dijo.

pastore nómadas chino (NYT)


En lo que representa uno de los intentos más ambiciosos de ingeniería social realizados, el gobierno chino está en las etapas finales de una campaña de 15 años para instalar a los millones de pastores nómadas que anteriormente vagaban por las extensas tierras fronterizas de China.

Para finales de año, afirma Pekín, habrá trasladado al 1.2 millones de pastores restantes a ciudades que ofrecen acceso a escuelas, electricidad y atención médica moderna.

Las versiones noticiosas oficiales de la reubicación describen con entusiasmo a los exnómadas como agradecidos por haber sido salvados de la vida primitiva. “En apenas cinco años, los pastores en Qinghai que durante generaciones vagaron en busca de agua y pastos, han trascendido milenios y hecho enormes avances en la modernidad”, decía un artículo de primera plana en el estatal Diario de los Agricultores. “Las políticas preferenciales del Partido Comunista para los pastores son como la cálida brisa primaveral que hace brillar de verde los pastizales y llega a los corazones de los pastores”.

Pero las políticas, basadas en parte en la visión oficial de que el pastoreo perjudica a los pastizales, son cada vez más contenciosas. Los ecologistas en China y el extranjero dicen que las bases científicas del reasentamiento de los nómadas son dudosas. Antropólogos que han estudiado los centros de reubicación construidos por el gobierno han documentado un desempleo y alcoholismo crónicos y la desaparición de tradiciones milenarias.

Economistas chinos, que citan una creciente brecha del ingreso entre las provincias orientales en auge y el empobrecido lejano oeste, dicen que los planificadores del gobierno aún tienen que alcanzar su objetivo declarado de impulsar los ingresos entre los expastores nómadas.

El gobierno ha gastado tres mil 450 millones de dólares en la reubicación más reciente, pero a la mayoría de los nómadas recién asentados no les ha ido bien. Los residentes de ciudades como Pekín y Shanghái ganan en promedio el doble que sus contrapartes en Tíbet y Xinjiang, la extensión occidental que colinda con el Asia Central. Las cifras gubernamentales demuestran que las disparidades se han ampliado en los últimos años.

Activistas de derechos dicen que las reubicaciones a menudo se logran mediante la coerción, dejando a los exnómadas a la deriva en caseríos desolados y aislados. En la Mongolia Interior y el Tíbet, las protestas por parte de pastores desplazados ocurren casi cada semana, provocando represiones cada vez más duras por parte de las fuerzas de seguridad.

“La idea de que los pastores destruyen los pastizales es solo una excusa para desplazar a la gente que el gobierno chino considera que tiene un estilo de vida atrasado”, dijo Enghebatu Togochog, director del Centro de Información de los Derechos Humanos en el Sur de Mongolia, con sede en Nueva York. “Prometen buenos empleos y casas bonitas, pero solo después los pastores descubren que estas cosas no son ciertas”.

No todos están insatisfechos. Bater, de 34 años de edad, un comerciante de ovejas criado en los pastizales, vive en uno de los nuevos rascacielos que flanquean las amplias avenidas del centro de Xilinhot. Comunicativo, con educación universitaria y fluido hablante de mandarín, Bater criticó a sus vecinos quienes, dijo, quieren los subsidios del gobierno pero se niegan a adoptar la nueva economía, gran parte de la cual se centra en las minas de carbón a cielo abierto.

Expresó poca nostalgia por la vida de los nómadas mongoles: recolectar comida en las sequías, dormir en yurts y cocinar en fogatas de estiércol seco. “¿Quién necesita caballos ahora cuando hay coches?”, dijo, conduciendo por el bullicio del centro de Xilinhot. “¿Estados Unidos aún tiene vaqueros?”

Expertos dicen que los esfuerzos de reubicación a menudo tienen otro objetivo, en gran medida ausente en los pronunciamientos políticos oficiales: un mayor control del Partido Comunista sobre las personas que han vagado desde hace tiempo en los márgenes de la sociedad china.

Nicholas Bequelin, director de la división del este asiático de Amnistía Internacional, dijo que la lucha entre agricultores y pastores nómadas no es nueva, pero el gobierno chino la había llevado a un nuevo nivel. “Estas campañas de reubicación son casi estalinistas en alcance y ambición, sin ninguna consideración por lo que quiere la gente en estas comunidades”, dijo. “En cuestión de años, el gobierno está eliminando culturas indígenas completas”.

Un mapa muestra por qué el Partido Comunista ha buscado desde hace tiempo domar a los pastores nómadas. Los pastizales cubren más de 40 por ciento de China, desde Xinjiang en el lejano oeste hasta la extensa estepa de Mongolia Interior en el norte. Las tierras han sido el hogar tradicional de uigures, kazajos, manchúes y una variedad de otras minorías étnicas que han resentido el régimen severo de Pekín.

“Estas áreas siempre han sido difíciles de conocer y difíciles de gobernar para los forasteros, y han sido vistas como lugares de bandidaje o guerra de guerrillas y hogar de personas que han resistido desde hace tiempo la integración”, dijo Charlene E. Makley, un antropóloga en el Reed College, en Oregón, quien estudia a las comunidades tibetanas en China. “Pero ahora el gobierno siente que tiene la voluntad y los recursos para meter al redil a estas personas”.

Jarmila Ptackova, una antropóloga de la Academia de Ciencias en la República Checa que estudia a las comunidades de reubicación tibetanas, dijo que los programas de reasentamiento del gobierno habían mejorado el acceso a la atención médica y la educación. Algunos tibetanos emprendedores incluso se habían enriquecido, dijo, pero muchas personas recienten la velocidad y los aspectos coercitivos de las reubicaciones. “Todas estas cosas han sido decididas sin su participación”, dijo.

Esas quejas desempeñan un papel en la intranquilidad social, especialmente en Mongolia Interior y el Tíbet. Desde 2009, más de 140 tibetanos, dos docenas de ellos nómadas, se han inmolado en protesta por las políticas intrusivas, entre ellas restricciones a las prácticas religiosas y la minería en tierras ambientalmente delicadas.

En los últimos años, las autoridades en Mongolia Interior han arrestado a veintenas de expastores, incluidos 17 en junio en el municipio de Tongliao que estaban protestando por la confiscación de cuatro mil hectáreas.

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Gere promovía recientemente su excasa, una tienda negra de piel de yak, al lado de una autopista como una parada de descanso para turistas chinos. “Serviremos té con leche y cecina de yak”, dijo esperanzado. Luego se puso sensible mientras jugueteaba con un manojo de llaves que colgaban de su cintura.

“Antes llevábamos cuchillos”, dijo. “Ahora tenemos que llevar llaves”.

Pastores nómadas chinos
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