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Así pasó una de las primeras Chicas Bond a una ‘vida normal’

Mie Hama, estrella cinematográfica japonesa, que fue novia de James Bond en la película “You Only Live Twice”, rara vez habló sobre la película del 007, pero después de 50 años la actriz está dispuesta a reflexionar sobre su agridulce momento de estrellato mundial.
Martin Fackler | New York Times
10 marzo 2017 19:30 Última actualización 11 marzo 2017 4:50
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En 1967, Mie Hama era el más reciente símbolo sexual de Hollywood. En ese año, la estrella cinematográfica japonesa de 23 años de edad apareció junto a Sean Connery en la película de James Bond “You Only Live Twice”, interpretando a la novia en bikini del agente 007, Kissy Suzuki. También apareció en Playboy, que la proclamó “la Brigitte Bardot de Japón”.

Sin embargo, Hama nunca apareció en otra película de Hollywood. Unos años después, renunció a su contrato con el estudio japonés Toho para casarse y criar una familia, diciendo a los asombrados ejecutivos que quería “una vida normal”. Siguió siendo una celebridad en Japón pero reconstruyó totalmente su imagen pública, convirtiéndose en presentadora de televisión y radio, una activista a favor de la preservación de las viejas granjas y técnicas agrícolas, una conocedora del arte folklórico y la autora de 14 libros ⎯ sobre la crianza de los hijos, los modales y el autodescubrimiento ⎯ que han resultado enormemente populares entre las mujeres.

Durante décadas, rara vez habló sobre la película del 007 y su estatus como una de las primeras chicas Bond de Asia (junto con su coestrella japonesa Akiko Wakabayashi). Pero ahora que “You Only Live Twice” cumple 50 años, ha estado más dispuesta a reflexionar sobre su agridulce momento de estrellato mundial y su decisión de desechar eso en busca de algo más auténtico y personal.

“Fue un honor ser una chica Bond, pero una vez fue suficiente”, dijo Hama, ahora de 73 años de edad, en una entrevista en su casa en esta tranquila localidad turística montañesa. “No quería que esa imagen me encasillara. Realmente soy una persona tranquila y estable, pero sentí que, en algún lugar más allá de mi control, otros estaban creando un personaje llamado ‘Mie Hama’”.

Incluso medio siglo después, Hama parece distanciarse de su ex personaje de actriz cinematográfica. Vestía un kimono beige y verde discretamente elegante, con el cabello en un corte juvenil por encima de las orejas, muy lejos de la imagen de una belleza estilo occidental que le convirtió en una de las heroínas de la era orada del cine japonés a principios de los años 60. Su casa, hecha de madera centenaria que recolectó de antiguas granjas, está decorada como un museo de artesanías tradicionales japoneses, con grandes urnas de cerámica, telas estarcidas y pinturas del cercano Monte Fuji en exhibición.

No hay ningún poster, fotografía u otro indicio de su prolífica carrera cinematográfica en Japón, o de su breve momento bajo los reflectores del mundo como chica Bond.

“Todo eso está almacenado en algún lugar en el sótano”, dijo. “No me gusta entretenerme en el pasado”.

Hama dijo que nunca se sintió cómoda en la pantalla grande. Nacida en una familia de Tokio de clase obrera cuya pequeña fábrica de cartón se quemó en la Segunda Guerra Mundial, creció en la pobreza. Estaba trabajando como perforadora de boletos en un autobús a los 16 años de edad cuando la descubrió Toho. Rápidamente se convirtió en una importante estrella en Japón pero pasaba mucho de su tiempo libre tratando de escapar en viajes como mochilera en Europa e India, donde, dijo, le daba vueltas a si seguir en la actuación.

Ya había protagonizado casi 70 películas, desde cintas de monstruos hasta romances adolescentes, cuando se le pidió que se presentara a una audición para la película de Bond en 1966. Dijo que pensó que el director, Lewis Gilbert, la seleccionó porque había visto “King Kong vs. Godzilla”, una película de monstruos japonesa de 1962 en la cual Hama interpretó al interés romántico de Kong.

“Yo nunca había visto una película del agente 007 y no tenía idea de que 007 era un éxito internacional tan enorme”, recordó.

No se dio cuenta de en lo que se había metido hasta que llegó a Londres, cuando alguien del estudio demandó ver dentro de su maleta. Ella la abrió para revelar algunas playeras y jeans, dijo.

“Ahora eres una chica Bond”, recordó que le dijeron. “La ropa que uses, la joyería que te pongas, nos encargaremos de todo eso”.

Al día siguiente, empezaron a aparecer a la puerta de su habitación de hotel vestidos costosos.

“Todo desde mi peso hasta la altura de mis tacones era decidido”, dijo. “Quizá se veía glamoroso, pero, para mí, todo era un enorme calvario”.

Durante este tiempo de soledad, dijo que recibió importante apoyo emocional de su coestrella, Connery, a quien describió como un espíritu afín con antecedentes en la clase obrera. Dijo que Connery se volvió un modelo de rol, un profesional que tenía los pies en la tierra fuera de cámara pero que mágicamente se convertía en el elegante súper espía al grito de “¡Acción!”

“Yo era solo una niña”, recordó. “Cada mañana, él preguntaba si yo estaba teniendo algún problema. También él tuvo una vida difícil antes de convertirse en estrella, así que me entendía”.


Incluso hoy, sigue llamándolo respetuosamente “Sean Connery-san”. Dijo que ahora lamenta no tratar de hablar más con él o llegar a conocerlo. Nunca se reunió de nuevo con Connery después del estreno de la película. (Connery declinó comentar para este artículo a través de un representante, quien dijo que estaba retirado.)

En Japón, donde se filmó gran parte de la película, el papel elevó el prestigio de Hama catapultándola al diminuto olimpo de los actores japoneses que habían alcanzado el éxito en Hollywood, que incluye a Toshiro Mifune y Machiko Kyo. También ayudó a consolidar su imagen: con 1.70 metros de estatura, estaba a la altura de muchos de los actores de Japón.

“Mie Hama era vista como una belleza moderna capaz de sostenerse entre las actrices de Occidente”, dijo Sota Setogawa, autor de varios libros sobre el cine de posguerra. “Resultó que no era la verdadera Mie Hama, sino solo una imagen”.

Fue una imagen que Hama trató de mantener por un tiempo. Las fotos de esta época invariablemente la muestran vestida con un bikini blanco. Interpretó un papel tipo la chica Bond en al menos una película subsecuente en Japón, apareciendo como la agente extranjera villana Madame Piraña en la cinta de 1967 “King Kong Escapes”.

Pero dijo que rechazó muchas ofertas de Hollywood para interpretar papeles similares. Abandonó las películas por completo para casarse con un ejecutivo de televisión ⎯ siguen casados en la actualidad ⎯ y tener sus cuatro hijos. Dijo que estaba buscando algo pero aún no sabía qué.

A los 40 años, dijo, finalmente tuvo su epifanía mientras viajaba por la zona rural de Japón. Se topó con una antigua aldea agrícola que estaba siendo derruida para construir una presa. Le gritó a su chofer que se detuviera y se sintió afligida al conocer a una anciana que estaba siendo obligada a abandonar su casa.

“Japón estaba renunciando a su verdadero yo en su apresuramiento por el desarrollo económico”, dijo Hama. “Me di cuenta de que Japón tenía que regresar a su verdadero yo. Y yo también”.

Dijo que pasó las siguientes tres décadas diciendo a sus fanáticos que valoraran lo que es auténtico en Japón, y en ellos mismos. En su libro más reciente, “La soledad puede ser algo maravilloso”, alienta a otras mujeres a vivir de una forma en que sean fieles a sí mismas, incluso si otros se oponen.

“Puede ser solitario vivir bajo tus propios términos, pero es el camino hacia la verdadera felicidad”, dijo. “Mis experiencias me han enseñado eso”. 

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