New York Times Syndicate

Así es como el aeropuerto de Hitler se transforma para recibir a refugiados

El aeropuerto Tempelhof forma parta de la historia de Berlín e incluso salvó a Alemania Occidental del bloqueo soviético; ahora albergará hasta 7 mil refugiados de Siria, Afganistán, Irak y otras partes.
Alison Smale
19 febrero 2016 13:1 Última actualización 20 febrero 2016 5:0
Aeropuerto Alemania

Son 4 hangares, de 16 metros de altura, donde están actualmente acomodados 800 refugiados en espacios de 25 metros cuadrados. (NYT)

BERLIN.- Los prusianos desfilaron alguna vez en terrenos donde hoy está el Tempelhof. Luego, en los 1930, el arquitecto Ernst Sagebiel tomó lo que era una modesta pista de aterrizaje y concibió al sitio como una gigantesca entrada a la nueva Alemania de Hitler.

Posteriormente, los estadounidenses utilizaron su creación _ lo que el arquitecto Norman Foster ha llamado “la madre de todos los aeropuertos” _ para operar el puente aéreo que salvó a Berlín Occidental del bloqueo soviético.

El alcance y el tamaño del Tempelhof, así como su ubicación en el centro de Berlín, son tan impresionantes que todo, hasta la señalización y los transportadores de equipaje, ahora en desuso, siguen estando bajo protección legal como parte de un monumento.

De hecho, toda subida, el aeropuerto Tempelhof ha estado escribiendo capítulos de la historia de Berlín. Así es que, quizá, fue inevitable que consiguiera un papel protagónico en el actual.

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Aeropuerto Alemania

Hoy, está ya por convertirse en el centro de refugiados más grande de Alemania. Para el Tempelhof, eso significa otra transformación más.

La nueva misión para el aeropuerto, donde podrían albergarse hasta 7 mil refugiados cuando concluyan las obras, ha hecho que los empleados tengan funciones improvisadas. Deben idear la forma de alojar, alimentar, calentar, entretener y ayudar a los recién llegados de Siria, Afganistán, Irak y otras partes.

“No hay un manual para algo como esto”, comentó Michael Elias, quien dirige a la compañía Tamaja, la administradora de las instalaciones para los refugiados y organizadora de todo, desde la seguridad hasta la limpieza y el servicio de alimentos que entrega los desayunos, comidas y cenas.

“Al principio, solo puedes cometer errores”, añadió Elias, de 46 años, quien llegó a Alemania de niño, procedente de Líbano.

Su oficina da a uno de los cuatro hangares enormes, de 16 metros de altura, donde están actualmente acomodados 800 refugiados en espacios de 25 metros cuadrados, delimitados con mamparas temporales. En ellos, hay apretujadas seis literas dobles donde duermen 12 personas, sin lugar para una silla.

“No es un espacio diseñado para vivir”, notó la portavoz Constanze Deoell, del Tempelhof Projekt, el organismo municipal responsable de todo el conjunto. “Es un hangar para aviones”.

En efecto, los nazis obligaron a trabajadores encarcelados a construir aviones en ellos.

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Aeropuerto Alemania

En 1948 y 1949, los C-47 estadounidenses trajeron millones de toneladas de alimentos, carbón y otros suministros para el puente aéreo de Berlín, en un operativo que, en su punto máximo, tuvo aviones aterrizando cada 90 segundos.

Durante toda la guerra fría, el ejército estadounidense operó aquí, junto con los vuelos civiles. Después de la caída del Muro de Berlín en 1989, el ejército estadounidense se retiró en forma gradual.

Conforme el Berlín recién unificado juntaba sus mitades occidental y oriental, se habló de diversos usos para el Tempelhof. Sin embargo, en la forma clásica berlinesa, no se decidió por ninguna realmente. En el referendo más reciente, en 2014, los berlineses rechazaron un plan para construir 4 mil 700 viviendas y dejar abierto hasta 85 por ciento de su vasto espacio verde.

Los urbanistas que pueden haber maldecido su oportunidad perdida para construir la vivienda necesaria, ahora se sienten aliviados, al menos en parte; donde se pudieran haber construido casas permanentes, pueden colocar unas prefabricadas para los refugiados que no están en los hangares.

Sin duda que Holger Lippmann, de 52 años, quien coordina el Tempelhof Projekt, ha sentido los efectos del destino en evolución del aeropuerto. Llegó al puesto en el verano del 2015 como un procurador, tras haber estado encargado, durante 13 años, de la venta de terrenos que el ayuntamiento consideraba que no necesitaba.

Ahora, se quedará al menos dos años y está entre los interesados en preservar cada centímetro de terreno municipal para albergar no solo a los refugiados, sino a la creciente cantidad de familias que se quedan en Berlín o se mudan, abarrotando las viviendas y escuelas.

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Aeropuerto Alemania

La participación de Lippmann y Elias en la saga del Tempelhof llegó de repente. La noche del 23 al 24 de octubre, les dijeron que alistaran un hangar para los refugiados.

“En ese momento, estaban llegando 16 mil o más refugiados a la frontera bávara cada noche”, contó Lippmann. “Los metían en autobuses, luego, los choferes nos llamaban del “autobahn” para decirnos que llegarían a Berlín en tres horas. Y en ese lapso, tienes que organizar a la brigada de bomberos, la policía, hasta al ejército, y a los voluntarios”.

Ni él ni Elias pudieron proporcionar los costos del programa, ni a la fecha, ni en el futuro,. “Mucho”, contestó Elias cuando se le preguntó. Lippmann dijo que el solo calentar los hangares habitados cuesta 26 mil dólares diarios.

Una visita reciente en un día bastante templado, de mucho viento, produjo vistazos de los refugiados, muchos con los teléfono celulares; otros, acostados apáticos en las apretadas literas, y niños a los que entretenían voluntarios de un grupo de circo y de la beneficencia Save the Children.

Docenas de unidades nuevas, cada una con escusado, lavamanos y ducha para uso individual, esperaban que las asignaran. Se adquirieron después de que los refugiados, particularmente las mujeres, declinaron utilizar las duchas comunitarias.

Casi todos los días hay un nuevo reto. Después de que jóvenes, que se dijo eran inmigrantes, asaltaron a cientos de mujeres la Noche Vieja, en Colonia, se amedrentaron las empleadas de más de 100 oficinas en el aeropuerto.

“Después de Colonia, estamos especialmente sensibles y preocupadas”, dijo Lippmann.

Los empleados que antes participaban en la organización de actividades para ganar dinero _ galas de televisión o desfiles de moda, por ejemplo _ en el Tempelhof, ahora están ocupados anulando esos contratos y evaluando las necesidades de los refugiados.

Idealmente, dijo Elias, los refugiados deberían pasar solo unas semanas aquí antes de moverse en el sistema. Equipara a Alemania con una sociedad que solía cocinar solo con sal y pimienta.

“Ahora”, señaló, “tenemos un verdadero revoltijo”.

La afluencia, dijo, “es positiva; la sociedad está pensando en el tipo de valores que mantiene en alto”.

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