New York Times Syndicate

Así aprendí a volar un dron

Prashant Rao recibió un dron como regalo de cumpleaños y el novato tuvo que aprender a volarlo. Calificó la experiencia como "intimidante".
Prashant S. Rao
06 mayo 2016 20:34 Última actualización 07 mayo 2016 5:0
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drone

drone (NYT)

Mi esposa, Alexa, como que ha convertido en una profesión el darme regalos de cumpleaños grandiosos. A lo largo de los años, sus regalos han incluido un antiguo ejemplar de Sports Illustrated con una holograma de Michael Jordan en la portada y un paseo fotográfico por una parte particularmente fotogénica del sur de China.

Así que para mi cumpleaños más reciente, yo no tenía idea de qué esperar cuando me entregó una caja grande. Adentro encontré un dron nuevo.

El único problema: tuve que aprender a volarlo.

Esto quizá no sea fácil para muchas personas. Primero, está la cuestión de descifrar las capacidades del dron. Los drones para los consumidores vienen en distintos tamaños y precios. Uno puede construir su propio dron, adaptarle una cámara GoPro y personalizar una variedad de opciones. O puede conseguir uno que funcione al momento de sacarlo de la caja.

Volar un dron es intimidante. Hay que conocer las regulaciones. En Estados Unidos, como la industria es relativamente nueva, las normas federales a veces chocan con las regulaciones establecidas por las autoridades estatales y locales.

En el Reino Unido, donde yo vivo, las normas para volar drones de aficionados son afortunadamente más claras, y la Autoridad de Aviación Civil de Gran Bretaña ha adoptado medidas para traducir los lineamientos a menudo densos a un idioma más fácil de entender. En julio, lanzó “El código dron” y ha publicado un video animado que resume las reglas.

Incidentes
En 2015, las autoridades de aviación británicas registraron 39 incidentes de “aproximación aérea”, incidentes aéreos que se evitaron por poco, y esos son solo los que involucran a un dron y a otra aeronave.

También hay que considerar la seguridad de los demás. Yo no quería aparecer en los titulares.

Pero hay formas de iniciarse. Los operadores de drones comerciales y las personas que realizan videos profesionales pueden tomar cursos breves para asegurarse de que saben lo que están haciendo. Para los novatos como yo, abundan los videos en YouTube que ofrecen consejos y explicaciones.

“No todos los que pueden controlar cosas en tierra tienen percepción espacial 3-D”, dijo Jonathan Carter, director de la Academia Aérea, que realiza cursos que ayudan a los usuarios de drones profesionales a obtener una licencia de la Autoridad de Aviación Civil. Carter, quien movido por la curiosidad sujetó por primera vez una cámara compacta a un dron de un solo rotor en 2010, dice que los cursos pueden completarse en apenas una semana y cuestan alrededor de mil 600 dólares.

Para mí, el primer paso fue evaluar mi dron, un DJI Phantom 3. DJI, que tiene su sede en Shenzhen, en el sur de China, produce más drones a pequeña escala que cualquier otro fabricante, y los drones de la serie Phantom han sido los más vendidos en el mundo. La empresa fue fundada en 2006 y ha sido valuada en alrededor de 8,000 millones de dólares.

Mi Phantom 3 Standard cuesta unos 635 dólares. Con un peso inferior a kilo y medio, es un cuadricóptero de plástico blanco con una cámara incorporada que graba video de 2.7K y captura fotos de 12 megapíxeles. Pude meter todo el sistema _ el dron, las hélices desmontables y el control remoto _ en mi mochila.

Las instrucciones para volar el dron resultaron claras. Simplemente hay que descargar la aplicación móvil de DJI, fijar las hélices a la máquina, encender el dron y el control remoto y la aplicación le guía a uno durante el proceso de configuración.

Para los principiantes, la aplicación de DJI ofrece una modalidad básica que restringe el dron a una altitud y distancia de poco más de 30 metros. Lo único que hay que hacer para iniciar el despegue es dar un toquecito en un botón en la pantalla del smartphone y después deslizar el dedo para confirmar. Después de eso, se está en el aire.

Todo se controla con la aplicación móvil a la par del control remoto, y uno puede recibir tanta o tan poca asistencia como uno quiera. El aterrizaje puede completarse manual o automáticamente. Mientras esté en el aire, puede controlar el dron usted mismo o usar una del puñado de “modalidades inteligentes” que le permiten instruir al dron para que dé vueltas sobre un solo punto, le siga sin cambiar de distancia o altitud o para que siga un conjunto predeterminado de instrucciones. Cuando la batería esté por agotarse, inmediatamente regresa a su punto de despegue.

Hasta ese momento, todo bien. La siguiente tarea era evaluar las reglas de vuelo en mi área. Donde vivo, hay algunas restricciones geográficas; básicamente no hay que acercarse a los aeropuertos, al Parlamento ni a los parques reales como los Jardines de Kensington.

Sin embargo, en los próximos años esas regulaciones podrían cambiar constantemente, según Peter Lee, un consultor del despacho de abogados Taylor Vinters.

“Pienso que el catalizador sería algún tipo de evento catastrófico que realmente forzara a que la narrativa pública opte por un camino de regulaciones más estrictas”, dijo Lee, dueño de dos drones de aficionado.

Luego de saber cuáles eran las regulaciones locales, mi esposa y yo escogimos para un primer vuelo el Parque Battersea, en la parte suroccidental de la ciudad. Ahí, encontramos un área relativamente tranquila. Aunque el mercado para los drones civiles al parecer está creciendo rápidamente _ el director ejecutivo de 3D Robotics, un competidor de DJI, dijo en octubre de 2014 que su empresa tenía un valor de 1,000 millones de dólares y los pronósticos predicen casi uniformemente una rápida expansión _, yo era la única persona en el parque con un dron.

Siguiendo las instrucciones, encendí todo, y con un mínimo esfuerzo el dron se elevó sobre mí. La gente alrededor desaceleró su paso para ver, y mi esposa sacó un par de fotos con su iPhone.

“Niños con juguetes”, dijo después.

Todo fue notablemente fácil, aunque breve. Fue cómodo maniobrar el dron, la aplicación fue fácil de usar, y el video grabado por el dron resultó nítido. Todo se guardó en una tarjeta microSD, lo que significa que puede meterse en muchas computadoras portátiles y algunos televisores para ser visto, editado y compartido sin muchos problemas. He guardado mis videos en una laptop pero estoy editando un par de videos para eventualmente subirlos a YouTube.

Significativamente, fue divertido. Ver los alrededores desde un ángulo distinto es interesante y suma un elemento genial a la experiencia. He vivido aquí durante varios años, de manera intermitente, pero ahora quiero volver a explorar lugares en los que ya he estado solo para usar el Phantom y verlos desde arriba.

El dron no carece de limitaciones. La vida de la batería es frustrantemente corta. En total, pude grabar aproximadamente 20 minutos de video HD con una carga completa, tiempo que coincide con la capacidad de la batería anunciada por DJI. En varios momentos, la pantalla en tiempo real de la cámara también se desconectó, y en otro día despejado en el parque la aplicación me dijo que mi conexión de GPS no era lo suficientemente fuerte para usar algunas modalidades inteligentes.

DJI dijo que muy probablemente se debió a la dependencia del Phantom 3 Standard del Wi-Fi, y no al Lightbridge, la tecnología de comunicación inalámbrica de la compañía, la cual tiene un rango más amplio. Esta tecnología se usa en los modelos más nuevos y avanzados de DJI.

Los días ventosos también dificultaron un poco el vuelo, aunque de ninguna forma lo hicieron muy difícil. Pero en un escenario urbano, intenté volar el cuadricóptero a una altura suficiente para asegurarme que la gente del área no sintiera que la estaba espiando, lo que restringió las cosas que pude probar.

En parte debido a la estabilidad propia del dron y por mi exceso de precaución, nunca lo estrellé, pero una vez sí se volcó porque lo hice aterrizar muy rápidamente mientras intentaba impedir que lo agarrara un perro curioso.

En general, no puedo quejarme; la primavera ya llegó y la ciudad, afortunadamente, tiene muchos espacios verdes donde volar drones. Además, tengo un par de vacaciones planeadas, y ya estoy pensando en cómo aprovechar al máximo mi regalo de cumpleaños.

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