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Arte de Pekín aumenta su perfil

Las galerías de arte son cada vez más comunes en la capital china, algo que nunca antes se había suscitado en la historia de ese país. “Comprar una obra de arte contemporáneo chino es comprar un pedacito de historia", firma un coleccionista. 
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09 enero 2015 18:50 Última actualización 10 enero 2015 5:0
El arte, mercado emergente en la sociedad china. (NYT)

El arte, mercado emergente en la sociedad china. (NYT)

Una reciente tarde de domingo, en la terraza hundida del elegante hotel Opposite House de Pekín, estaba en pleno apogeo un acto artístico. El vino estaba frío, humeantes las bolitas de masa, y unas cuantas docenas de lugareños y extranjeros miraban con curiosidad mientras los artistas Yan Wei y Yinmai O’Connor pasaban sus pinceles negros por las paredes, los muebles e, incluso, los ocupantes humanos de una habitación encalada.

Una compañía llamada Surge Arte montó el espectáculo, el último de la Semana del Diseño en Pekín que concluyó a principios de octubre. La asistencia pareció razonable, aunque Tom Pattinson, el director de Surge Arte, me dijo que no tenía nada qué ver con la fiesta que ofrecieron el viernes anterior, por la noche, en el hotel Four Seasons.

El tipo de actividades de arte informal, como ésta, están ganando impulso en Pekín: las galerías y representaciones les dan cada vez más una plataforma a los artistas emergentes, a los que hacían sombra las estrellas del arte de alta calidad del país. Si bien las obras de los artistas chinos establecidos se siguen vendiendo bien internacionalmente, la parte baja del mercado empieza ahora a abrirse en China con ayuda de la venta de obras de arte por internet.

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El arte, mercado emergente en la sociedad china. (NYT)

El mercado objetivo tiene dos caras: la nueva generación de profesionales chinos con altos salarios, que cada vez más se fijan en el arte contemporáneo y no en baratijas de diseñador, y los turistas extranjeros para quienes una pintura de un joven artista de moda es el recuerdo por excelencia de la capital del país.

Surge Arte es uno de un creciente número de negocios en Pekín que refuerzan el mercado de las obras de artista emergentes. Otros incluyen a Hi Art Store –otro negocio en línea–, así como instituciones como la tienda del UCCA (en inglés, Centro Ullens de Arte Contemporáneo) en el Distrito Artístico 798, que también vende grabados de edición limitada por internet, y algunas de las galerías más innovadoras, como Puerta Roja.

“Comprar una obra de arte contemporáneo chino es comprar un pedacito de historia y una ventana a cómo está cambiando una sociedad”, comentó Pattinson, cuya pasión por el arte chino comenzó hace más de una década, cuando se mudó de Inglaterra a Pekín y, como amante del arte con poco presupuesto, tuvo que encontrar caminos asequibles para un mercado de arte que era, según su opinión, “elitista y carente de cualquier profundidad”.

“Después de hablar con amistades en el mundo del arte, me di cuenta de que había tanto una oferta de grandes artistas jóvenes que buscaban vender su obra, como una gran cantidad de personas interesadas en escoger algo contemporáneo, original pero asequible”, explicó.

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El arte, mercado emergente en la sociedad china. (NYT)

La escena del arte en Pekín ya se convirtió en un destino básico de los recorridos organizados. Las agencias como Bespoke Beijing y Context Travel han realizado recorridos a pie por el Distrito Artístico 798, en el noreste de la ciudad, desde hace varios años y arreglan visitas a los estudios para conocer y saludar a los artistas. Ha prosperado lo que otrora fue una escena reducida y alternativa allí, una expansión que ha obligado a muchos artista a mudarse a zonas cercanas más asequibles, como Caochangdi (donde vive Ai Weiwei), Huantie y la Villa Internacional del Arte 318, así como la más remota Songzhuang.

El precio de las obras de arte adquiridas en línea empieza en unos 75 dólares, algo tentador para quien busca recuerdos sin aspiraciones previas a coleccionar obras de arte.

Janice MacLeod, una trabajadora social con 76 años de edad, de Inglaterra, era una modesta compradora que se expuso al arte contemporáneo chino en una de las ferias de arte de Surge, cuando visitaba a su hijo, un periodista, en Pekín, en 2013.

“Me impresionó la exposición, me entusiasmé maravillosamente, y compré mi primera obra de arte contemporáneo”, contó, refiriéndose a la pintura Col china, del artista Ma Jing, que hoy cuelga en su casita de Oxfordshire.

Otros compradores también contemplan la posibilidad de algún rendimiento en su adquisición en las vacaciones: un beneficio potencial de comprar una obra de arte en China, en lugar del juego de té de porcelana, es que es más factible que aumente su valor en algunos años. Artistas como Sheng Qi, Zhou Jun, Hei Yue y Gonkar Gyatso venden ahora sus creaciones por sumas de cinco dígitos, cuando empezaron en línea por solo unos cuantos cientos de dólares.
Bradley Schurman, un residente de Washington, D.C., con 37 años de edad –quien compró una escultura original de Huang Yulong después de un viaje a Pekín a principios del 2014–, se sorprendió al descubrir que la obra que adquirió en línea vale ahora varias veces más lo que pagó.

Schurman dijo que siempre compra arte por razones estéticas. “Esa mentalidad no fue distinta cuando compré esta pieza”, aseguró sobre el cráneo de cerámica dorada, su recuerdo de arte chino.

“No obstante, hay algo increíblemente gratificante cuando aumenta el valor de estas hermosas piezas a un ritmo parecido o sustancialmente mayor al mercado”, sostuvo. 

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