New York Times Syndicate

 Argentina redescubre raíces africanas en el tango 

En algún momento, Argentina tuvo una robusta presencia africana debido a los esclavos que trajeron al país, y hoy las influencias quedaron plasmadas en algunos lugares y tradiciones, entre ellas el tango.
Michael T. Luongo
20 septiembre 2014 17:22 Última actualización 21 septiembre 2014 4:0
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A pesar de lo raro que parezca, Argentina cuenta con raíces africanas tras el envío de esclavos de ese continente. (New York Times)

A pesar de lo raro que parezca, Argentina cuenta con raíces africanas tras el envío de esclavos de ese continente. (New York Times)

La capilla de la pequeña comunidad turística de Chascomús, a orillas del lago, es poco satisfactoria, en el mejor de los casos. Su exterior de ladrillo encalado está parcialmente obstruido por una maraña de enredaderas y arbustos, y su sombrío interior de un solo ambiente, no es más majestuoso que su fachada. A las bancas de madera y el piso de tierra disparejo, los ilumina escasamente la luz del sol que entra por la única ventana que hay. Las paredes grises, cuarteadas y polvosas están adornadas con cruces, fotografías, íconos y las cosas que deja la gente para marcar su peregrinaje. Un altar frontal, bajo, tiene gruesas capas de cera de las velas, flores y un panteón de santos negros, vírgenes y deidades africanas, como Yemanja, la diosa del mar, de la religión yoruba.

A pesar de su estado descuidado, este templo, la Capilla de los Negros, atrae a poco más de 11 mil turistas cada año, mismos que llegan a ver una iglesia llamada así por los esclavos liberados que la construyeron en 1861.

La capilla está “donde podemos ubicarnos y señalar la verdad de que estamos aquí”, dijo Soledad Luis, una afroargentina de la oficina de turismo. Da la impresión de que la Capilla de los Negros está en un lugar apartado, pero forma parte de una lista de sitios de esclavos en Argentina que creó la Unesco en 2009. Su inclusión es señal de la creciente conciencia del legado africano en ese país, aparentemente el más europeizado en América del Sur.

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CAMBIO DEMOGRÁFICO CLARO

En algún momento, Argentina tuvo una robusta presencia africana debido a los esclavos que trajeron al país, pero su población negra quedó diezmada por una miríada de factores, incluidos la gran cantidad de bajas en las líneas del frente durante la Guerra de la Triple Alianza en contra de Paraguay, en los años de 1860; una epidemia de fiebre amarilla de la que escaparon, en gran medida, los argentinos ricos y blancos, y la descendencia interracial que, al cabo de generaciones sucesivas, provocó que se perdieran la cultura y las facciones. Y la inmigración europea hizo que aumentara la población blanca, llegaron 2.27 millones de italianos entre 1861 y 1914.

El cambio demográfico ha sido claro. En los 1800, en vísperas de la independencia de España, los negros representaban más de un tercio del país, según el libro de 2004, de George Reid Andrew, “Afro-Latin America” (“Latinoamérica africana”). En 2010, 150 mil personas se identificaban como afroargentinas, o apenas 0.365 por ciento de una población de 41 millones de habitantes, según el censo, el primero en el país en el que se hizo el conteo por raza.

Africanos en Argentina. (New York Times)
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UNA NUEVA ARGENTINA

Sin embargo, persistió la cultura que trajeron los esclavos. Y, en los últimos años, Argentina ha pasado de infravalorar sus raíces africanas a redescubrirlas, conforme académicos, arqueólogos, inmigrantes y un naciente movimiento por los derechos civiles han cuestionado la idea de que los términos africano y argentino son mutuamente excluyentes.

Algunos ven en la creación de rutas para turistas, con placas y folletos, una forma de educar a los lugareños y a los turistas por igual, en cuanto a esta historia suprimida desde hace tiempo. En mis diversas visitas en los últimos años y durante el tiempo que viví en el país, el sendero me condujo a la otra Argentina, una que apenas empieza a tejerse dentro de la narrativa que el país tiene sobre sí mismo.

Mi primera escala requirió de algunos zapatos para bailar. Llegué a una clase de tango en el Movimiento Afrocultural, en la calle Defensa, en San Telmo, en Buenos Aires. La institución cultural se estableció en 2009 para promover el legado africano y afroargentino.

“No hay duda de que el tango tiene un origen africano”, me dijo la maestra Verónica Rueco. Juntos observamos a los lugareños y turistas practicar los pasos de baile en el centro de una bodega convertida, cuyas paredes estaban cubiertas con tambores candombe, con imágenes talladas de cascos de los barcos de esclavos, llenos con el cargamento de humanos encadenados. “La única duda es la historia precisa de cómo surgió”.

La forma de baile, prosiguió a notar, se creó a finales de los 1800, como resultado de la fusión de las culturas de los inmigrantes africanos y europeos. (Se piensa que el término tango se originó a partir de la palabra usada en Nigeria y Congo, que sobrevivió el paso trasatlántico junto con los esclavos, según la doctora Erika Edwards de la Universidad de Carolina del Norte, en Charlotte.)

Gente africana en Argentina. (New York Times)
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MERCADO SUBTERRÁNEO DE ESCLAVOS

Mi siguiente visita fue subterránea. No es ningún secreto que bajo el viejo Buenos Aires, se encuentra una celosía de túneles, utilizados por los contrabandistas coloniales para evitar pagar los aranceles españoles, así como por los sacerdotes para trasladarse de una iglesia jesuita a otra, como las de San Francisco y San Ignacio en el sitio histórico de la Manzana de las Luces.

Son menos conocidos los túneles que corren bajo edificios residenciales, como el de Defensa 1464 en San Telmo. Freda Montaño, una afroecuatoriana que tiene el restaurante Rincón Ecuatoriano y alguna vez vivió ahí, descubrió la complejidad de esa estructura. La historia colonial del edificio quedó oculta, en parte, tras la nueva fachada belle époque que le pusieron a principios del siglo pasado, un periodo en el que Buenos Aires imitó conscientemente a París.

Montaño dijo que encontró los túneles en el sótano y una puertita quería decir “para alguien que sirve en la casa, para que no interfiera con lo que están haciendo los blancos”. Contó que los vecinos le platicaron que los túneles llevan al Parque Lezama, donde se vendía a los esclavos y luego se los trasladaba bajo tierra hasta las casas de quienes los habían comprado.

La Plaza San Martín, donde está ubicada la estatua del libertador de Argentina, José de San Martín, fue otro importante sitio de subastas de esclavos en la ciudad. Estos lugares, junto con distritos enteros dentro del centro colonial de Buenos Aires, aparecen en los listados de La Ruta del Esclavo de la Unesco, pero, en su mayor parte, siguen sin estar marcados con alguna placa.

Montaño abrió un efímero centro cultural en Defensa 1464, pero se vio obligada a cerrarlo cuando el dueño quiso vender la casa. Dice que espera que el ayuntamiento la compre y haga un museo, y cree que el hecho de demostrar la relación de los túneles con la esclavitud beneficiará a los turistas y lugareños por igual, “donde el mundo no sabe nada de esto porque la gente dice que en este país no hay descendientes de africanos”.

Africa - Argentina. (New York Times)

TENTATIVAS POR EXAMINAR RAÍCES AFRICANAS

En Buenos Aires se han dado otras tentativas de examinar las raíces africanas de Argentina, incluido el museo marítimo, hoy cerrado, en el que se mostraba el comercio de esclavos en el barrio de La Boca. Y, durante el bicentenario de Argentina en 2010, las instituciones culturales buscaron marcar el pasado diverso del país. De su colección permanente, el Museo Nacional Histórico agrupó pinturas de las cinco décadas de la época de la Emancipación. El centro de exposiciones Casa Nacional del Bicentenario estudia ocasionalmente las influencias africanas en la música argentina. Fuera de la capital, en San Antonio de Areco, hay exhibiciones sobre los gauchos, o vaqueros, negros en Argentina, en los museos Ricardo Güirales y Las Lilas de Areco.

Sin embargo, todas esas atracciones miran hacia atrás. Como parte del cambio orientado a abrazar la cultura afroargentina, el país está empezando a darle la bienvenida a la influencia africana contemporánea. Por ejemplo, un camerunés abrió el restaurante El buen Sabor en el barrio Villa Crespo, en 2008. Me volví a encontrar con su dueño, Maxime Tankouo, en una de mis visitas. “Cuando llegué, me veían como al rarito aquí”, en 2001, dijo. “Pasaron ocho días antes de que viera a alguien de mi raza”. Agregó: “Yo mezclo muchas cosas, marroquíes, africanas, camerunesas, todo en el mismo platillo”. Al principio, a Tankouo lo sostenían principalmente los franceses y otros turistas. Ahora, los lugareños son la mayoría de sus clientes.

Si querer, la llegada de estos nuevos inmigrantes está tendiendo puentes sobre una brecha que ya se superó parcialmente. Hasta los restaurantes tradicionales tienen un toque afroargentino, aunque sin intención. “Nuestro símbolo gastronómico tiene un carácter africano”, el antropólogo social en la Universidad de Buenos Aires, Nicolás Fernández Bravo, dijo sobre el asado, las carnes hechas a la parrilla, que consumen casi todos los turistas que llegan de visita. Me habló del clásico de la literatura argentina del siglo XIX, “El Matadero” por Esteban Echeverría, y sus descripciones de cómo se destazaban las vacas y se distribuían las glándulas o mollejas.

“Se les daban parte de las mollejas a los esclavos”, contó. “Ahora son parte de la comida general, y se piensa que es una exquisitez especial, pero hubo un tiempo en el que las elites no habrían comido esto”.
Argentina sigue luchando con su compleja identidad. De vuelta en la capilla, Luis me dijo que es frecuente que sea la primera afroargentina a la que conocen turistas locales, y algunos le pelean que es de otra parte. Debido a esto, sostuvo, “los negros deben contarte la historia de los negros”.