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36 horas en Vilna, Lituania

Mucha historia y mucho lujo es lo que te espera en la capital lituana. La arquitectura es, sencillamente, impresionante. Disfruta de este país de Europa en adoptar el cristianismo.
The New York Times 
16 julio 2015 22:10 Última actualización 17 julio 2015 16:3
Lituania

Lituania

Al contrario de los distritos históricos de sus hermanas bálticas Tallin y Riga, que a menudo parecen dominio exclusivo de turistas y puestos de recuerdos kitsch, el Casco Antiguo barroco de la capital de Lituania parece atraer a sus sinuosos callejones al mismo número de residentes locales que de visitantes.

Con calles flanqueadas por tiendas de Burberry y Max Mara así como de boutiques de diseñadores lituanos, el encantador laberinto del centro histórico del siglo XIII fluye impecablemente hacia los bulevares más nuevos, y sigue siendo una parte del tejido local.

1
Viernes

1 p.m.

Recorrido a pie

Un paseo pausado por las serpenteantes calles del Casco Antiguo de Vilna es obligatorio para aclimatarse a la mezcolanza de influencias arquitectónicas, que van desde lo majestuoso hasta lo digno del Sombrero Loco. Empiece en las Puertas del Amanecer del siglo XVI, el único remanente sobreviviente de la muralla defensiva original de la ciudad (verá un flujo constante de peregrinos religiosos que se dirigen hacia la capilla erigida en su interior). Siga hacia el norte sobre Ausros Vartu Gatve con dirección a la plaza principal, flanqueada por el neoclásico Ayuntamiento y la imponente Iglesia de San Casimiro de estilo barroco, que en la superior tiene una enorme corona negra. Construida originalmente en el siglo XVII como iglesia católica, poco después se convirtió en una iglesia ortodoxa rusa y durante la ocupación soviética fue un museo del ateísmo. Pase frente a la Universidad de Vilna – fundada en 1579 – y desvíese hacia el río Vilna para mirar los chapiteles góticos revestidos de ladrillo de la Iglesia de Santa Ana, construida para la esposa de Vitautas el Grande, uno de los gobernantes más poderosos de Lituania.

4 p.m.

Estilo callejero


“Stiklas” quiere decir “vidrio” en lituano, y la serpenteante Calle Stikliu, con sus aires de la Edad Media, alguna vez estuvo flanqueada por talleres de sopladores de vidrio y estudios de artesanos. En estos días, es un bastión de boutiques elegantes. Eche un ojo a los delantales, sábanas y servilletas confeccionados localmente en Linen Tales; Decolte ofrece ropa de diseñadores lituanos de vanguardia como Robert Kalinkin y Kristina Malisauskiene; Sapokliak Salonas es un tesoro de juegos de té clásicos, vestidos a la moda, arte y tocados; la etiqueta Julia Janus es famosa por sus líneas modernas y minimalistas, y V. Desire vende ropa de mujer con cortes y adornos avant-garde. Cuando haya terminado, visite Mamma Mia para tomar un café y pastel de mascarpone de cereza.

6 p.m.

Colina sagrada


Lituania fue el último país de Europa en adoptar el cristianismo, pero cuando lo hizo se metió de lleno, y a diferencia de sus vecinos bálticos, los lituanos en gran parte se las ingeniaron para aferrarse a su identidad católica durante el régimen soviético. Pasee por el encantador Parque Bernardino y cruce el río para subir los escalones de la Colina de las Tres Cruces, donde encontrará exactamente lo que el nombre sugiere. Erigidas originalmente en el siglo XVII para honrar a un grupo de monjes franciscanos que fueron asesinados en las cercanías, las enormes cruces fueron retiradas por los rusos antes de eventualmente ser reconstruidas en 1989. Es un lugar tranquilo para ver la puesta de sol sobre los techos rojos del Casco Antiguo.

8 p.m.

Una comida cosmopolita


El acogedor Bistro 18, un sitio elegante perteneciente a una pareja lituano-irlandesa, es uno de los favoritos de los residentes locales. Las paredes están recubiertas de letreros inesperados (“Elvis se fue del lugar”, dice uno) y cuenta con extensas opciones de vinos. Las estrellas del menú de inspiración mundial incluyen una rica sopa de cebolla francesa y camarones ahogados en una salsa de jengibre, chile, mantequilla y cilantro.

     

1
Sábado

10 a.m.

Escoja un hojaldre


Los tradicionales hojaldres kibinai son la respuesta lituana a la empanada argentina o la samosa india: empanadas de media luna rellenas con carne, papas o jamón. El encantador Pinavija, un salón de té y panadería repleta de tapices florales y tonos pastel que combinan con las golosinas en exhibición, sirve los mejores de Vilna. Para desayunar, acompañe un kibinai de frambuesa espolvoreado con azúcar con un capuchino y tome asiento bajo el toldo a rayas del patio, sobre la Calle Vilniaus.

11 a.m.

Clase de historia

Las ocupaciones soviética y nazi del siglo XX fueron brutales para los ciudadanos de Lituania: más de 90 por ciento de la población judía del país fue diezmada por la Gestapo entre 1941 y 1944, y más de 250,000 lituanos, principalmente académicos e intelectuales, fueron enviados subsecuentemente a gulags siberianos o enfrentaron deportaciones forzadas por los comunistas. El meticulosamente documentado Museo de las Víctimas del Genocidio, ubicado en un imponente edificio que hizo de cuartel general de la KGB durante casi medio siglo, ahonda profundamente en este periodo sombrío con exhibiciones dedicadas a la deportación, la resistencia civil y las técnicas de espionaje soviéticas. Diríjase al lúgubre sótano para ver antiguas celdas de prisión, algunas actualmente ocupadas por montones de documentos destruidos por los rusos en el periodo previo a la independencia en 1991.

1 p.m.

Nación de artistas

Una caminata sobre un puente corto cargado de candados lo lleva a Uzupis, una supuesta “república” de artistas que se autodeclaró independiente en 1997; el 1 de abril, sin más. En estos días, el peculiar enclave afirma tener su propio primer ministro, presidente, embajadores, ángel guardián y una constitución traducida a 15 idiomas en placas sobre una pared: “Todos tienen el derecho a morir, pero no es una obligación”, dice un mandamiento. Vale la pena pasar un poco de tiempo entrando y saliendo de la tienda de calzado conceptual Vejas Gluosniuose, de galerías como la que exhibe obras de la artista gráfica Kristina Norvilaite y de la pastelería Thierry Kepykla, y tomarse un trago en el “parlamento” de la república: el bar ribereño Uzupio Kavine.

5 p.m.

Calle literaria


Dé un paseo sobre Literatu Gatve, la Calle Literaria de Vilna. La galería al aire libre fue concebida en 2008 como un tributo a los mejores escritores del país, celebrando a personajes como Romain Gary, Rimas Burokas y Arvydas Ambrasas a través de pinturas, esculturas e instalaciones de técnicas mixtas.

7 p.m.

Gustos tradicionales

Cuando esté listo para probar comida lituana rústica, encamínese al puesto de avanzada de la cadena Forto Dvaras en la Pilies Gatve, donde un cavernoso salón comedor subterráneo con frescos de imágenes de inspiración pagana establece el ambiente para platos locales como pudín de papas ralladas con orejas de cerdo hervidas, sopa de hongos silvestres en tazón de pan y bacalao frito. No se puede ir de Vilna sin probar un zepelín -bollo relleno de papa -, y las opciones abundan en Forto Dvaras: escoja entre requesón, carne, champiñones y más.

      

1
Domingo

10 a.m.

Dosis de cafeína


Mint Vinetu es una cuevita acogedora recubierta de ladrillos que rebosa de libros en varios idiomas y discos de vinilo, los cuales puede inspeccionar mientras bebe un café superlativo. Usar el piano y la guitarra es gratis y se sabe que han inspirado sesiones improvisadas. Revise su página de Facebook para ver si puede unirse al amigable personal en una de sus visitas guiadas gratuitas.

11 a.m.

Recuerdos de último minuto


Aukso Avis está trazado como un museo de diseñadores lituanos prometedores, con accesorios de vanguardia clasificados por color y artísticamente exhibidos en austeros cajones blancos. Los bálticos son famosos por su ámbar, y usted puede comprar una elegante interpretación de la piedra en forma de collar.

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