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36 Horas en Santo Domingo, República Dominicana

Santo Domingo es una ciudad que merece más atención de la que recibe. Su vigorosa vida nocturna -con todo y música de bachata constante- y su ubicación idílica en el Caribe son apenas dos de los elementos destacados.
The New York Times
28 enero 2016 23:44 Última actualización 29 enero 2016 5:0
Los impactantes edificios centenarios y boutiques de moda de la Zona Colonial. (The New York Times)

Los impactantes edificios centenarios y boutiques de moda de la Zona Colonial son una garantía. (The New York Times)

Lo único que muchos turistas que van en pos del sol ven en Santo Domingo es el aeropuerto. A menudo pasada por alto en favor de centros vacacionales de playa como Punta Cana o Puerto Plata, Santo Domingo es una ciudad que merece más atención de la que recibe.

Su vigorosa vida nocturna -con todo y música de bachata constante- y su ubicación idílica en el Caribe son apenas dos de los elementos destacados. Los impactantes edificios centenarios y boutiques de moda de la Zona Colonial, una nueva franja de restaurantes elegantes y la acogedora actitud de los capitaleños (los residentes de la ciudad) también son motivos para hacer de la ciudad más que una parada de tránsito de camino a la playa.

1
VIERNES

3 p.m.
Iniciación cultural
Empiece en la extensa Plaza de la Cultura. Sáltese el Museo de Historia Natural, con sus empolvadas instalaciones de taxidermia y la ocasional serpiente viva pero aparentemente deprimida. Otros dos museos de la plaza merecen una visita, especialmente el casi ruinoso Museo del Hombre Dominicano. Parecería que no hubiera recibido un visitante desde que abrió sus puertas en la década de 1970, pero vale la pena subir al cuarto piso -si el elevador está descompuesto- para ver las coloridas exhibiciones sobre los taíno (la cultura indígena aniquilada por los españoles), el comercio de esclavos, la cultura criolla y recargados letreros de madera. Las coloridas y elaboradas máscaras y disfraces del Carnaval anual son un elemento destacado en particular. El más animado Museo de Arte Moderno tiene exhibiciones cambiantes e impresionantes obras nuevas de artistas dominicanos. Lleve cambio para los boletos de entrada (50 pesos, o 1.15 dólares a un tipo de cambio de 43 pesos por dólar, por museo).

7 p.m.
Nueva interpretación de la tradición
Si existe una “nueva cocina dominicana”, entonces la encontrará en Travesías, en el vecindario chic de Naco, donde se están instalando muchos restaurantes. Aunque la decoración de cafetería de playa, con todo y veranda, no se vería fuera de lugar en Cape May, el menú ofrece ingredientes dominicanos tradicionales ensamblados en nuevas combinaciones y formas modulares. Pruebe las torrecitas de mangú (295 pesos), las torres de puré de plátano coronadas con huevo y salpicadas con salsas de un tono casi neón, y el milhojas de concón (445 pesos), estelarizado por el arroz crujiente que se aferra al fondo de la olla.

11 p.m.
Bocadillo nocturno
Para disfrutar de un bocadillo de madrugada, súbase a una banqueta del mostrador de Barra Payán, una mezcla de un comedor de los años 50 con un sitio para comer emparedados dominicanos. La cadena tiene locales en toda la ciudad, pero ésta, que data de 1956, fue la primera. Ordene el completo Danés, un emparedado de pan tostado con queso, jamón, tomate, mayonesa y carne de cerdo deshebrada, y acompáñelo con uno de los deliciosos jugos tropicales frescos, que pueden ordenarse ya sea “naturales”, con leche o mezclados con leche condensada (pruebe el batido de tamarindo).

Santo Domingo
1
SÁBADO

11 a.m.
Llamémosle “brunch”
Únase a la fila de gente que ordena a los dependientes que cortan pollo y panceta frita detrás de la barra de Villar Hermanos, un antiguo favorito entre los residentes locales. El arroz con frijoles (100 pesos), el estofado de carne (170 pesos), las berenjenas cocinadas en leche de coco (35 pesos): este es el lugar ideal para probar todos los clásicos dominicanos. Los meseros, con corbatas de moño, llevan el pedido a su mesa, y no se olvide del delicioso pastel de tres leches coronado con crema batida (80 pesos).

Medio día
Zona Colonial
Viaje en un auto privado reacondicionado como vehículo público. Los conchos carecen tanto de aire acondicionado como de cinturones de seguridad, pero son la forma más divertida, aunque imprudente, de desplazarse. Pare uno en Avenida Independencia, pague al conductor alrededor de 25 pesos y bájese en el Parque Independencia, la entrada a la preciosa Zona Colonial, donde se ubican lado a lado las vistas más antiguas y las tiendas más de moda de la ciudad. Alquile una bicicleta verde azulada (300 pesos la hora) en Zona Bici, y pedalee hasta el Alcázar de Colón (100 pesos, incluida la guía de audio), la hermosamente restaurada casa de Diego Colón, hijo de Cristóbal Colón. Desde ahí, pedalee hacia el sur con dirección a la Catedral Primada de América (40 pesos), con su mezcla de estilos gótico y barroco y modernos vitrales. Finalmente, pare en el Museo Memorial de La Resistencia Dominicana (150 pesos). La guía de audio en inglés aporta información básica; las fotos y documentación de la resistencia y el eventual derrocamiento de la dictadura de 30 años de Rafael Trujillo son fascinantes.

3:30 p.m.
Juerga de compras
Tiendas y cafeterías nuevas están haciendo que la Zona Colonial se convierta rápidamente en la parte más sensacional de la ciudad. Primera parada, La Alpargatería, una zapatería de moda donde jóvenes artesanos hacen coloridas y modernas alpargatas. La tienda se conecta con una tranquila cafetería que tiene arte local en las paredes, abundantes rincones para descansar y un patio, donde podrá hacer una pausa para disfrutar de un fresco jugo de mango (115 pesos) o un café (60 pesos). Casa Alfarera, una tienda de cerámica artesanal, está a tres cuadras al sur, sobre la Calle Padre Bellini. Al oeste, se ubica Casa Quien, una moderna galería de arte y boutique que exhibe creaciones contemporáneas de artistas locales e internacionales y que vende grabados inusuales, joyería y artículos para el hogar. Si recorre El Conde, una animada calle peatonal, busque una de las pocas tapas de alcantarilla estampadas con “C. Trujillo” (“C” de “ciudad”). Son remanentes de cuando el dictador renombró la ciudad (y muchas otras cosas) en su propio honor.

6:30 p.m.
Cerveza fría
En República Dominicana no hay ningún lugar donde no se puede iniciar una fiesta. Métase a cualquier “colmado” (estas tiendas de conveniencia venden de todo, desde papel de baño hasta tragos de ron, y encontrará una en casi cualquier calle) que esté reproduciendo música. Jale una silla de plástico y pida al dueño: “Dame una cerveza vestida de novia”, lo que significa una cerveza tan fría que viene cubierta de escarcha. El que está cruzando la calle desde Casa Quien es conveniente: acomódese junto a los residentes locales y disfrute de un conveniente trago antes de la cena.

7:30 p.m.
Platos pequeños, brisa grande
Lulú, que forma parte de la cosecha de nuevos restaurantes creativos de Santo Domingo, tiene un menú de platos pequeños y cócteles en un edificio elegante ubicado en una de las plazas más pintorescas de la Zona Colonial (cena para dos, con bebidas, alrededor de 3,000 pesos). Siéntese en la terraza para disfrutar de una atmósfera de barrio antiguo y brisas cálidas, o adentro del bar para disfrutar el aire acondicionado. La presentación de la comida puede ser peculiar (las croquetas de queso de cabra vienen en unas Converse All Star para niño), pero el servicio es excelente y la comida es muy buena, especialmente los tacos de atún rellenos con atún crudo y guacamole y el carpaccio de pulpo.

9:30 p.m.
Sensaciones nocturnas
Suba por Calle Hostos hasta Lucia 203, un espacio evocador para eventos con un bar y un patio al aire libre que los jueves y sábados por la noche presenta un grupo musical enorme. Las melodías de son y merengue clásico en vivo producen una pista de baile rebosante de energía. Pruebe sus habilidades u ordene una copa de sangría (214 pesos) y agarre una mesa con vista en el patio, donde los ventiladores crean brisa.

Santo Domingo
1
DOMINGO

10 a.m.
¡A la playa!
El domingo es cuando los residentes locales van a la playa. Empiece con un desayuno en La Dolcerie, una panadería y bistró chic situada en el adinerado Piantini. Fortifíquese con huevos Benedictinos y churros caseros con dulce de leche (desayuno para dos, alrededor de 700 pesos); después, vaya al sur hacia Najayo (alquile un auto o tome un taxi, alrededor de 2,700 pesos). Haga una parada en el Ingenio Boca de Nigua, los conservados restos de una plantación de caña de azúcar, actualmente habitada exclusivamente por vacas y uno que otro caballo viejo, que fue el sitio de una histórica rebelión de esclavos en 1796. Está reproducida en el conmovedor mural que adorna una pared.

Medio día
Playa y bachata
A 20 minutos de Boca de Nigua está Najayo, una sección de costa atestada de restaurantes atiborrados que sirven pescado y botellas extra grandes de Presidente. El mar está lleno de gente que nada en la sección cercada por Trujillo, quien solía vacacionar aquí con sus amantes; puede ver su casa en la colina. La bachata se escucha en todos los restaurantes; las familias locales y los grupos de amigos llevan botellas de ron para mezclar con Coca-Cola, y los vendedores deambulan despacio vendiendo todo tipo de cosas, desde lentes de sol hasta cocos frescos y mazorcas de maíz. Boca Chica, la turística playa ubicada al este de San Domingo, atrae a más visitantes, pero sus estafadores y prostitutas menores de edad hacen que Najayo sea una opción mucho más agradable.

5 p.m.
Baile entre las ruinas
Si todavía sigue en la ciudad, las ruinas de un monasterio del siglo XVI cobran vida cada semana gracias al Grupo Bonyé, una banda que toca un animado merengue, usando instrumentos tradicionales como la güira, para una multitud de cientos de personas en el Monasterio de San Francisco. La música en vivo tal vez no empiece antes de las 7 p.m. o algo así, pero la fiesta comienza a las 5, con parejas disfrutando el baile al ritmo de melodías grabadas. Siéntese en el pasto o las escalinatas de las ruinas, o pague una pequeña cuota por una silla de plástico. Los meseros le llevarán una Presidente fría o una margarita congelada (elaborada con ron Brugal de producción local, por supuesto).

Santo Domingo
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