New York Times Syndicate
the new york times

36 horas en Portland, Oregón

Un espacio repleto de placeres. Dividida por un río y rodeada por cumbres, Portland es sobre todo un lugar muy hermoso y casi preternaturalmente placentero. No hay ningún lugar en el país más famoso como bastión de la buena vida.
The New York Times
17 septiembre 2015 20:38 Última actualización 18 septiembre 2015 5:0
Todo lo que busca puede encontrarlo en los almacenes mas chics de la ciudad. (The New York Times)

Todo lo que busca puede encontrarlo en los almacenes mas chics de la ciudad. (The New York Times)

No hay ningún lugar en el país más famoso como bastión de la buena vida, del tiempo libre y de la embriaguez feliz que la miniciudad más grande de Oregón: Portland, una mini metrópolis con construcciones de poca altura.

Dividida por un río y rodeada por cumbres, Portland es sobre todo un lugar muy hermoso y casi preternaturalmente placentero. Pero gran parte de su atractivo viene de ser, para bien o para mal, una de las capitales nacionales de lo cool. La sensibilidad de la ciudad es celebrada, imitada y satirizada.

1
VIERNES

4 p.m.
Las 5 en punto en algún lado
Para encontrar un asiento sin necesidad de reserva en Kachka, sitio ultra de moda donde la Rusia un tanto chabacana del tipo It’s a Small World se topa con el noroeste del Pacífico, llegue temprano a la “hora feliz”. Los especiales incluyen vodkas preparados con hongos matsutake, romero y rábano, y botanas rusas como dumplings siberianos de ternera, cerdo y carne de res guarnecidos con cebolla. Después, reviva su juventud en Ground Kontrol, un bar con maquinitas de juegos de video, donde los juegos retro vienen equipados con sujetadores para bebidas de adultos. O lleve su entusiasmo jovial a Pips & Bounce, un bar de pingpong para todas las edades.

10 p.m.
Vida nocturna
Mississippi Studios, sobre una aburguesada franja de la Avenida Mississippi, ofrece todo tipo de cosas, desde folklor independiente italiano hasta rock de garaje puertorriqueño y soul de la costa del Golfo. Entre repertorio y repertorio, busque el patio del “jardín secreto” detrás del Bar Bar. Si quiere cocteles, pruebe Expatriate, un lugar pequeño y sexy situado en el Distrito de Artes de Alberta que se siente como interpretación cinemática de un burdel tailandés, aunque con una reconocida chef cuya especialidad es la comida comunal de varios platos enfocados en carne.

Portland
1
SÁBADO

8 a.m.
Manténgalo simple
Pip’s Original hace dos cosas (donas pequeñitas y chai), y las hace bien. Acompañe las donas más simples, como las de azúcar acanelada, las de miel virgen o las de sal de mar, con un chai exótico como el Ginger Rogers (jengibre, nuez moscada, chile tailandés). O, para un desayuno revelador, HA & VL sirve fragantes tazones de sopa de fideos vietnamita.

10 a.m.
Diseñado para el encanto
Vaya a West End, un vecindario céntrico más conocido por ser casa de la librería Powell. Salte de la peculiar boutique para mujeres Radish Underground (que se enfoca en diseñadores independientes principalmente locales que venden colorida ropa interior de algodón orgánico de Nueva Zelanda, también conocida como thundies, y cosas por el estilo) hasta la sombrerería casi centenaria John Helmer Haberdasher, donde podrá equiparse para todo, desde boinas hasta sombreros de paja. North of West vende creaciones (textiles, cerámicas, joyería y más) de alrededor de 30 diseñadores locales. Para una inmaculada comida con pan brioche de licor de anís y chocolate, clafoutis de polenta con huevo de granja escalfado, lefse de Nora con estragón y gravlax con un ligero toque de pomelo, vaya a la preciosa y popular lonchería Maurice al momento en que abra su servicio le menu, a las 11 a.m.

12:30 p.m.
Que Portland siga siendo raro
Vaya directo a Freakybuttrue Peculiarium, un museo de rarezas, galería y heladería fundada en 1967 donde encontrará novedades, regalos chistosos, caramelos con forma de insectos, arte macabro y más. Es espeluznante y raro, y a los chicos les va a encantar. En el vecindario de Sellwood, cerca del parque de diversiones en operaciones más antiguo de Estados Unidos, otra opción encantadoramente original es el Museo de Marionetas Chiquitas Ping Pong. Este diminuto museo, taller y espacio para presentaciones de marionetas refleja la pasión de dos veteranos titiriteros que viven en una casa adyacente.

1:30 p.m.
Del grano a la barra
Woodblock Chocolate es una fábrica y negocio familiar donde la gente puede ver el proceso de fabricación de chocolate, pegarse un atracón con las muestras y comprar granos de cacao con sal y ajonjolí o barras de chocolate de un solo origen. Calle abajo, Cyril’s at Clay Pigeon no es tan famosa como la correctamente nombrada Cheese Bar, dirigida por el maestro fromagier Steve Jones. Pero la sencilla vinoteca y barra de quesos (iniciada por un par de trasplantados de Brooklyn que han trabajado en algunas de las queserías más adoradas de Nueva York y en el programa de vinos del restaurante Blue Hill at Stone Barns, en el Valle del Hudson, respectivamente) es un sitio para estar sin presiones picando una tabla de quesos, probando tintos de Clay Pigeon y jugando petanca, una cruza entre lanzamiento de herraduras y juego de bochas.

4 p.m.
Cervezas nuevas
En esta vanagloriada ciudad cervecera, busque recién llegados al paisaje de cervecerías artesanales de pequeña escala. Ex Novo Brewing sirve la Moonstriker, una excepcional Porter báltica elaborada con chocolate local Moonstruck y chiles habaneros. Base Camp Brewing tiene una canoa montada en el techo, sirve tragos en una “tabla de degustación” y ofrece paquetes de malvaviscos tostados con chocolate. La opción de los sofisticados es Commons Brewery, que se expandió de nano cervecería “de inspiración europea” de siete barriles a cervecería de 15 barriles con una sala de degustación con 13 espitas.

7 p.m.
Noche internacional
Empape esa cerveza con Schweinshaxen (pata de cerdo asada en salmuera con spatzle y col roja) o Forelle (trucha cocida al fuego lento en vino blanco riesling con calabaza moscada, cerezas al brandi y avellana) en el nuevo pub alemán Stammtisch. Pero si hay una comida a probar en Portland en este momento es la cena de menú fijo con varios platos en Lang Baan, un sitio con ocho asientos por semana. En la parte de atrás de un restaurante tailandés de aspecto normal, Lang Baan ofrece un menú mensual de platos complicados (por ejemplo, salmón rey Ora con pomelo, berro, palmito, limoncillo, ikura macerado y dulce de cacahuate crujiente) que equilibran hermosamente lo dulce con lo salado, lo amargo con lo picante, y siempre vienen con alguna historia.

9:30 p.m.
Maravillosamente retro
Haga fila bajo las luces neón de Laurelhurst Theater, un cinema art decó de 1923 que presenta clásicos de culto como Harold and Maude, además de películas taquilleras, extranjeras o independientes. Después, cruce la calle y agarre una banqueta en Angel Face, donde hay una barra con forma de herradura iluminada con velas para luz de noche y paredes con papel tapiz pintado a mano.

Portland
1
DOMINGO

9 a.m.
Haga fila
El brunch en Portland se parece más a una prueba de resistencia que a una comida: los adorados sitios de la ciudad requieren levantarse temprano y esperar a que sus compañeros de resaca empiecen a moverse lentamente. En el restaurante sureño Screen Door, los huevos benedictinos con ostiones fritos vienen con sémola y queso Cheddar, y el pollo rebosado en suero de leche descansa sobre waffles de batata. La espera en Sweedeedee, un sitio con nueve mesas donde los especiales se escriben sobre papel de estraza, puede ser más abrumadora, pero el pastel de miel con fruta y crema por sí solo hace que valga la pena.

1 p.m.
Estaciónese
Agarre una canasta de día de campo en Woodlawn’s P’s & Q’s Market. Con un depósito de 15 dólares se llevará una canasta a préstamo llena con los emparedados, ensaladas y bebidas que quiera. Después, vaya al Parque Catedral, sobre el río Willamette. Siéntese en el pasto o en una mesa para día de campo bajo el majestuoso Puente St. Johns. Pare en Occidental Brewing Company para tomarse una cerveza fresca Kölsch estilo Colonia. Después, sude su decadencia vacacional en Löyly, un spa y sauna de cedro comunal de inspiración escandinava.

Portland
Todas las notas NEW YORK TIMES SYNDICATE
Lowe logró el bronce... pero lo recibió 8 años después
¿El secreto del auge turístico de Islandia? Una crisis financiera y una erupción volcánica
Refugiados descubren dos Estados Unidos: uno que odia, y uno que cura
Esta startup tiene el secreto para cultivar elusivas trufas
Venezolanos hambrientos huyen en barcos para escapar del colapso económico
Trabajadores de Carrier en Indiana, juran que harán cumplir a Trump sus promesas
Bancos de Italia están en una crisis de 'cámara lenta'... y Europa pagaría
Los piratas del Amazonas aterrorizan a las tripulaciones
Estos autobuses te llevarán al futuro a 11 km por hora
La ‘ambición del aguacate’ pone en peligro el refugio de las monarca
Las mujeres que ayudaron a Trump a obtener el triunfo
El código de diez dígitos para la vida privada
Ocho años después, ¿cómo ven los europeos a Obama?
¿Cómo quitar el polvo de un Picasso? ¡Con saliva!
Surfeando bajo las luces del norte
8 mil 851 kilómetros de frontera, cubierta por solo 2 mil agentes
Un poblado siberiano se atribuye ser la cuna de la humanidad
¿Quiere un trozo de libertad? Este es el hombre al que debe ver
Esta oferta de trabajo incluye un terreno 8 mil metros cuadrados
Él lucha contra el régimen norcoreano con globos
Desprogramar a las mujeres e hijos de Boko Haram
Seis científicos, mil millas, un premio: abejas del Ártico
Arabia Saudita, donde hasta la leche depende del petróleo, pasa apuros económicos
El sueño es vital en la NFL
Swarovski quiere ser una firma tecnológica