New York Times Syndicate
THE NEW YORK TIMES

36 horas en Pittsburgh

No todo es futbol americano en esta ciudad estadounidense. Una escena cultural te espera en sus calles y edificios. Es el lugar ideal para fusionar culturas y derribar las barreras generacionales. 
The New York Times
23 julio 2015 22:5 Última actualización 24 julio 2015 5:0
Estados Unidos

Estados Unidos

A veces áspera, siempre empinada, los encantos de la Ciudad Acero a menudo se ocultan bajo la superficie. Aunque la revitalización del centro de Pittsburgh ha ganado mucha atención, últimamente gran parte de la acción se encuentra más lejos, en vecindarios otrora obviados como Lawrenceville y East Liberty.

Aquí, incondicionales de la vieja guardia se mezclan con gente joven con onda artística, ayudando a crear una ciudad que hace de lienzo para el tipo de sueños urbanos que ciudades más caras y atestadas no pueden fomentar.

1
Viernes

4 p.m.

Vía de escritores

Desde esperpentos industriales hasta desvanes ultramodernos, Pittsburgh no tiene escasez de estilos arquitectónicos, pero sólo un edificio está cubierto de poesía gigante escrita en caligrafía china. House Poem es una de las cuatro casas convertidas en proyectos de arte público sobre Sampsonia Way, entre Monterey Street y Sherman Avenue, una franja tranquila de North Side que también alberga al tan querido museo de arte Mattress Factory. House Poem es un proyecto de Ciudad de Asilo, una organización del pueblo que provee vivienda a escritores exiliados de todo el mundo y que convierte esas casas anteriormente abandonadas en gigantescas obras de arte.

6 p.m.

De regreso a la Tierra

Si el espacio adyacente a un negocio de escapes sobre Penn Avenue parece un sitio más adecuado para una concesionaria de motos Harley-Davidson que para un restaurante de moda, es porque alguna vez así lo fue. Salt of the Earth tiene ventanales extra grandes que miran al bullicioso bulevar, mientras que un gigantesco menú dibujado en un pizarrón ocupa toda una pared, enlistando comida de temporada “del campo a la mesa” que recientemente incluyó rissotto de farro con raíz de apio asado con sal, limón Meyer y alcaparras fritas en mantequilla negra. Coma algo en una de las mesas comunales y después vaya a Livermore para probar cocteles con whisky Wigle local y un plato de malvaviscos de la casa en sabores como lavanda, cáscara de limón y chartreuse.

8 p.m.

La App Store


Pittsburgh quizás sea famosa como ciudad para beber cerveza, pero en Arsenal Cider House todo se centra en las manzanas. Ubicado en una calle residencial, este lugar con ambientación de la Guerra Civil rinde homenaje al Arsenal Allegheny del Ejército de la Unión que alguna vez estuvo en las cercanías, mientras que la lista cambiante de sidras va desde la no del todo seca Fighting Elleck hasta una de chocolate semidulce.

Pittsburgh

    

1
Sábado

9 a.m.

Pan solo


La franja del Barrio Italiano del vecindario de Bloomfield es un área un tanto adormilada en estos días, pero apenas a la vuelta de la esquina un ex matadero ahora alberga la aromática panadería Bread and Salt Bakery. El panadero Rick Easton prepara versiones perfectas de panes italianos clásicos como pane antico, hecho con trigo cultivado localmente. Puede comérselo untado con mantequilla y mermelada de naranja color sangre, u optar por una pizza taglio estilo romana (hogazas largas y planas coronadas con deliciosas opciones como achicoria roja y queso Gorgonzola).

11 a.m.

Mercado de fabricantes

Los artesanos locales muestran sus productos en Pageboy, un escaparate de Lawrenceville que tiene una boutique al frente y una peluquería al fondo. Inspeccione productos como camisas vaqueras de franela Ardent Forager o pisa corbatas RagTrader hechos con teclas de máquinas de escribir. Camine por la calle Butler Street y entre a una variedad de boutiques independientes, con ofertas que incluyen productos de madera recuperada en Pittsburgh Furniture Company y recuerdos locales como bolsos grandes y una bufanda tejida en negro y dorado, los colores de la ciudad, en Wildcard.

3 p.m.

Vaya a lo salvaje

Un par de hermanos locales que proveen a muchos restaurantes de Pittsburgh de artículos de comida rebuscada abrió Wild Purveyors Kitchen and Market. Los comestibles a la venta podrían incluir pollo de los bosques en salmuera, conejos enteros, sales de acabado intensificadas con puerros silvestres o lo que sea que esté floreciendo en el momento en las tierras vírgenes de Pensilvania. Entre al adyacente Wild Side Pub, una colaboración con Full Pint Brewing, para degustar cervezas creativas como la Berliner Weisse de Cereza.

6 p.m.

Bueno para lo que lo aflija


Desde la cabeza de jabalí montada en una pared hasta los cerdos tallados en madera que están en la repisa, es claro que Cure se toma en serio la carne de cerdo. El chef Justin Severino trabaja con granjas cercanas para crear un menú enfocado en carne que cambia todos los días. Los platos de charcutería se aventuran mucho más allá del típico trío de prosciutto; en cambio, quizás encuentre nduja (una salchicha calabresa untable) junto con un speck de pato ahumado y salami curado en Fernet y aceite de oliva. Igual de deliciosas son las pastas frescas como los suaves gnudi hechos con tinta de calamar que vienen salpicados con puerro en polvo y nadando en una salsa boloñesa de corazón de cordero con una cama de queso de cabra ahumado y menta arriba.

9 p.m.

Locura cinematográfica


Una singular lista de películas se muestra en Row House Cinema, cine de una sola pantalla, mientras que cervezas de Pittsburgh y otros lados se venden en la adyacente Atlas Bottle Works, cervecería con más de 500 selecciones que puede comprar y meter al cine. Las películas recientes han ido desde una retrospectiva de Mel Brooks y Breakin 2: Electric Boogaloo, hasta proyecciones con letras para cantar de Chicago y la película South Park.

Pittsburgh

     

1
Domingo

9 a.m.

Beso francés


En La Gourmandine sólo hay cuatro asientos y algunas vitrinas sencillas, pero los fragantes aromas que emanan del negocio confiablemente hacen entrar a una clientela regular que muchas veces serpentea frente a la puerta de entrada. Hay un buen motivo: el equipo formado por el matrimonio de Fabien y Lisanne Moreau elabora panes dulces que fácilmente podrían hacer que la gente hiciera fila en Le Marais. Un suave albaricoque entero reposa entre crema y cubierta hojaldrada en el aprocotine. Los ligeros y aireados chouquettes son esferas delicadas espolvoreadas con azúcar gruesa, como los agujeros de dona más sabrosos de la historia. Con el dulce y sabroso pain au raisin, y hasta con los macarrones rellenos de fruta y crema, tendrá mucho de dónde elegir, y probablemente muchas cosas para echar a perder su almuerzo.

12 p.m.

Ruedas maravillosas

¿Qué debe hacer un autoproclamado “atesorador de bicicletas” cuando su rebosante colección se vuelve demasiado grande para cualquier casa? Si usted fuera Craig Morrow, llenaría parte de un parque industrial con su colección y la catalogaría como el museo de bicicletas más grande del mundo. Navegue entre el taller de reparaciones en operación y suba las escaleras hasta la parte del museo que se llama “Paraíso de Bicicletas”, donde un espacio lleno hasta arriba presenta una desparramada exhibición con miles de bicicletas clásicas.

2 p.m.

Atractivo de hierro


Salga sobre dos ruedas o en dos pies para explorar las extensas redes de caminos urbanos de Pittsburgh. Entre los mejores está la sección South Side de la Senda Patrimonial Tres Ríos. Cuando corta el parque South Shore Riverfront Park, la senda está alineada con reliquias industriales como una gigantesca olla de fundición alguna vez utilizada para juntar metal derretido, además de The Workers (dos figuras de 6 metros de altura fabricadas con las vigas originales del vecino puente Hot Metal Bridge). Si eso lo deja anhelando examinar más de cerca la era industrial de Pittsburgh, aventúrese más lejos hacia los Hornos Carrie, raros ejemplos remanentes de tecnología de fabricación de hierro previa a la Segunda Guerra Mundial que se elevan sobre el paisaje de Pittsburgh.

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