New York Times Syndicate
BUENA VIDA

36 horas en Manhattan

¿Quién dice que para conocer Manhattan se necesita una semana?En tan sólo 36 horas, puedes conocer esta isla neoyorquina llena de sorpresas; sólo necesitas leer esta guía para conocer, en poco tiempo, uno de los lugares más increíbles del mundo. 
New York Times Service
27 febrero 2014 19:53 Última actualización 28 febrero 2014 5:0
Manhattan, un lugar lleno de sorpresas.

Manhattan, un lugar lleno de sorpresas. (NYT)

En el siglo XVIII, la mitad norteña de la isla de Manhattan servía como bucólico escape para los neoyorquinos que tenían el dinero para pagarlo y el caballo y el carruaje para llevarlos.

En estos días es más fácil visitarla (el Tren A hacia Harlem es la más famosa de muchas rutas) y más fácil pasear allí con la abundancia de los modernos taxis verdes de la ciudad en vecindarios donde los taxis amarillos siempre han sido escasos.

En estos días también hay mucho más por hacer. Harlem, el asentamiento holandés que se convirtió en la capital negra de Estados Unidos, está inmersa en un aburguesamiento: una mezcla de lo viejo y lo nuevo, de servicios religiosos negros llenos de “gospel” hasta finos bares de cócteles repletos de jóvenes profesionales de todas las razas. Mientras tanto, más al norte, entre la casa en pie más vieja de la isla y su franja más grande de tierra nunca desarrollada, hay un vecindario latino como el que ya no puede encontrar al sur del Central Park.

1
Viernes

4 p.m.

EN EL BOSQUE

Tome el Tren A, pero no hacia Harlem. En cambio, vaya hasta el final de la línea, a la estación 207th Street, en el vecindario Inwood. Unas cuadras al oeste yace un Manhattan que no reconocerá, aunque los indios lenape que alguna vez habitaron la isla seguramente sí lo harían.

El Parque Inwood Hill es una vasta extensión de Manhattan que en gran parte nunca ha sido construida; 79 hectáreas de elevaciones, cuevas y bosques que ocasionalmente se abren para permitir vistas al río Hudson y al arroyo Spuyten Duyvil . También está la roca Shorakkopoch, donde supuestamente de Peter Minuit compró la isla de Manhattan a la tribu lenape. Los caminos son un lío de recodos (no señalizados), así que imprima un mapa PDF desde nycgovparks.org o terminará buscando moras para cenar.


7 p.m.

INFUSIÓN DE CHILE

Usted no va al norte de Manhattan por la comida mexicana, incluso si La Condesa, un sitio acogedor sorprendentemente elegante, puede producir enchiladas de primera. En cambio, haga una parada antes de la cena para probar sus sofisticadas margaritas (desde 8.5 dólares), con numerosas variantes que usan infusiones de la casa, como mezcal de chipotle con piña.


8 p.m.

CENA FAMILIAR

Washington Heights ha sido un vecindario predominantemente dominicano desde la década de 1980, lo que explica por qué Margarita Santana empezó a encontrar mercado para su cocina dominicana casera en 1984. Pocos años después abrió Margot, un brillante restaurantito que goza de gran reputación entre los dominicanos estadounidenses.

Las sonrisas compensan el limitado inglés del personal, mientras que el mantel a cuadros rojos y blancos desaparece bajo platos de filete dominicano con cebolla (13 dólares) y estofado de cabrito (12 dólares) con guarniciones de arroz y caldosos frijoles rojos, y plátanos fritos y arepas de yuca con sabor a anís. Pida una cerveza y lo dirigirán a una atestada bodega clásica localizada a una cuadra al sur; simplemente rodee a los hombres que participan de bulliciosas conversaciones y agarre del refrigerador varias cervezas Presidente (1.75 dólares).


10 p.m.

VIDA NOCTURNA EN LAS AFUERAS

Washington Heights e Inwood desde hace mucho han estado salpicados de centros nocturnos latinos, pero los viejos sitios para bailar merengue han cedido paso (en parte) a opciones más modernas tipo salón. Apt. 78 es uno de esos lugares: un centro nocturno comparativamente diminuto aunque popular cuyo nombre es un tributo al difunto club Apt del Distrito Meatpacking, y se parece vagamente al interior de un departamento de Nueva York. Un departamento muy, muy atestado: el lugar empaca una joven clientela de las afueras de la ciudad que gusta del reggae y del hip-hop al menos con la misma intensidad que los ritmos latinos. Una vez que llega abril, empero, el lugar a visitar es La Marina, todo hacia el oeste, en los bancos del Hudson. Sin importar si la fiesta es adentro o afuera, todo mundo tiene vistas al Puente George Washington.

NY
1
Sábado

10 a.m.

EL PASO DOBLE DE HARLEM

Serengeti Teas and Spices es la primera tienda en Estados Unidos de la compañía liberiana de té de Caranda Martin, y detrás de su barra de marfil y caoba tallada Martin y su personal pudieran sugerir su mezcla de té negro ahumado Masai Lion’s Head (4 dólares). Se toman con la misma seriedad su café, que tuestan cada tercer día. Sáltese sus masas finas entrando sigilosamente algunos rugelach calientes, mantecosos y hojaldrados (1 dólar la pieza, espere que haya de albaricoque) de la diminuta panadería Lee Lee’s Baked Goods, a pocas cuadras de distancia, donde Alvin Lee Smalls ha estado elaborando sus “rugelach por un hermano” desde 2001.


11 a.m.

A BAJARLO CAMINANDO

Pruebe lo nuevo y lo viejo, lo africano y lo afroamericano, en este circuito de aproximadamente 2.4 kilómetros alrededor de Harlem: empiece en Frederick Douglass Boulevard (famoso como zona de restaurantes pero también casa de elegantes aunque amigables negocios como la boutique Bébénoir), luego vaya al este cruzando la 116th para ver señales de la población inmigrante de Harlem proveniente de África Occidental (eche un ojo a los cestos senegaleses en la ventana de Adja Khady Food Distributor). Doble en Lenox Avenue, pasando frente a cafeterías e iglesias, y luego gire al oeste sobre la 125th Street, la calle principal de Harlem, a donde se han mudado American Apparel y negocios similares pero donde los vendedores callejeros aún venden naipes con la figura de Obama y fragancias de “Kim Kardashian”.


Medio día

ACOMPAÑAMIENTOS DE ARTE Y COMIDA

Combine la comida con arte. Studio Museum in Harlem, en el centro de Harlem, muestra artistas de la diáspora africana; desde ahí, vaya por un almuerzo con “gourmet soul”, como el esponjoso filete de pez gato asado a la sartén doblado sobre una montaña de carne de cangrejo (14 dólares) en Billie’s Black. O tome al este hacia Spanish Harlem, casa espiritual de la comunidad puertorriqueña de Nueva York, para visitar El Museo del Barrio (que muestra artistas latino-estadounidenses y latinoamericanos) antes de un almuerzo de mofongo de pernil (plátanos fritos machacados con espaldilla de cerdo asado) bajo las paredes cubiertas de arte de La Fonda Boricua.

3 p.m.

ESTA VIEJA CASA

George Washington durmió aquí (y planificó una batalla) en 1776; Alexander Hamilton cenó aquí en 1790, y Aaron Burr, el hombre que le disparó en un duelo, se mudó luego de casarse con su más llamativa residente: Madame Eliza Jumel. Pese a los personajes que pasaron por las columnas de la entrada frontal de la Mansión Morris-Jumel y de los maravillosos muebles de periodo de su interior, pocos visitantes llegan a la residencia en pie más antigua de Manhattan. Los que decidan hacerlo no deberían perderse Jumel Terrace Books, la librería bajo cita especializada en historia local que está ubicada en la planta baja de una casa de piedra. Su principal atractivo es el dueño, Kurt Thometz, quien vive arriba y pudiera saber más del lugar que todos sus libros combinados.

8 p.m.

CHAQUETA OBLIGADA

Dizzy Gillespie, Charlie Parker y Thelonious Monk fueron de los clientes regulares de Minton’s Playhouse en la década de 1940, y al sitio a menudo se le acredita el nacimiento del bebop. Cerró en la década de 1970, pero un nuevo Minton acaba de nacer con forma de club de manteles blancos; un proyecto de Richard Parsons, ex CEO de Time Warner, y de Alexander Smalls, un innovador de la cocina sureña. Sus ambiciones de jazz son decididamente retro: el grupo de la casa de gente con cabello nevado (algunos tocaron en el Minton’s original) es encantadoramente anticuado. Pero sus ambiciones culinarias son progresistas: cherna rebosada con gremolata acompañada con espinaca tierna cocida al fuego lento (36 dólares) o dumplings de batata con ricotta y guarnición de nabo Tokio y coles verdes con coco (28 dólares), por ejemplo.

11 p.m.

TRES PAISAJES

¿Ruidoso jardín de cervezas? ¿Rincón íntimo con cócteles? ¿Paisaje para ver y ser visto? El nuevo Harlem tiene bares para todos los gustos. Bier International tiene largas mesas de madera y una lista de cervezas inclinada a las alemanas pero con opciones de tierras exóticas como Córcega, Kenia y el Bronx. 67 Orange Street es un diminuto punto de encuentro con onda “hipster” y cantineros muy esmerados que crean cócteles de 13 dólares con nombres como Cleopatra’s Lust y Manhattan After Dark. O vaya al imperdible Marcus Samuelsson’s Red Rooster, que aún no cumple tres años y que prácticamente ya es un hito de Harlem, o visite Ginny’s Supper Club, un tugurio que está en la parte de abajo.

NY
1
Domingo

9:30 a.m.

LO MEJOR DEL DOMINGO

Presenciar un servicio bautista, con ministros dando el sermón, ritmos de coros de “gospel” y animadas congregaciones llevando el paso se ha convertido en un elemento básico del turismo por Harlem. Sáltese las filas asistiendo a la Iglesia Bautista de Cristo Canaán con Harlem Heritage Tours; el paquete de 39 dólares incluye un paseo posterior por el vecindario, guiado por el vigoroso Neil Shoemaker, un nativo de Harlem que no dejará que se le olvide, o por Andi Owens, una guía de 85 años con al menos una salida ingeniosa por cada uno de esos años. O vaya a la Iglesia Bautista Convent Avenue y pregunte si se puede sentar con la congregación.


1:30 p.m.

MIMOSAS LIMITADAS

A primera vista, pudiera pensarse que los residentes de Harlem atestan el brillante y alegre Lido durante el desayuno almuerzo dominical por sus mimosas sin fondo de 13 dólares. Pero lo realmente destacado es la comida. Claro, todas las cosas habituales (“panquequeras” y con salsa holandesa) figuran en el menú, pero también es un lugar italiano, así que pruebe los ravioles de calabaza empapados en crema de jengibre, rociados con aceite balsámico y salpicados con salvia (18 dólares). O comprométase con un desayuno almuerzo italiano híbrido: mantecosos panini de huevo con queso de cabra, tocino y tomate (13 dólares).


3 p.m.

VITRALES Y UNICORNIOS

El Parque Fort Tryon tiene vistas dominantes al río Hudson o al Palisades de Nueva Jersey, pero es más famoso por el Claustro, una rama del Museo de Arte Metropolitano situado en un edificio tipo monasterio con tres jardines enclaustrados construidos en parte con elementos arquitectónicos de estructuras medievales transportadas desde el otro lado del Atlántico. Adentro hay esculturas, vitrales y manuscritos iluminados, y tal vez las obras medievales más famosas del Met: Los Tapices del Unicornio. 

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