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36 horas en Berlín

El placer y el encanto en un sitio. Hay pocas ciudades que se transforman tan profundamente como la capital alemana entre estación y estación. El invierno expiatorio, con sus frígidas noches, cede paso a cuatro meses de agradable intoxicación.
The New York Times
20 agosto 2015 22:26 Última actualización 21 agosto 2015 5:0
La multicultural, bella y muy cómoda capital alemana lo dejará maravillado.

La multicultural, bella y muy cómoda capital alemana lo dejará maravillado.

Hay pocas ciudades que se transforman tan profundamente como Berlín entre estación y estación. El invierno expiatorio, con sus frígidas noches, cede paso a cuatro meses de agradable intoxicación.

La cultura de cafés y galerías se derrama a callejones pintados con grafiti; los parques se llenan con DJ´s de música tecno, nudistas y familias en días de campo, y gente joven llega en aviones repletos desde Brooklyn, Copenhague y East London para participar de un paisaje de vida nocturna que se asemeja a Paris Is Burning y a A Midsummer Night’s Dream.

1
VIERNES

3 p.m.

Camine sobre el agua

Al llegar el verano, los casi 200 kilómetros de canales navegables de la ciudad se convierten en una vía pública abarrotada de kayaks, buques turísticos y la ocasional fiesta flotante. Un paseo de una hora en bote partiendo y terminando en el embarcadero Hauptbahnhof, ofrecido por Reederei Riedel por 12 euros por persona permite absorber el centro histórico mientras se relaja con una cerveza y un brezel. Pasará frente al Reichstag, la casa del Parlamento alemán diseñado por Norman Foster, que alguna vez fue quemado por los nazis como parte de la toma de poder del gobierno de Hitler y posteriormente bombardeado por los Aliados; cruzará frente al antiguo punto fronterizo de la estación Friedrichstrasse, conocida como Tränenpalast (Palacio de las Lágrimas), donde los alemanes orientales alguna vez dieron amargas despedidas a sus visitantes occidentales, y frente a la Isla de los Museos, que alberga la gran colección de antigüedades de la ciudad.

5 p.m.

Oriente sobre el canal

Los martes y los viernes, el Mercado Turco se extiende sobre una franja del Canal Landwehr en Kreuzkölln, un vecindario de rápido aburguesamiento donde el viejo distrito bohemio izquierdista de Kreuzberg se topa con Neukölln, área desde hace mucho poblada por inmigrantes turcos, curdos y árabes. Los residentes bajan los días de mercado, mientras oscuros diseñadores gráficos australianos y matriarcas con pañuelos en la cabeza regatean con hombres que ofrecen sus productos en un estridente dialecto turco-alemán.

7 p.m.

Neue Deutsche Küche

Apenas en los últimos años la cultura culinaria de Berlín se ha puesto a la par de sus otras efusiones creativas. El líder de la tendencia actual es Nobelhart & Schmutzig, inaugurado por el sommelier Billy Wagner que anteriormente dirigió el Rutz Wine Bar, sitio galardonado con estrellas Michelin. Los clientes ocupan los 26 asientos de la barra que envuelve una elegante cocina abierta, donde el personal prepara un menú fijo de 10 platos de nueva cocina alemana con toques nórdicos. Sorprendentemente, los deliciosos platos (como la trucha cruda rellena con migas de pan cocidas a fuego lento en mantequilla quemada o la sopa de apio, vertida sobre jalea de grasa de cordero y chícharos verdes) desarraigan toda noción de cerdo y sauerkraut. Reservaciones esenciales.

10 p.m.

Tragos Beau Monde

Tómese una copa exótica del estribo en Le Croco Bleu, un coqueto bar de cocteles que abrió en 2013 en la cavernosa ex sala de máquinas del edificio del siglo XIX de la cervecería Bötzow Brewery, en Prenzlauer Berg. Siendo el emprendimiento más reciente de Gregor Scholl, el hombre detrás de Rum Trader, un bar de culto del Westend, Le Croco se siente como un cuarto de maravillas postindustrial: candelabros con gotas de cristal, cañerías expuestas, maquinaria en desuso, animales disecados y vitrinas de vidrio con licores añejados. Pero los cocteles son el atractivo principal. Mezclados con precisión alquímica, la selección que cambia cada mes exhibe raras extravagancias como el Príncipe de Gales, embriagadora mezcla de coñac Pierre Ferrand 1840, Curaçao seco de naranja, DOM Benedictine y champaña.

Berlín
1
SÁBADO

10 a.m.

Tiempos modernos

¿Qué ciudad experimentó el siglo XX con más ferocidad que Berlín? Vea esa historia reflejada en dos colecciones de arte manifiestamente distintas. Reinaugurada en 2015, la reformada galería pública Berlinische Galerie cobija obras de artistas del siglo XX de los movimientos Secesión de Berlín, expresionista, dadaísta y Nuevo Objetivismo: el evocador retrato al óleo de la era de Weimar de Otto Dix, las prostitutas y autómatas a pluma de George Grosz y los radicales fotomontajes de Hannah Höch, entre otras joyas. Después, si ha podido abrirse un lugar en la lista de espera que puede llegar a ser de un mes, adelántese a la década de 1990 y más allá con una visita a Sammlung Boros, impactante colección privada situada en un ex búnker nazi que incluye vívidas instalaciones de Olafur Eliasson y Ai Weiwei, retratos íntimos del fotógrafo Wolfgang Tillmans de club kids (y Kate Moss) y obras del artista conceptual galés Cerith Wyn Evans.

2 p.m.

Mucho ingenio

Un grupo de ambiciosos jardineros se adueñó en 2009 de un lote vacío de Kreuzberg y comenzó a transformarlo en una empresa agrícola social urbana (Prinzessinnengarten), que actualmente es uno de los espacios verdes más encantadores de la ciudad. Camas de composta rebosan de plantas y verduras orgánicas. Hay un restaurante-café de madera en el jardín, un centro de reciclado y espacios para talleres y eventos comunitarios, como una colaboración reciente con una organización para refugiados cuyas protestas contra la política alemana de asilo han puesto el tema bajo la mirada pública.

9 p.m.

Fama sobre el Spree

Fame, un restaurante ubicado dentro de un reacondicionado edificio de almacenes ferroviarios que sobresale sobre el Spree, es la empresa más reciente de la colectividad detrás del tecno club Bar25, que en la década del 2000 ancló el paisaje nocturno. Bar25 fue cerrado como parte del controvertido proyecto Mediaspree, iniciativa de la ciudad para desarrollar propiedades que alguna vez formaron parte de la “franja de la muerte”, entre Berlín Oriental y Occidental. El grupo recuperó el lugar quitándoselo a los desarrolladores y abrió Fame en mayo pasado.

Berlín
1
DOMINGO

10 a.m.

Honre a sus mayores

Quizás carezcan de la grandeza de las colecciones de viejos maestros de otras ciudades, pero las pinturas medievales y renacentistas europeas de Gemäldegalerie deben ser de las más atractivas del mundo. Organizada geográfica y cronológicamente, la colección incluye obras de Caravaggio, Rubens y Rafael, pero la mitad oriental del museo que cobija obras alemanas, neerlandesas y flamencas de entre los siglos XIII y XVII es la que lo dejará sin aliento. Bellezas impenetrables contemplan desde obras religiosas de Lucas Cranach el Viejo. La mirada de reojo de un mercader hanseático parece aventajar a sus detractores durante cinco siglos en un retrato de Hans Holbein el Joven, y las espeluznantes doncellas neerlandesas y demonios de Petrus Christus evocan a Bach, al heavy metal y Alexander McQueen.

Medio día

Bangkok en Berlín

Un gigantesco mercado de comida del sureste asiático conocido como Parque Tailandés se despliega todos los domingos al aire libre en el aletargado distrito occidental de Wilmersdorf, frente al frondoso Parque Prusiano. Mujeres tailandesas saltean en platos calientes, sirven cremoso té de Ceilán color calabaza sobre hielo machacado y se amontonan en torno a enormes tazones de madera batiendo picante ensalada de papaya.

2 p.m.

Por tierra y aire

En una ciudad famosa por su uso heterodoxo del espacio público, dos reacondicionamientos recientes siguen sorprendiendo. Tempelhofer Feld, sitio del megalítico aeropuerto nazi agujereado por balas desde donde militares estadounidenses alguna vez transportaron productos por aire a Berlín Occidental durante el bloqueo soviético, ahora es un parque. En el verano se transforma en una escapada deportiva teutónica donde los locales participan de actividades de existencia insospechada. Después, para una experiencia tipo Narnia, tome un ascensor hasta arriba del estacionamiento de un centro comercial de Neukölln.

Berlín
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