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Se internan en México por $25, sin agentes ni preguntas

Pero el verdadero negocio son las lanchas, las que más usan los centroamericanos para llegar. Los que llevan el negocio son todos guatemaltecos y cobran 10 quetzales por persona, 25 pesos mexicanos.
Mariana León 
01 febrero 2017 22:28 Última actualización 02 febrero 2017 5:0
Un "lanchero" transporta a un grupo de migrantes.

Un "lanchero" transporta a un grupo de migrantes.

CIUDAD DE MÉXICO.- Un hombre camina entre las cantinas de la última calle de Guatemala, llega a la orilla del río, se arremanga los pantalones y se quita los zapatos. Se acomoda su pesada mochila y está listo para cruzar de Guatemala a México por el río Suchiate, a pie y sin que nadie le pregunte o le revise qué lleva.

En época de sequía y si a uno no le importa caminar con el agua encima de la rodilla, puede estar en México en 10 minutos. Desde abajo, entre el agua, se puede ver el puente fronterizo donde las autoridades mexicanas vigilan la frontera.

Pero el verdadero negocio son las lanchas, las que más usan los centroamericanos para llegar. Los que llevan el negocio son todos guatemaltecos y cobran 10 quetzales por persona, 25 pesos mexicanos.

Subido sobre dos cámaras de llanta y unas vigas de madera, el “lanchero” flota apoyándose en un largo remo y avanza. “Lo difícil es cuando suben las aguas, entonces sí hay que saberle”, cuenta uno de ellos. A veces, es el mismo lanchero quien tiene que ayudar a bajar las pesadas cargas que transporta y que la gente lleva hasta la orilla en triciclos que hacen las veces de taxis en Guatemala.

Se ve de todo. Los habitantes aprovechan para comprar cosas del lado mexicano sin tener que pagarle a la aduana: una lavadora, cajas de loza, refrescos, aceite, costales de arroz y harina, ropa…Cientos de cajas que flotan todos los días.

En Tecún Umán hay otro tipo de seguridad. La primera casa que se ve después de salir del embarcadero, enrejada y de color azul, está vigilada por 15 hombres armados, que llevan un par de radios. Adentro se escucha música y se pueden ver camionetas con los vidrios polarizados. Los hombres armados no se mueven de sus puestos y sólo miran a quienes caminan hacia el centro del pueblo.

Los triciclos cuestan más que en el lado mexicano. Dicen que en Guatemala tienen que pagar “cuotas” para mantenerlos “protegidos”. Si reciben a la gente que pasa legal por el puente, aumentan su precio.

Del lado mexicano, en Ciudad Hidalgo, no hay protección, sólo un muro que divide al embarcadero con la leyenda “Bienvenidos al Paso del Coyote. Por favor use las gradas”. Así, los lancheros reciben a sus clientes.

Los migrantes sin pasaporte y sin identificación, prefieren pasar hacia México de noche por este tramo, porque aunque el cruce es fácil le temen a los retenes en la carretera que lleva a Tapachula, porque si los encuentran autoridades migratorias los deportan.

Luis García Villagrán, defensor de migrantes y quien lleva el Centro de Dignificación Humana en Tapachula, califica a la política migratoria como “esquizofrénica”. Asegura que México ha hecho una persecución de los indocumentados y viola sus derechos humanos.

-¿No parece una contradicción, que sea tan fácil cruzar la frontera y después se persiga a los migrantes?, se le pregunta.

“Es una política esquizofrénica, porque dicen una cosa y hacen otra. Aquí opera la inteligencia de Estados Unidos. Le han dejado a México la parte más sucia del fenómeno”.