'Queremos llegar a EU, no quitar trabajo a los mexicanos'
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'Queremos llegar a EU, no quitar trabajo a los mexicanos'

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'Queremos llegar a EU, no quitar trabajo a los mexicanos'

'Nosotros no queremos quitarle el trabajo a los mexicanos, sabemos que están igual que nosotros', declaró Iván Quintanilla, uno de los migrantes que busca llegar a EU.

Anabel Clemente
05/11/2018
Migrantes centroamericanos instalados en el estadio Jesús Martínez 'Palillo' en la deportiva Magdalena Mixhuca.
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Iván Quintanilla y Juan Álvarez, un técnico electricista y un administrador de empresas, son primos, viajan juntos desde Honduras y con apenas mil 200 pesos, tienen la firme convicción de llegar a Estados Unidos.

“Nosotros no queremos quitarle el trabajo a los mexicanos, sabemos que están igual que nosotros. El objetivo es llegar a Estados Unidos, sólo queremos trabajo para mandarlo a nuestras familias”, asegura Quintanilla a El Financiero, quien con su primo espera sentado, frente a Ciudad Deportiva, una bolsa con un desodorante y un rastrillo.

Ambos coinciden en que se sumaron a la caravana porque no tenían nada que perder, en Honduras no hay trabajo, afirman. Y saben que México no es opción, no piensan ni regresar a su país ni quedarse aquí.

“Salimos con mil 500 lempiras (mil 241 pesos mexicanos) entre los dos, los juntamos y hemos evitado gastarlo, para al menos llegar a Tijuana con algo”, agregó.

En contraste, hay quienes buscan asentarse en la capital del país, como Ever Hernández, un hondureño que viaja con su esposa y sus dos hijos pequeños, quienes han tenido que caminar por horas “sin quejarse del cansancio o el dolor de pies”.

El hombre de 32 años confiesa que considera dejar de avanzar a Estados Unidos para buscar trabajo y vivienda en la Ciudad de México.

“Hay mucha pobreza, mucha delincuencia en nuestro país, estamos buscando una mejor vida para nuestros hijos. Allá no tenemos cómo sacarlos adelante. Venimos con la posibilidad de quedarnos en México un tiempo para darles una educación a nuestros hijos, y si se puede quedarnos más tiempo”, confiesa.

Él era transportista en Tegucigalpa, pero el salario que recibía no le alcanzaba para cubrir las necesidades de su familia, asegura.

Mientras Ever conversa, su hijo Jeremías sostiene un barquillo y un bombón, sin perder la vista de su padre, quien lo mira y asegura: “amo a mi esposa, a mis hijos y la decisión que tomamos fue en familia”.