Pancartas y gritos, ahora en manos de la oposición panista
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Pancartas y gritos, ahora en manos de la oposición panista

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Pancartas y gritos, ahora en manos de la oposición panista

El primer día de AMLO como mandatario transcurrió entre pancartas en contra de Maduro, gritos de "¡fuera!" al presidente saliente y frases emotivas por parte de sus seguidores.

Mariana León Víctor Chávez
02/12/2018
Protesta en la Cámara de Diputados por la presencia del presidente venezolano, Nicolás Maduro.
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La amenaza era latente. Los panistas velaban armas desde muy temprano. Las mantas y las pancartas azules contra Nicolás Maduro estaban listas. Sin embargo, la llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador fue tersa, sin incidentes, y con un grito de la mayoritaria de Morena: “¡Pre-si-dente!”, “¡Es un honor estar con Obrador!”

Acompañado de su esposa Beatriz Gutiérrez Müller, descendió de su vehículo y en la puerta principal del Congreso fue recibido por una comitiva de legisladores que lo acompañó hasta el salón de plenos.

Y aunque el presidente venezolano no acudió, los panistas no se aguantaron las ganas y sacaron su manta, con la consigna: “Maduro no eres bienvenido”. La colocaron a un costado del salón de plenos.

Cuando en su discurso López Obrador saludó a los jefes de Estado que acudieron a la ceremonia, mencionó a Maduro. Los panistas brincaron de sus curules para colocarse frente a la tribuna y extendieron su manta azul contra Maduro, lo que el Presidente observó sin inmutarse.

Una diputada de Morena –de la que ni panistas ni priistas ni morenos pudieron registrar su nombre, pero que denominaron Lady Rebozo– se lanzó sobre los blanquiazules para tratar de tapar, sin éxito, la manta y el nombre de Maduro. “¡Dictador!”, fue el grito que retumbó en el salón.

Antes, el presidente saliente Enrique Peña Nieto arribó entre una caravana de camionetas negras y, entre gritos de “¡fuera!”, “¡ratero!” y “¡asesino!” de un grupo de personas que ya lo esperaban frente al Palacio Legislativo.

Caso contrario fue la entrada triunfal del nuevo mandatario, que provocó las caras largas de panistas y priistas. Se les vio callados, sin gritos, mientras López Obrador saludaba a los de Morena.

Una vez en tribuna y con la Banda Presidencial puesta, el nuevo Presidente se fue con todo contra la corrupción del modelo neoliberal, contra el gobierno facilitador de la corrupción. Le reconoció al presidente Peña no intervenir en el proceso electoral, pero, sin decir su nombre, lo consideró parte responsable y central de la corrupción.

Incluso se jactó de que sin corrupción y con un buen manejo de los recursos públicos “habrá energía eléctrica y gas a precios bajos, así como subsidios fiscales para la instalación de fábricas y la creación de empleos; en tres años estará funcionando. ¡Me canso ganso!”, celebró.

De la sonrisa, Peña Nieto pasó a las muecas de enfado. Una y otra vez se removió incómodo en su asiento. No soportó más. Apenas terminó el mensaje se levantó y se fue sin despedirse y por la puerta de atrás.

Antes de las 10:30, cuando López Obrador salió de su casa, cientos de personas intentaron acercarse a la ventanilla del Jetta blanco para saludar al nuevo Presidente.

El auto avanzó lento entre el caos de Tlalpan, resguardado por cámaras de televisión y reporteros.

A la altura de Nativitas, un ciclista se emparejó y consiguió saludar al Presidente, quien –muy a su estilo– llevaba la ventanilla abajo. “¡En ti confiamos!”, dijo el joven pedaleando en su bicicleta.

Cuando el presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, le dio la banda presidencial, el Presidente la vio por algunos segundos. Tal vez pensando en el largo camino para tenerla, tal vez sólo se tomó unos segundos para asegurarse que se la pusiera bien. Cuando uno de los cadetes del Ejército le ayudó a colocársela de manera correcta, detrás de la última fila de diputados, uno de los 10 jóvenes de la ayudantía, dedicado a resguardar la seguridad del Presidente, comenzó a secarse las lágrimas.