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Mujeres y ‘muxes’ ayudan a levantar a Juchitán de los escombros

En esta característica localidad de Oaxaca, las mujeres y las personas de "tercer género" son quienes están ayudando a la reconstrucción tras los daños causados por el sismo.
Redacción
12 septiembre 2017 19:46 Última actualización 12 septiembre 2017 20:50
Empezar desde cero

El sismo causó estragos en Juchitán, conocido por su arraigado feminismo, los vestidos de tehuana, y por los muxe, como Peregrina Vera, quienes nacieron hombres, pero se identifican y visten como mujeres. (Reuters)

CIUDAD DE MÉXICO .- La destrucción causada en México por el mayor sismo en más de ocho décadas ha llamado la atención sobre la tradición matriarcal indígena en la ciudad más afectada por el terremoto, donde las mujeres y un "tercer género" han liderado la movilización tras el desastre.

Juchitán, en la región del Istmo y a unos 600 kilómetros al sureste de la Ciudad de México, se llevó la peor parte del sismo magnitud 8.2 que destruyó miles de viviendas en la ciudad en cuestión de segundos y cobró 98 vidas en todo el país.

En un evidente contraste con la sociedad mexicana dominada por los hombres, viajeros han notado, desde al menos el siglo XIX, la relativa igualdad entre las mujeres y hombres en Juchitán, así como la relevancia de los "muxes", zapotecas nacidos hombres, pero en los que se mezcla una identidad homosexual y de mujer y que son reconocidos localmente como un tercer género.

Los habitantes locales dicen que hay un muxe en cada familia juchiteca. Son muy aceptados pese a la herencia católica y son conocidos por su dedicación a la familia, especialmente por cuidar de sus madres cuando los hermanos se han ido de casa.

Después de que la tierra se sacudió violentamente poco antes de la medianoche del jueves, mujeres, muxes y hombres entraron en acción en muchos casos removiendo los escombros con sus propias manos.

AVANZAR PASO A PASO CON LA TITÁNICA LABOR

"Saliendo de casa cargué a mi mamá. La saqué; luego, yo con mi hermano fuimos a sacar a mi tía, mi tía se quedó encerrada", dijo Peregrina Vera, un muxe de 26 años, creadora de caprichosas decoraciones para festivales y celebraciones que se realizan a lo largo del calendario cultural de Juchitán. Muchas de sus obras ahora están enterradas bajo los escombros.

“Empezó a temblar despacio, despacio y nosotros pensando que era eso y ya”, relató Vera. Entonces comenzó el estruendo, la oscuridad. “La gente gritando. Toda la gente llorando”.

Después ayudó a quitar escombros para liberar a su abuela, Faustina, que gritaba pidiendo ayuda, dijo Vera, sentada en un patio junto a las paredes colapsadas de su casa.

Vera ya asistió a tres funerales en los cuatro días después del terremoto, dos de ellos fueron de amigos que fallecieron al derrumbarse edificios y el más reciente, de un vecino, Hermilio Martínez, quien aparentemente sufrió un infarto un día después del temblor, mientras la ciudad de Juchitán se estremecía una y otra vez con las aterradoras réplicas.

Siguió al cortejo fúnebre durante kilómetro y medio, hasta un cementerio en donde las ramas y hojas de palma cubrían temporalmente las tumbas, un lugar con demasiada actividad en los últimos días.

Después del funeral, Vera fue a visitar a otros amigos muxe. Intercambiaron historias sobre quién había recibido víveres o podía prestar algo de ropa. Vera se quejó de que se suponía que la ayuda del gobierno era de una despensa por casa, pero había algunas familias que abusaban del sistema y tenían a varios miembros en la fila para recibir ayuda.

A lo largo de toda la ciudad, de unos 100 mil habitantes, residentes como Vera intentaban mantener la calma y avanzar paso a paso con la titánica labor de reconstruir sus vidas que, repentinamente, se desmoronaron.

“La mayoría perdieron su patrimonio, su casa, otros la casa está todavía en pie pero ya es inhabitable”, dijo Felina Santiago Valdivieso, quien es miembro activo de la comunidad muxe. Muchos no tienen ingresos debido a que se dañó su lugar de trabajo. “Va a ser mucho tiempo en recuperarnos y a ver de qué manera podemos ayudarnos y poder levantarnos”.

Este lunes, tras la llegada de la maquinaria pesada para despejar los escombros, Vera se enteró que su abuela, Faustina, había sido transferida a un tercer centro médico — éste ubicado a una hora de distancia — y posteriormente sería trasladada vía aérea a otro hospital para operarla de la espalda. Faustina sufrió fractura en tres costillas y otras complicaciones.

Además, tuvo que ingeniárselas este lunes. Su guardarropa yacía bajo ladrillos de adobe y tejas de barro. Encontró unos pantalones de mezclilla ajustados, una blusa escotada con estampado de flores y unas sandalias muy desgastadas. Un clip verde en su moño con los colores de la bandera mexicana sostenía su cabello marrón y se colgó un bolso sobre el pecho.

Tuvo que pedir prestado un delineador para sus ojos.

Vera perdió ocho preciosos vestidos bordados a mano -ejemplos de la más reconocida de las artesanías zapotecas- que había heredado de su abuela. En su teléfono celular observó las fotografías en las que los llevaba puestos y prometió restaurarlos.

“Son originales”, se lamentó. “Nunca vas a encontrar (otros iguales).”
Dos hombres recaudaron donaciones de parte de la comunidad LGBT de Oaxaca en la casa de un amigo, con un automóvil lleno de despensas. Vera recibió una llamada para recoger bolsas de frijoles, pasta, harina, azúcar y otros productos.

Muxes de todo el país, incluso de la Ciudad de México y Veracruz, viajaron a Juchitán para ayudar.

De regreso en su dañada casa, Vera recogió del piso de tierra, justo junto al patio, un paquete de brillantes fotografías. Un día antes del terremoto, una mujer fue a visitarla para pedirle que decorara un carro alegórico para un festival en diciembre, y le había pedido ver su trabajo.

Solo por eso las fotografías no estaban en el lugar en el que colapsó el techo. En ellas se ven extravagantes carros alegóricos con las decoraciones de Vera, y a Vera vistiendo de todo, desde los vestidos tradicionales de su abuela hasta un conjunto con flores de chabacano, con el que fue coronada como reina de los muxes en 2014.

Vera espera que aún pueda conservar el encargo, pero corren los rumores de que la ciudad cancelará o pospondrá sus festivales a causa del desastre.

Cuando se le preguntó cómo dará vuelta a la página, respondió: “Es empezar de cero. Empezar otra vez abajo”.

CORAZÓN DE JUCHITÁN

Entre los muchos edificios dañados está el mercado de la ciudad, el más importante en los alrededores y el corazón del poder económico de las mujeres de Juchitán por más de un siglo.

Por los daños del terremoto se ha programado su demolición, una pérdida que es un fuerte golpe para las mujeres juchitecas.

Irma López, vendedora de indumentaria típica indígena, de 44 años, estaba orgullosa de que un 80 por ciento de los vendedores del mercado fueran mujeres, pero eso ahora significa que están particularmente afectadas por la destrucción.

"Pero por eso los que perdieron más somos nosotras", dijo López, parada fuera del mercado mientras caía una ligera lluvia y esperaba a parientes para que la ayudaran a mover las últimas cajas con mercancía.

En un relato de 1859, el viajero e historiador francés Brasseur de Bourbourg describió con agrado el extenso mercado que era dirigido por mujeres fuertes y que sin tapujos "se burlaban abiertamente de sus hombres (...) con una desvergüenza apenas igualada".

Aproximadamente 8 de cada 10 residentes de Juchitán son indígenas, en su mayoría zapotecas. Las mujeres usualmente están también a cargo de las finanzas familiares, dijo Felina Santiago, muxe y dueña de un salón de belleza, en la puerta de su casa gravemente dañada.

"Muchos dicen que Juchitán es el último matriarcado. Es una ciudad de mujeres, de mujeres muy luchadoras, trabajadoras", indicó Santiago.
"Ahora más que nada, vamos a trabajar para levantar", añadió justo cuando una estructura se derrumbó ruidosamente, causando una repentina agitación mientras los vecinos corrían hacia el lugar. Nadie salió lesionado.

HOMBRES QUE LAVAN PATIOS

En un barrio residencial de Juchitán, Margarita López, una trabajadora doméstica de 56 años, estiró la cabeza mientras se encontraba de pie en medio de una multitud de mujeres que esperaba la prometida ayuda gubernamental, que en su mayoría es comida enlatada.

"Sí, contamos con el marido. No le dejamos atrás, pero el valor lo tenemos más nosotras. Tomamos la decisión más que ellos", dijo mientras vecinos asentían.

López habló de cómo es común en la ciudad de alrededor de 100 mil personas que los maridos ayuden en las labores del hogar, como cocinar y lavar los platos, en un país donde tradicionalmente se consideran que son deberes femeninos.
Los hombres ven la división de tareas en la región como "natural", dijo el cirujano Ovidio Pineda. Mujeres y hombres comparten las decisiones y las responsabilidades, agregó.

Martha Toledo, cuyo bar en un edificio de más de 200 años colapsó por el sismo provocando la muerte de tres clientes, dijo que el desastre no aplastaría el espíritu de Juchitán, justo antes de que otra réplica hizo que ella y otros corrieran para ponerse a salvo.

"La mujer es la que destaca acá, tanto en trabajo, en inteligencia; se prepara", dijo Toledo quien vestía un tradicional "huipil" de pie cerca de la pila de escombros que alguna vez fue el bar.

"Habrá que reconstruirse, como el ave Fenix; hay que volver", destacó y luego entonó una canción en lengua zapoteca que en su coro dice: "!Quiero gritar, estoy viva!".

El sismo provocó la muerte de 96 personas en todo México, y causó la mayor parte de los estragos en el corazón de la cultura zapoteca, una región conocida por su arraigado feminismo, los vistosos vestidos de “tehuana” que Frida Kahlo hizo famosos, y por una de las subculturas zapotecas tradicionales más destacadas: los “muxe”, personas que nacieron siendo hombres, pero que se identifican y visten como mujeres y quienes son aceptadas, e incluso reconocidas, por sus contribuciones.

Con información de Reuters y AP