Nacional
CRÓNICA

Lo arropan exlíderes, gobernadores y secretarios de Estado

Enrique Ochoa plantea crear una Comisión Anticorrupción al interior de su partido. Sugiere también cambiar la relación que hay entre el gobierno y partido.
Nayeli Cortés
12 julio 2016 23:23 Última actualización 13 julio 2016 5:0
Aurelio Nuño, de la SEP, José Narro, de Salud, y Mikel Arriola, director del IMSS, ayer en la sede nacional del PRI.(Eladio Ortiz)

Aurelio Nuño, de la SEP, José Narro, de Salud, y Mikel Arriola, director del IMSS, ayer en la sede nacional del PRI.(Eladio Ortiz)

CIUDAD DE MÉXICO.- Enrique Ochoa ingresa al auditorio Plutarco Elías Calles; su “escolta” la integran el secretario de Educación, Aurelio Nuño, el vocero presidencial, Eduardo Sánchez, y el gobernador de Colima, Ignacio Peralta.

Falta menos de una hora para que el exdirector de la CFE se convierta en el presidente priista encargado de conducir la selección del candidato tricolor a Los Pinos.

El secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza, y la canciller Claudia Ruiz Massieu, son los primeros de más de una decena de integrantes del gabinete legal y ampliado en ocupar sus asientos.

Les siguen el secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade, de Salud, José Narro, entre muchos más.

También se apersonan nueve gobernadores (entre ellos, Eruviel Ávila, del Estado de México, y César Duarte, de Chihuahua), cinco mandatarios electos, todos los expresidentes del partido –con excepción de Manlio Fabio Beltrones–, así como diputados y senadores.

En el frente todo es fiesta y abrazos, saludos efusivos; los consejeros de la retaguardia luchan hasta los empujones por conseguir una butaca. Hay un conato de bronca.

El Consejo Político Nacional inicia. El momento de rendir protesta llega. Enrique Ochoa besa a su esposa Greta, se levanta de su asiento y, en su camino, se detiene para fundirse en un abrazo con Alejandro Moreno, el gobernador de Campeche con quien desarrolló parte de su trabajo político.

Dentro de un folder de cuero negro recibe la constancia que lo acredita como líder de su partido. Formalizar el acto apremia, y el presidente recién estrenado deja su nuevo tesoro en manos de César Camacho, el coordinador de los diputados tricolores y quien le dio la oportunidad de convertirse en consejero político, el cargo de dirigencia que permitió a Ochoa cumplir con los requisitos estatutarios para ser presidente del PRI.

Sí protesto”, lanza Ochoa y la emoción de Camacho se desborda en un sonoro “¡bravo!”

Camacho le echa un vistazo rápido a la constancia antes de devolverla y con tres golpes en la mesa le indica al nuevo dirigente que debe levantarla para la foto.

Sigue un discurso que convierte a Enrique en el primer líder priista en saludar a los usuarios de las redes sociales; dura 29 minutos, la mitad dedicados a destacar los logros del presidente Peña Nieto, lo llama “el mayor activo del partido”.

El nombre del llamado “primer priista” provoca casi un minuto de aplausos; en medio de la ovación, nadie nota la caída del fotógrafo del nuevo presidente. Concluye el discurso, los consejeros se desbordan. El PRI estrena presidente.