Nacional

Guatemaltecos sin papeles vuelven gueto un basurero
en Tapachula

Son más de 70 familias guatemaltecas que comenzaron llegando poco a poco hace más de dos décadas. Cruzaron de manera ilegal el río que separa a su país con México, huyendo de la violencia y buscando mejorar económicamente. Encontraron junto a la basura una forma de trabajar, vendiendo cartón, plástico y vidrio. 
Mariana León 
02 febrero 2017 22:55 Última actualización 03 febrero 2017 5:0
Migrantes

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CIUDAD DE MÉXICO.- Cuando la camioneta blanca se adentra por la carretera de polvo y piedras que lleva a la escuela dentro del basurero municipal, más de veinte personas se logran subir en la caja de atrás. El vehículo sigue avanzando por el camino de terracería entre casas que se han construido con material improvisado, otros más piden que los recojan. Todos quieren un aventón para llegar a la cita con el cónsul de Guatemala en Tapachula. Hoy, después de casi veinte años, tendrán un documento de nacionalidad, el primer paso para comenzar su proceso de regularización migratoria.

Son más de 70 familias guatemaltecas que comenzaron llegando poco a poco hace más de dos décadas. Cruzaron de manera ilegal el río que separa a su país con México, huyendo de la violencia y buscando mejorar económicamente. Encontraron junto a la basura una forma de trabajar, vendiendo cartón, plástico y vidrio. Vistiendo y comiendo de lo que otros tiran. Se quedaron aquí. El pueblo fue creciendo.

Hoy todos están arreglados y listos para la foto. Ramón Verdugo, el coordinador del albergue “Todo por ellos”, en Tapachula, hizo el contacto con el cónsul y consiguió que se instalara una oficina móvil justo aquí, cerca del basurero, para que todos pudieran registrarse.

Don Adrián Ramos, su esposa Lucía Ramírez y sus hijos esperan sentados entre la tierra, apoyados en una reja, a que digan su nombre. Tiene 65 años y hace 22 vive aquí. No tiene papeles, ni un estatus migratorio claro. Durante todo este tiempo ha vivido como fantasma, vendiendo cosas que saca de la basura. Aunque nunca ha votado, lleva una gorra que dice “Manuel Velasco, gobernador”. La encontró en la basura. “Nosotros no tenemos documentos, por eso estamos luchando”.

-¿Por qué no había intentado regularizarse antes?, se le pregunta.

-Pues no se había podido, eso cuesta dinero y no tenemos.

Víctor Ramos también creía lo mismo. Llegó hace 20 años y a veces trabaja como jornalero, con sueldos que van de los 50 a los 80 pesos. “No lo había hecho porque cobran como 5 mil pesos. Le estuve preguntado a unos abogados hasta que me dijeron que era gratuita”.

La comunicación con estas familias es difícil, la mayoría no domina el español y aún hablan mam (una variante del maya). Los niños sólo pueden estudiar hasta los 15 años, en la escuela de dos salones, de bancas de madera vieja.

Para Roxana sus estudios ya terminaron. Tiene 15 años y usa el cabello recogido. Está lista para su foto. Se resguarda del sol dentro de uno de los salones de la escuela. Cuenta que no siguió estudiando porque ir más lejos era demasiado gasto, sus papás no podían pagarlo. Sus hermanas Jaqueline y Shakira, de 12 y 9 años, aún estudian.

Jaqueline quiere ser enfermera, piensa que ahora con sus nuevos papeles podrá inscribirse en la preparatoria.

Como las hermanas menores de Roxana, muchos niños no tienen acta de nacimiento, aunque hayan nacido aquí. Han venido al mundo 32 niños en territorio mexicano, pero no hay hospital. La única que lleva el registro es doña Natalia, la partera.

Héctor Sipac, cónsul de Guatemala en Tapachula, dice que las personas de esta comunidad han sido explotadas. Algunas personas se han hecho pasar por empleados y les cobran para hacer sus trámites.

“Intentamos hacer campaña, que se les informe que no cobramos un centavo…pero algunas personas afuera les cobraban por el llenado de formulario hasta 100 pesos... por llenarle un formato que no lleva cinco minutos”, explicó.