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Graue sobre la mariguana: "el alcohol es más dañino"

El rector recuerda que participó en movimientos estudiantiles; a sus casi 65 años de edad apoya la descriminalización de la mariguana. 
Víctor Hugo Michel
10 noviembre 2015 23:45 Última actualización 11 noviembre 2015 5:0
Enrique Graue Wiechers

Luis Enrique Graue, nuevo rector de la UNAM. (Archivo/Mariana León)

CIUDAD DE MÉXICO.- Era el 2 de octubre de 1968 y Luis Enrique Graue, un jovencito de 17 años que traía bajo el brazo La Náusea, de Sartre y La Metamorfosis, de Kafka, eludió la muerte porque un problema familiar le impidió ir al mitin de Tlatelolco. “Pues sí, si hubiera ido estaría muerto”, reflexiona el futuro rector de la UNAM. Ese, –admite– pudo haber sido su destino: terminar como otros estudiantes ese día, asesinado.

En entrevista con El Financiero en la que todavía es su oficina de la Facultad de Medicina, Graue revela un lado poco conocido de su pasado: el del rebelde de juventud, una rebeldía libertaria que aun ahora le marca en temas polémicos. A sus casi 65 años de edad apoya la descriminalización de la mariguana –“es más dañino el alcohol”–, entroniza la ciencia como faro, sostiene que la religión no tiene lugar en la Universidad y respalda el aborto como un derecho irrestricto de la mujer.

En materia ideológica, se define como de centro-izquierda “porque como médico uno no puede ser distinto. Uno que ha vivido el dolor y la pobreza, no puede ver sino por el progreso y la igualdad social”.

Pero primero su adolescencia. Los años combativos que le formaron y le lanzaron hacia la izquierda del espectro político. “Al principio era (contestatario). Participé intensamente (en el movimiento). Yo era secretario de Acción Política de la Sociedad de Alumnos de la prepa Cuatro”, dice. “Estuve asistiendo a las marchas todo mayo, junio, hasta julio, hasta que el movimiento nos rebasó”.

La matanza que vino unos meses después, y de la que escapó por no haber podido ir a Tlatelolco, no le arredró en su activismo. Un año después, en 1969, asumió la presidencia de la Sociedad de Alumnos de la Preparatoria en un contexto de persecución a todo aquello que oliera a estudiante. “Fue un año muy difícil. Mis compañeros y mis queridos amigos de la prepa estaban en la cárcel, en la crujía C (de Lecumberri). Y el mismo Estado tenía mucha vigilancia sobre los cuerpos estudiantiles”, recuerda.

-¿Le espiaron?, se le pregunta.
-No lo sé, responde.

Graue por autodefinición: a la vez frío y apasionado. Optimista y realista. Y siempre pragmático “porque así somos los médicos”. ¿Buen negociador? Dice que también, aunque no le tiembla la mano.
Ese va a ser el nuevo rector de la UNAM.