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Funcionarios de Milwaukee van contra el sheriff ‘cazailegales’

El discurso antimigrante ha echado raíces en los últimos años en Wisconsin. A la par de que Clarke organiza su cruzada personal, el Partido Republicano promueve una ley estatal que busca castigar a las ciudades que se declaren santuario.
Víctor Hugo Michel 
21 marzo 2017 23:9 Última actualización 22 marzo 2017 5:0
respaldo.  Los migrantes son atendidos y apoyados en su tránsito por el INM y por organizaciones de la sociedad civil. (Especial)

Migrantes  (Especial)

MILWAUKEE.-¿Dónde fue la redada? Tranquila. Tranquila. ¡Ya le hablamos a los abogados! ¡No vaya a decir nada hasta que los vea!, recomienda Mario, un migrante guatemalteco. Habla por teléfono con una compañera que, al borde de la histeria, grita que agentes de la migra han entrado a una fábrica de muebles, deteniendo a personas sin papeles.

Mario cuelga el teléfono. “Esto nos está pasando casi todos los días”, resopla, preocupado. Más tarde recibirá otra llamada: la redada no fue tal. Sólo fue una revisión policiaca de rutina. Pero en Wisconsin los nervios están crispados, ante la doble amenaza contra la comunidad migrante: el sheriff David Clarke y Donald Trump.

Este es el rostro de la América migrante desde la victoria de Trump: un manto de temor ha descendido sobre la población latina en Milwaukee, donde los hábitos han cambiado. No sólo es que el alguacil haya decidido perseguir migrantes. El buró de Migración y Control de Aduanas (ICE) está haciendo lo suyo –cazar indocumentados– de manera diligente. Estadísticas del consulado mexicano apuntan: ocho deportados semanalmente.

Los restaurantes y los parques se han vaciado, dice Raúl Varela, un comerciante mexicano. En zonas de fuerte tráfico de migrantes, al sur de Milwaukee, se suceden las tiendas latinas con pocos compradores, como si la recesión nunca hubiera terminado. Y aún falta que entre en vigor la federalización de los alguaciles de Clarke como agentes de la migra. “Hay mucho desconcierto. La gente no quiere salir a las calles”, dice Varela.

El discurso antimigrante ha echado raíces en los últimos años en Wisconsin. A la par de que Clarke organiza su cruzada personal, el Partido Republicano promueve una ley estatal que busca castigar a las ciudades que se declaren santuario.

Pero al mismo tiempo brota la resistencia. Funcionarios locales prometen que pelearán para evitar que Clarke instaure un régimen de terror. “Somos una ciudad santuario y vamos a pelear hasta el final para que así se mantenga”, dijo Marina Dimitrijevic, concejal local. “Milwaukee se construyó sobre la espalda de los migrantes y así seguirá”.