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Francisco regaña a feligresa por jalarlo: ¡No seas egoísta!

Desde las cinco de la mañana miles hicieron fila para entrar al inmueble que hace años dejaron de usar los Monarcas del Morelia. Muy rápido se llenó y aún faltaban muchas horas para su encuentro con el Papa y los michoacanos. 
Héctor Gutiérrez/ Enviado Especial
16 febrero 2016 23:43 Última actualización 17 febrero 2016 5:0
Papa Francisco Morelia

El papa Francisco saludó a algunas personas a su salida de Morelia.  (Especial)

MORELIA.- Llegaron así, sin planear nada. Ni dónde comer ni dónde dormir, nada. La noche se tornaba helada y muchas mujeres lo resintieron, y sus hijos más.

Pero alguien con visión colgó una cartulina en su casa: “Pase a dormir sin frío, 200 pesos, incluye cobijas”. Muchos aprovecharon.

Bastó con que uno de los vecinos lo hiciera y empezara a recibir a sus inquilinos para que varios más también colgaran su cartulina.
Así, el garaje de varias casas se transformó en dormitorio.

Desde las cinco de la mañana miles hicieron fila para entrar al inmueble que hace años dejaron de usar los Monarcas del Morelia. Muy rápido se llenó y aún faltaban muchas horas para su encuentro con el Papa. Hubo cantos, gritos, porras y un grupo de sacerdotes “rockeros” puso a bailar a la multitud, incluidos los cardenales.

En una pausa, el sacerdote-vocalista tomó el micrófono y dijo que son lamentables las muertes de inocentes en el país, “como los 49 de Ayotzinapa (hasta que alguien le aclaró que son 43). Intempestivamente la grey empezó a gritar “uno, dos, tres... hasta 43”.

Luego llegó el expresidente Felipe Calderón y, nuevamente, los frailes comenzaron a gritar hasta que éste subió a la tribuna para saludarlos. Un par de minutos después su esposa, Margarita Zavala, también caminó por aquella pista. Los reporteros se le acercaron a ella y dijo que “la visita del Papa a Michoacán es una caricia a un pueblo tan lastimado por la violencia”.

Otro personaje que se dejó ver es el hijo del exgobernador Fausto Vallejo, Rodrigo Vallejo Mora, El Gerber, quien acudió a la misa papal. De su estancia en prisión por sus presuntos vínculos con La Tuta, sólo queda el amargo recuerdo.

Así, la grey consintió a su guía. Luego todos salieron contentos.

El Papa continuó rumbo a su segunda escala. Esta vez fue a los niños a quienes pidió valorar a sus amigos y no dejarse pisotear, que desarrollaran su creatividad.

La última escala fue el Estadio Morelos. Ahí, miles de jóvenes apapacharon al Papa y él también los apapachó. Cantaron juntos, oraron juntos, se rieron juntos. Francisco se veía contento… hasta que una feligresa lo tomó tan fuerte que provocó que el Pontífice apachurrara a un creyente en silla de ruedas. La insistencia –e imprudencia– de la señora desató el enojo del Papa, quien en tono enérgico, de regaño, le soltó dos veces: “No seas egoísta!”