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En Ixhuatlancillo, los jóvenes se debaten entre drogas y suicidio

En los últimos tres años en Ixhuatlancillo, Veracruz, se han registrado 50 intentos de suicidio de jóvenes y niños esto por las situaciones de pobreza y drogas que viven. 
Ivan Sánchez / Corresponsal
30 diciembre 2015 23:11 Última actualización 31 diciembre 2015 5:0
Teresa García Flores, una de las que luchan en contra de la condena a muerte que sufren los jóvenes del poblado. (Iván Sánchez)

Teresa García Flores, una de las que luchan en contra de la condena a muerte que sufren los jóvenes del poblado. (Iván Sánchez)

VERACRUZ.- Los días de los jóvenes de Ixhuatlancillo en Veracruz pasan entre la muerte y los alucinógenos; la pobreza en la que se han visto inmersos y el abandono de las autoridades no les ha dejado otra salida más que la sustancia que los pobladores llaman droga de los pobres.

Las apacibles nubes que coronan las montañas que rodean el poblado contrastan dramáticamente con los más de 25 suicidios de jóvenes y niños y los casi 50 intentos que han sido contabilizados en la región por una Asociación Civil en los últimos tres años y que de acuerdo con ellos se encuentran directamente relacionados con la inhalación de limpiador de PVC.

Latas en la carretera, latas en la iglesia, latas incluso en los bajos del palacio municipal, no hay ni siquiera que buscarlas; tampoco a los jóvenes que las usan para alucinar y que tal pareciera que saben deben correr ante la presencia de las cámaras fotográficas o de video.

Al recorrer las calles es fácil encontrar esos botes amarrillos de latón vacíos y que para los habitantes son sinónimo de muerte y desesperación, los cuales de acuerdo a varios testimonios, son vendidos a los niños con la plena complicidad del presidente municipal.

“Atrás del palacio municipal, toda la gente sabe que son los que venden el producto y pues el alcalde acá no hace nada, está viendo lo que pasa y no hace nada, los jóvenes se siguen drogando y se siguen muriendo, de hecho son compadres” son casi las primeras palabras que nos reciben en Ixhuatlancillo.

Al llegar al pueblo, después de 10 minutos de carretera y terracería, nos recibe Teresa García Flores, una de las personas que más se ha dedicado a pelear contra la condena a muerte que sufren los jóvenes de Ixhuatlancillo.

Mujer de tez morena y pausada al hablar, viste su robusto cuerpo con ropas bordadas y de vivos colores tradicionales en la herencia náhuatl que se mezcla en sus palabras mientras platicamos.

Ante nosotros saca cientos y cientos de papeles que a ella y su equipo les han llevado años juntar, cada una las notas de prensa sobre los suicidios, cada carta entregada al gobernador, todas veces que han tenido que viajar fuera con la esperanza de encontrar ayuda, están guardados en esos enormes fólderes amarillos que la humedad se ha ido comiendo.

Con sus manos comienza a hojear lentamente los viejos periódicos que dan cuenta de la muerte que ella ha vivido de cerca; vecinos, hijos de amigos, conocidos, ha tenido que acudir a sus funerales luego de que la droga destruyera sus cerebros.

“Comienzan a inhalar PVC niños de 8 o 6 años, 10 años, llegan a los 16 y haga de cuenta que su mente ya no está bien y llega el momento en el que se ahorcan, se han ahorcado” expresa de repente.

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Ixhuatlancillo, Veracuz. (Ivan Sánchez)

JUEGO DE NIÑOS 

Con paso pausado pero decidido Teresa nos guía por todo Ixhuatlancillo, caminamos varios kilometros hasta llegar a la casa de palma de un humilde artesano que se gana la vida tejiendo canastas que busca vender en Orizaba, la ciudad más cercana al pueblo.

En el camino nos encontramos a varios niños que parecen hacer sus vidas solos, cocinan, van a la tienda, arrían animales, todo sin la presencia de un adulto, pues la mayoría se encuentra fuera de pueblo buscando algún tipo de sustento.

Sabino es padre de un joven que se droga desde los 15 años y al que en repetidas ocasiones le ha pedido que deje la mona, sin lograr nada más que llenarse de tristeza y temor de que sus otros hijos o sus nietos también se conviertan en adictos al solvente.

En el piso de tierra reposa enferma su hija mayor, recién parida, tiene un pequeño a su lado que juega con un pedazo de tela que cuelga del techo, su esposo, yerno de Sabino, también inhala PVC diariamente; la droga rodea a cada una de las familias de ese poblado que parece haber quedado en el olvido.

Mientras caminamos recorriendo el pueblo, Hermelinda, una activista y amiga de Teresa, nos platica como su hijo fue enganchado por sus compañeros de quinto año de primaria; al principio el amor de madre le impedía creer que su pequeño pudiera haber caído en el vicio y a pesar de que los rumores en el pueblo corren rápido ella solo se dio cuenta hasta que vio a su vástago inhalando una mona.

“En la primaria en quinto año, ya cuando me di cuenta ya tenía como 13 años y estaba consumiendo, me decía la gente que consumía, que se iba con sus compañeritos a consumir droga, yo trataba, yo no lo veía, pero después vi con mis propios ojos” dice en voz baja.

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Ixhuatlancillo, Veracuz. (Ivan Sánchez)

SIN ARMAS PARA COMBATIR

En las calles del pueblo se puede observar una barda pintada con mensajes contra el consumo de estupefacientes, una fondo blanco con unos dibujos tan mal hechos que parecieran haber sido trazados bajo el influjo de alguna droga, son la única campaña de prevención que existe en Ixhuatlancillo.

Las autoridades del sector salud parecen haberse olvidado de la existencia de este pueblo, llámanos por teléfono al secretario de salud Fernando Benítez Obeso para preguntarle las acciones que estaban tomando para esta situación, sin embargo la única respuesta que obtuvimos fue un simple no sé.

La casi media centena de jóvenes que han intentado quitarse a vida no han recibido ningún tipo de apoyo psicológico ni tampoco los niños que se encuentran enganchados a los estupefacientes ante la mirada desesperada de sus padres

Al pasar por los alrededores del palacio municipal un par de jóvenes nos comienzan a seguir, aparentan pasear por el pueblo pero constantemente realizan llamadas por celular y vigilan cada uno de nuestros movimientos.

Como pasa con los grandes carteles del narco, aquí también halconean, la droga de los pobres tiene su propio sistema de autoprotección y no parece gustarle la presencia de reporteros en la zona o quizás les moleste el actuar de quienes pretenden combatir la drogadicción que se ha vuelto tan lucrativa.

En Ixhuatlancillo no hay centros públicos de rehabilitación y los privados son incosteables para la mayoría de los habitantes de un pueblo cuya economía depende directamente de los artesanos que viajan a otras ciudades a vender sus productos.

HUIR PARA NO MORIR 

Teresa nos cuenta que por ese motivo muchos padres han optado por sacar a sus hijos del pueblo, mandarlos lejos, con familiares, donde la droga y la muerte no los alcancen.

Ella ha sido una de esas personas, su hija mayor comenzó a consumir a temprana edad y prefirió mandarla a Puebla donde pudiera terminar la escuela sin la influencia de sus compañeros que la incitaban a olvidar la realidad por medio del PVC.

No pasó un día en que Teresa no extrañara a su hija, constantemente pensó en traerla de regreso, hasta que por fin se decidió con la esperanza de que la educación que le ha logrado otorgar desde lejos sirva de defensa ante la parca que se pasea impunemente en Ixhuatlancillo.

Otros más han buscado la manera de colocar a sus hijos entre los familiares que habitan en las ciudades cercanas, intentan que se mantengan lejos de ese pueblo/infierno que parece disfrutar devorando almas cada vez más inocentes.

PUEBLO OLVIDADO 

Hace tan solo unos meses una joven fue encontrada en su casa colgada de una viga, sus familiares la bajaron aún con vida y llamaron a la ambulancia. Eran las 10 de la mañana. Justo a la una de la tarde con 30 minutos llegó el equipo de emergencia. Nada pudieron hacer. 1:15 fue la hora de muerte que el forense dictaminó.

Aun cuando Ixhuatlancillo se encuentra a escasos minutos de Orizaba el pueblo parece pertenecer a otra realidad, sus mujeres visten de acuerdo a la tradición indígena y los hombres viajan en caballo o mula hacia sus trabajos.

Mientras que en Orizaba, una de las principales ciudades de Veracruz, se presume un moderno teleférico y un zoológico exótico a las orillas del rio, Ixhuatlancillo debe combatir un mundo de olvido y una condena a la pobreza.

Todos parecen haber elegido dar la espalda al pueblo para no mirar los niños que mueren sin remedio y a los pobladores que únicamente quedan con un vacío en el corazón y la duda de cuál de sus hijos será el siguiente en perderse en la droga de los pobres.

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