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Con amparo realizan corrida de toros en Coahuila

Luego de obtener un amparo judicial, se llevó a cabo la primera corrida después de la aprobación de las reformas a la Ley contra el Maltrato Animal que prohíbe las corridas taurinas en el estado de Coahuila. 
Magdalena Guardiola
28 noviembre 2015 22:39 Última actualización 28 noviembre 2015 22:39
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Toros

Joselito Adame, Diego Silveti y el cuarto heredero de la dinastía Armillita lidiaron seis toros de las ganaderías locales. (Cortesía)

Rosita Alvirez, Agustín Jaime y Silverio Pérez se escucharon de nuevo en la Plaza de Toros Fermín Espinoza Armillita, que para la primera corrida después de la aprobación de las reformas a la Ley contra el Maltrato Animal que prohíbe las corridas taurinas en el estado, se erigió radiante, incluso, soberbia.

Apenas el pasado 30 de agosto poca afición con temor a represalias, había acudido a despedir la Fiesta Brava y en esta corrida, cobijada por un amparo judicial, la Plaza lució casi repleta.

Los sombreros, los puros, las Manolas y la alegría de una fiesta se alzó en protesta a una prohibición que más allá de un bien social o acatar una recomendación de la ONU, fue tomada por una parte de la ciudadanía como un revanchismo político que daba una estocada a quienes viven de este rubro económico.

Joselito Adame, Diego Silveti y el cuarto heredero de la dinastía Armillita lidiaron seis toros de las ganaderías locales, Guadiana y San Isidro; “Amparado”, “Independiente”, el “Tirano” y “Nepotista” llevaban si no dedicatoria, al menos jiribilla, dijo un asistente en el palco de transmisiones.

La banda de Zacatecas, Manuel M. Ponce, amenizó la tarde; con todo y que era una gala escucharla, sus músicos no se salvaron y fueron blanco de reclamos y rechifla sana, cuando la afición consideraba faltaba sonar los pasos dobles.

Silverio Pérez sonó y resonó, tanto que el público exigía variedad, “la buena y la mala, de perdido”, gritaron desde sol; Agustín Jaime gustó, pero no fue digna de gritos de emoción y aplausos como Rosita Alvirez.

Contrario a la novillada de luto, la última después de la estocada legislativa, en esta ocasión no hubo pancartas ni rechiflas de reclamo, ni siquiera los activistas antitaurina acudieron al lugar; botana, bebidas y souvenirs en flujo, daban cuenta de que ahí en los toros, se mueve una economía.

En el ruedo, “Nepotista” y “Tirano” se alebrestaron, apenas habían pisado la arena y tras un par de capotazos saltaron el burladero, los ferministas hubieran estado felices, los que estaban detrás de la barrera, de un salto, terminaron en el ruedo y en las gradas, la afición se amontonaba, buscaba saciarse asombro viendo al toro aterroriza a todos a su paso.

Empresarios y políticos se dieron cita en la Plaza, casi todos de oposición, solo Boreque Martínez, priísta parte del organigrama del comité estatal tricolor se dejó ver en primera fila, la mayoría, era afición; hombres, mujeres, abuelos, muchos jóvenes y niños disfrutaron el espectáculo, aprendían de los expertos.

Con el tercer toro, la tarde cayó y dio paso a una fría noche, pero eso no impidió que la fiesta terminará con la promesa de una lucha incansable por echar abajo “una prohibición basada en el miedo a la alternancia”, dijo Armando Guadiana Tijerina.