Nacional

Argentino quería vivir un simulacro de temblor en la CDMX y terminó amortajando a las víctimas del Rébsamen

En entrevista con El Financiero, el argentino Darío Agüero tenía la curiosidad de saber cómo se vive en México un simulacro de sismo. 
David Saúl Vela
24 septiembre 2017 20:7 Última actualización 24 septiembre 2017 20:7
Argentino

Argentino

El argentino Darío Agüero tenía la curiosidad de saber cómo se vive en México un simulacro de sismo y terminó rotulando y amortajando los cuerpos de los niños fallecidos en el colapsado Colegio Enrique Rébsamen.

“Además de rescatar a algunos menores, terminé con el personal forense, quienes además de enseñarme a identificar cuerpos y amortajarlos, me dejaron la no grata tarea de poner en el dedo gordo del pie la respectiva identificación”, dijo.

En entrevista con El Financiero, este sujeto de 34 años y uno de los miles y miles de voluntarios nacionales y extranjeros que participan en el rescate de víctimas, recuerda que llegó al Colegio Enrique Rébsamen por causalidad.

“Con el temblor, salí rápido del edificio donde vivo, en la colonia Nápoles, y vi pasar a una mujer gritando, estaba asustada, porque la escuela en donde tomaba clases su hijo se había derrumbado.

“Yo la vi tan desesperada que quise ayudarla a trasladarse, pedimos dos veces aventón y tomamos un taxi. Así pudimos llegar y ella se encontró con su hijo que ya había sido evacuada, lo abrazó, lo besó, le dio gracias a Dios”, recordó.

Dijo que la escena lo tocó el corazón, porque desde que venía a México, procedente de su tierra natal, Buenos Aires, Argentina, sus familiares y conocidos le hablaron del peligro que hay en México por el tema de los sismos.

“Yo siempre tuve la curiosidad de ver como se vivía en México el tema de un simulacro, por supuesto sabía del 19 de septiembre, lo emblemático que es la fecha para los mexicanos y quería vivir la experiencia”, agregó.

Ante tal expectativa, la mañana de martes 19 de septiembre se dirigió al WTC Ciudad de México, pues al ser uno de los edificios más grandes pensó que observaría en plenitud el simulacro de ese día.

“No fue lo que esperaba, me sorprendió que ni siquiera se hicieron sonar las alertas sísmicas. Regrese a casa y dos horas después (a las 13:14 horas) sucedió lo del sismo. “No era un simulacro, era un terremoto de verdad”.

Explicó que una vez que ayudó a la mujer a reencontrarse con su hijo, decidió quedarse a ayudar en la escuela.

“Era un verdadero caos, no podría hacer otra cosa que ayudar, en forma permanente casi 28 horas, primero en labores de comunicación, luego en logística y finalmente me quedé con el cuerpo forense”, agregó.

Aseguró que junto con otras personas lograron sacar 17 cuerpos, entre niños y adultos, los cuales se formaron en un área del colegio, se les puso lo mejor presentable posible para su familia, se les identificó, rotuló y amortajó.

“Es algo impresionante, estar con los cuerpecitos de estos chiquitos, tener que lavarles la cara para que a la identificación de sus familiares estuvieran lo mejor presentable posible, poner sus manos sobre el pecho, cerrar sus ojos…

“Y, sobre todo, en mi caso, poner la etiqueta en el dedo gordo del pie de cada una de las víctimas, es algo impresionante, pero algo que hice con la convicción de que era la forma en cómo me podía solidarizar con México, un país, un pueblo al que verdaderamente amo”, concluyó.