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Se cierra cerco para Dilma: su partido admite derrota en juicio político

José Guimaraes, presidente del Partido de los Trabajadores de Brasil, ha reconocido que su partido perderá en el proceso para efectuar un juicio político contra Dilma Rousseff, por lo que aseguró que la lucha continuará en el Senado.
Reuters
17 abril 2016 20:42 Última actualización 17 abril 2016 20:56
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Los brasileños observan en pantallas en las calles el proceso de votación en la Cámara de Diputados de Brasil. (Reuters)

El gobernante Partido de los Trabajadores de Brasil reconoció que perderá en la Cámara de Diputados la votación en la que se busca impulsar un juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff en el Senado, que puede concluir con su destitución, dijo el líder del partido en esa asamblea, José Guimaraes.

"La lucha continúa ahora en el Senado. "Esto es apenas el comienzo; va a ser una guerra lenta y gradual que ganaremos", dijo a reporteros en la Cámara de Diputados.

Los legisladores brasileños que abogan por la salida de la presidenta Dilma Rousseff parecían tener la delantera el domingo por la noche con un amplio margen en la votación para el juicio político de la mandataria y una reducción de un periodo que se extendía hasta 2018.

El líder de la coalición gobernante en la Cámara de Diputados, pronosticó la derrota antes de que se emitieran todos los votos, pero también prometió una dura pelea ahora una vez que continúe el proceso.

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Luego de más de cuatro horas y media de votaciones, el grupo a favor del juicio político tenía una ventaja de 300 a 104. Si 342 de los 513 miembros de la Cámara de Diputados votan a favor, la medida pasaría al Senado para un posible juicio. Si los senadores votan a favor de sostener un juicio, Rousseff sería suspendida y el puesto pasaría a manos del vicepresidente Michel Temer.

Un aliado cercano de la presidenta lamentó que muchos de los colegas de Rousseff la "traicionaron".

"Fue un efecto rebaño, y muchos (legisladores) nos traicionaron. Fue una doble derrota", lamentó el legislador Orlando Silva, del Partido Comunista Brasileño, un partidario cercano de Rousseff.

Luego de más de 40 horas de debate que inició el viernes, los legisladores de la cámara baja del Congreso comenzaron a votar uno a uno la tarde del domingo, la culminación de meses de jaloneos políticos que exhibieron la profunda división política en la nación más grande y la economía más poderosa de Latinoamérica.

El presidente de la cámara, Eduardo Cunha, quien encabeza el movimiento de juicio político, llamó uno a uno a los otros 512 diputados, dándoles tiempo para hablar antes de votar. Luego de cada voto se escucharon aplausos y abucheos, mientras los legisladores veían la pizarra con el conteo de sufragios.


Luiz Carlos Hauly, diputado del Partido de la Social Democracia Brasileña, el principal opositor, dijo que Rousseff tenía que irse.

"En Europa cambian de gobierno cuando no cuenta con la mayoría", afirmó. "El gobierno no la tiene. No tiene los medios para gobernar".

Simone Morgado, miembro del partido Movimiento Demócrata Brasileño, dijo que quienes proponen el juicio político intentan derrocar a una presidenta electa democráticamente.

"Dado que Dilma no cometió ningún delito, como muchos en esta cámara, que no tiene vergüenza, voto que '¡no!''', dijo.

La sesión extraordinaria es la conclusión de meses de pugnas, que prácticamente han paralizado al gobierno y dividido al país, en que los dos bandos intercambiaban acusaciones de "golpistas" y "ladrones".

La presidenta de Brasil afronta el juicio político por las acusaciones de que incumplió las normas fiscales. Sus detractores describen una contabilidad de prestidigitadora que pretendía frenar un descenso de popularidad de su gobierno, en medio de una economía en crisis y con un escándalo de corrupción tan grande que ha golpeado a figuras políticas de todo el espectro político, así como a algunos de los empresarios más ricos del país.

Rousseff niega cualquier mala práctica y afirma que presidentes anteriores han utilizado técnicas de contabilidad similares. Las acusaciones, afirma, forman parte de un "golpe" liderado por la elite tradicional de Brasil para arrebatar el poder al izquierdista Partido de los Trabajadores, que ha gobernado el país durante los últimos 13 años.