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Sandy Hook

01 febrero 2014 10:11 Última actualización 13 diciembre 2013 5:2

   [Ricardo Salinas Pliego / El Financiero]


 
 
 
Mañana se cumple un año desde el trágico evento donde un joven desequilibrado, en un arranque de ira incontrolable, asesinó a sangre fría a veinte niños y a seis adultos en Sandy Hook, una escuela primaria en Newtown, Connecticut. Su madre, quien también pereció, era una entusiasta e irresponsable coleccionista de armas.
 
Ese día, no pude dejar de escribir una pequeña reflexión en mi blog: Asesinar la esperanza. Como padre de tres niños pequeños y tres mayores, simplemente no puedo olvidar ese trágico suceso. Esta masacre sólo fue superada por la que ocurrió en Virginia Tech en 2007.
 
Unos días después de este acontecimiento inconcebible, casi todos los políticos en Estados Unidos manifestaron su indignación y algunos incluso lloraron en público —otros simplemente guardaron un silencio conveniente a la industria armamentista. En ese momento, muchos consideramos que ya habíamos tenido suficiente y que era el momento de abrir un intenso debate sobre el comercio incontrolable de armas. El presidente de Estados Unidos fue a Newtown y prometió tomar medidas severas. Muchos esperamos un cambio.
¿Qué ha pasado? Casi nada
 
Connecticut se convirtió en el tercer estado en endurecer sus leyes sobre armas de fuego: 160 tipos de armas fueron prohibidas, se estableció un límite a la compra de municiones y cargadores y los solicitantes deberán ahora contar con una certificación de salud mental. Aun así, me parece increíble que incluso en Connecticut sean más estrictos los requisitos para manejar un automóvil que para disparar un arma de fuego.
 
El 29 de agosto, el presidente Obama promovió dos iniciativas ejecutivas para controlar el comercio de armas que fracasaron en el Congreso, lo que ya no sorprende a nadie.
 
La triste paradoja es que en octubre se empezó a demoler Sandy Hook, que no es ninguna forma de resolver el problema, sólo de olvidarlo, aunque eventualmente se construirá otra escuela.
 
De acuerdo con datos publicados por The Huffington Post, en los últimos siete años han perdido la vida 934 personas en tiroteos de este tipo en Estados Unidos y según un artículo publicado por Bloomberg, para 2015 las muertes por armas de fuego superarán a las provocadas por accidentes viales —aun con el incremento notable en este tipo de accidentes, causado por “manejar y enviar mensajes”. De hecho, en diez estados esto ya ocurre.
 
Ya he comentado que el comercio incontrolable de armas en Estados Unidos es un problema atroz que no sólo daña a ese país. Por ejemplo, en México la delincuencia organizada nutre su arsenal en armerías ubicadas cerca de la frontera y la violencia que provocan se expande hasta Centroamérica y ningún político, ni siquiera el presidente de Estados Unidos, se atreve a desafiar a la poderosa Asociación Nacional del Rifle y a los practicantes del culto a las armas. Es una situación desastrosa que afecta a millones de personas a través de todo el continente. Ahora esperamos que los políticos no lloren y que actúen con valentía.
 
A un año de la masacre en Sandy Hook, mis pensamientos están con los niños y sus familias.