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Quitarse el traje contra Ébola, una tarea de 30 minutos

Los médicos que están al frente de las acciones para controlar la peor epidemia de Ébola de la historia cuentan con trajes especiales dentro de los cuales la temperatura alcanza 46 grados Celsius.
Bloomberg
28 septiembre 2014 9:37 Última actualización 28 septiembre 2014 9:37
Personal médico con trajes especiales se prepara para recoger un cuerpo abandonado con sígnos de ébola en el mercado de Dwala, en Monrobia. (Foto: Reuters)

Personal médico con trajes especiales se prepara para recoger un cuerpo abandonado con sígnos de ébola en el mercado de Dwala, en Monrobia. (Foto: Reuters)

Dentro de los trajes protectores de ocho piezas utilizados por los médicos en el frente del brote de Ébola, la temperatura alcanza los 46 grados Celsius. Uno de los momentos más peligrosos del trabajo es, no obstante, completar los 12 pasos que requiere quitarse el traje, tarea que puede llevar 30 minutos.

En un campo en barbecho detrás de un depósito logístico en Bruselas, Médicos Sin Fronteras dirige un campo de adiestramiento para personal médico que irá a los puntos neurálgicos del Ébola en África Occidental. Después de una jornada entera de instrucción en el aula sobre todos los temas, desde la preparación de soluciones de cloro hasta cómo enterrar sin riesgo a los muertos, 12 participantes se reúnen en una carpa que simula un centro de tratamiento de emergencia.

Están aquí para aprender que si usan anteojos, necesitan un spray para evitar que se empañen con una humedad de 90 por ciento. No puede quedar expuesto ni un centímetro de piel, y la capucha protectora debe cubrir las cejas. Deben respirar y moverse lentamente para poder lidiar con el calor sofocante. Se les aconseja llevar montones de medias de más ya que se empapan con el sudor, y las medias húmedas pueden provocar ampollas.


“Los primeros 15 minutos simplemente tuve calor”, dijo Douglas Lyon, médico y epidemiólogo de Portland, Oregón, que se dirige a Sierra Leona. “Después, tenía calor y me dolía terriblemente la cabeza. Cada inhalación era una mezcla de una pizca de alivio fresco y una sensación de ahogo. El aliento que espiraba era caliente, caluroso y húmedo como el resto del cuerpo”.

TRABAJADOR INFECTADO

En el actual brote de Ébola, el peor hasta ahora, al menos 300 trabajadores de la salud se infectaron y alrededor de la mitad han muerto, lo cual pone de relieve la necesidad de equipos protectores y una capacitación adecuada para usarlos y quitárselos. Médicos Sin Fronteras nunca había tenido un caso de infección de Ébola entre sus trabajadores internacionales hasta la semana pasada, cuando el grupo de ayuda sin fines de lucro dijo que un francés integrante del personal tenía la enfermedad. Investigan cómo ocurrió.

Uno de los pasos más riesgosos consiste en quitarse el traje sin tocar el exterior amarillo que puede estar comprometido con sangre u otros fluidos infecciosos. Los participantes en la capacitación, con el sudor deslizándose por sus rostros, se sentían visiblemente frustrados tratando de quitarse las piernas de los pantalones sobre las botas sin emplear las manos. A medida que se quita cada elemento –los primeros dos juegos de guantes, el delantal, las gafas, la capucha, el overol, la máscara, las botas- es necesario lavarse las manos con agua clorada, un paso crucial que resulta fácil pasar por alto.

“Al ponérselo, todo está limpio y si se comete un error, las cosas pueden reajustarse”, dijo Lyon, cuyo trabajo en Médicos Sin Fronteras, comenzó en 1994 en un campamento de refugiados Hutu en Zaire durante una epidemia de cólera. “Pero al quitárselo, no se pueden cometer errores. Aun estando rociados con cloro, siempre existe la posibilidad de que haya quedado algo”.

Para un novicio, el proceso de quitarse el equipo puede llevar 30 minutos. Los médicos repiten esos pasos hasta cuatro veces por día.

“Créase o no, muchos no saben cómo quitarse la ropa protectora de una manera que los mantenga a salvo”, dijo Ian Lipkin, experto en enfermedades infecciosas y respuesta a brotes en la Universidad de Columbia, en Nueva York.