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¿Qué tienen en común Xi Jinping y el Papa Francisco?

Las tareas que tienen por delante estos dos hombres que asumieron su cargo apenas con un día de diferencia en 2013 son sorprendentemente parecidas –y no sólo porque ambos comandan rebaños que superan más de mil millones de personas cada uno.
Bloomberg News
04 abril 2014 18:51 Última actualización 06 abril 2014 5:0
Papa Francisco en audiencia en San Valentín

El Papa Francisco ha ocupado la primera plana de los diarios por decir y hacer cosas antes impensables. (Archivo/Reuters)

PEKIN. Xi Jinping y Jorge Mario Bergoglio parecerían ser enemigos naturales. El presidente chino dirige un gobierno que reprime la libertad religiosa, limita la procreación y tiene antecedentes funestos en materia de derechos humanos. Bergoglio –más conocido como el Papa Francisco- quiere acceder a los numerosos ciudadanos de Xi para difundir las enseñanzas de la Iglesia Católica, desafiar el poder del Partido Comunista sobre el dogma e incluso extenderse hasta Corea del Norte.

Sin embargo, estos líderes mundiales en realidad deberían intercambiar impresiones. Las tareas que tienen por delante estos dos hombres que asumieron su cargo apenas con un día de diferencia en 2013 son sorprendentemente parecidas –y no sólo porque ambos comandan rebaños que superan más de mil millones de personas cada uno, señala Stephan Richter, editor de la revista online Globalist.

“Este es sólo el comienzo de los paralelos asombrosos”, escribe Richter. “El Partido Comunista de China y la Iglesia Católica comparten más que ciertas características de organización, como por ejemplo, el hecho de ser estructuras de poder fuertemente dominadas por hombres. Además, ambos proponen ideologías o sistemas de fe con una reivindicación absolutista. No es una proposición fácil para una época en la que cada vez menos personas se inclinan a adherir a proposiciones tan rígidas”.

Al analizar los difíciles retos que enfrentan Xi y el papa, cabe preguntarse si se trata realmente de lo que Richter denomina “dos pastores, dos revoluciones culturales”. Ambos tienen que realizar una gran limpieza interna para sacudir las rígidas burocracias que comercian más con las fallas éticas y la corrupción de lo que sus predecesores querían admitir.

Ambos están redoblando los esfuerzos por reducir la pobreza. Ambos enfrentan una resistencia fuerte y sombría a sus promesas de reforma. Tanto el Partido Comunista como el Vaticano se ven afectados por la desilusión y la pérdida de legitimidad en la gente. Y, pese a las mejores de las intenciones, es imposible saber si alguno de los dos tendrá éxito.

Ondas expansivas

El Papa Francisco, naturalmente, ha ocupado la primera plana de los diarios por decir y hacer cosas antes impensables. Purgar e investigar a líderes eclesiásticos que anteriormente eran considerados intocables –como los involucrados en el Banco Vaticano- está generando ondas expansivas. Igual que las medidas del pontífice destinadas a atacar los escándalos más grandes de la iglesia. El llamado que hizo a los obispos del mundo entero a realizar una encuesta a los católicos para saber cuál es el conocimiento de las enseñanzas de la iglesia es de por sí un paso revolucionario.

Xi también parece estar tratando de purgar el sistema. Pasó los primeros 12 meses en su cargo solidificando su base de poder. No obstante, al comenzar el segundo año es posible que la pelea se vuelva más dura. La indagación relativa al ex jefe de seguridad Zhou Yongkang y su familia y amigotes –que ganaron activos por un equivalente aproximado de 14 mil 500 millones de dólares- es quizá la mayor investigación por corrupción en la historia moderna. También un ex alto militar, el General Gu Junshan, fue acusado de malversación de fondos estatales y abuso de poder. El general retirado Xu Caihou, ex vicepresidente de la comisión militar en tiempos del ex presidente Hu Jintao, también está siendo investigado por corrupción.

Estas medidas indican que la campaña de Xi contra los sobornos podría ahondarse más de lo que pensaba la oficialidad. Es demasiado pronto, y Xi simplemente podría estar buscando algunos blancos fáciles para apuntalar la confianza en su buena gestión de gobierno –o simplemente desvistiendo a un santo para vestir a otro. Pero no es exagerado decir que todo esto está teniendo un efecto pavoroso en Pekín. Si las purgas continúan, Xi tendría más libertad para convertir en una realidad su gran retórica de cambiar el modelo de crecimiento chino.

Mucho que perder

Después de todo, sacar al gobierno chino de la economía requiere controlar las poderosas empresas estatales y los intereses de la banca clandestina que enriquecen a los miembros del partido. Así como una suerte de mafia dentro de la burocracia de la “Curia Romana” en el Vaticano tiene mucho que perder con la renovación del Papa Francisco, los numerosos millonarios y multimillonarios que ha creado China Inc. enfrentan una inspección incómoda. Xi sabe que si quiere propiciar un verdadero cambio a la larga deberá acabar con las expropiaciones de tierra, el comercio ilícito, el uso de información privilegiada y los métodos poco éticos para ganar dinero que han enturbiado la imagen de Pekín.

Xi también parece entender, como el papa, que necesita llegar a tener una idea más clara de los padecimientos y las preocupaciones de su rebaño. A sus funciones de presidente, jefe militar y secretario general del partido, Xi agregó recientemente la de zar de Internet. Si bien está destinada a acallar el disenso, la medida también se propone evaluar la opinión pública. ¿Cuál es la mayor amenaza a la legitimidad del Partido Comunista –los sobornos, el crecimiento económico en baja, la contaminación, los estilos de vida opulentos de los funcionarios públicos o la política de un solo hijo? Por siniestro que sea, el control obsesivo de los espacios de chateo y los sitios de microblogging proporciona a Xi una ventana al pensamiento de sus ciudadanos.

La gran incógnita es hasta dónde llegarán estos hombres para lograr que organizaciones opacas y excesivamente verticalistas sean más transparentes. En lo que se refiere al Papa Francisco, lo dejo a criterio de los estudiosos del Vaticano, pero me temo que lo que hará Xi en sus 10 años en el cargo tiene un límite. “Generar más apertura es una maniobra peligrosa, no sólo porque provocará la ira de muchos de los que están dentro del sistema”, explica Richter. “También puede convertirse fácilmente en una proverbial caja de Pandora”.

Aun así, es alentador ver que Xi está comenzando a atacar la corrupción oficial que carcome el alma política de China. Y si alguna vez necesita un camarada para meditar sobre algunas cuestiones, tal vez encuentre uno en el más inesperado de los lugares.

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